martes, 31 de diciembre de 2013

Inalcanzable

                                                 ilustración de Juan Sebastián Wilches (CreativosColombianos.com)

Sólo durante una fracción de segundo él levanta la mirada. No puede explicarse por qué lo ha hecho. La mínima posibilidad de cruzarla con la de ella le aterroriza. Quizás es un impulso desbocado por pensar que su mala suerte no puede ser eterna. Pero su confianza dura tanto como un disparo inesperado. Su expresión refleja una  penetrante cuchillada cuando sus ojos y los de ella coinciden. Tiene que hacer algo. Tiene que decidir antes de que su mano aplaste la copa de vino que olvida estar sujetando. Su temblor amenaza con desbaratar cualquier otro plan. Ya es demasiado evidente, pero bajo ningún concepto levantará la mirada de nuevo. Ahí acierta. Demorar unos segundos más esa visión es la mejor alternativa. Quizás la única. Lo de menos en ese momento es verse desnudo, con miles de gotas de sudor río abajo, encharcando las sábanas y suavizando el rojo de la sangre hacia un futuro rosa. Por un momento, le tranquiliza saber que pronto dejará de ver ese dedo gordo. En cuanto quede completamente sumergido por ese charco de líquidos olvidará que a éste le sigue un pie que ya no tiene dueña. Lo peor es que su paz siempre es efímera. Los oídos de sus entrañas no se pueden tapar. No pueden amortiguar los alaridos que rasgan lenta y cruelmente el rincón más cercano y más inalcanzable de este mundo: su corazón. Ni siquiera podrá conservar un trocito. Cada día a esa hora explota de tal manera que en lugar de partirse se licua. Su último pensamiento siempre es para aquel niño. Una vaga imagen que gana forma con el tiempo. Un alma que le impulsó  a convertir aquella escena en un camino al escenario. Una semilla que, como todas, sólo sabe prometer. Y su última respiración le deja por fin tranquilo. Morir cada día allí arriba era la mejor manera que podía haber imaginado de vivir. Lo de menos eran aquellos histéricos y atolondrados aplausos que algún día esperaba aprender a desoír. 

lunes, 30 de diciembre de 2013

Microrrelatos


Este blog también se podría haber llamado Nunca es tarde. Una máxima que gana con los años. Cuanto más tarde se hace, más cierta es.
Ya os avisé que lo de comentar pelis estaba liquidado. Me inquieta más escribir. Léase crear, no comentar. A poder ser guiones para ver. Eso lo sabéis. Pero algo me llamó. Fue la necesidad de vaciar mundos en lo que dura un café. Gérmenes de algo que nunca será o de algo que ya se verá.
Vivimos en la era de la multitarea. Multipistas que albergan crecientes tareas que aprender a manejar a la vez. Lo de aprender va por todos los del siglo pasado. Los demás ya lo llevan en la sangre.
Así que corto pero intenso. Como la vida misma.
Prometo emociones y espero que merezcan opiniones. No esperéis. Escribid. Comentádmelas en el blog, que hace ilusión. Pero hacedlo desde vuestras sensaciones. Dejad la cabecita en el parking y fluid. Los grandes momentos siempre están compuestos de pequeñas grandes sensaciones. Y si las compartimos siempre se amplifican. ¿Es ese el secreto de la gran red?
Aprovecho para desearos a todos un genial 2014. Y para despedir este necesario año, mañana tendréis el primer microrrelato.
Nunca es tarde.

sábado, 12 de octubre de 2013

Ayer ... sí termina

Ayer no termina nunca (2013), Isabel Coixet


Nunca hasta ahora había comentado ninguna peli de esta directora que ha impactado en mí con la misma evolución que ha experimentado el reconocimiento al valor de su filmografía: de más a menos. Nunca había comentado ningun film del que hubiese cubierto su rodaje, como ocurrió en este caso hace justo un año para La Finestra Digital. Y nunca habría imaginado, cuando empecé con el blog hace justo dos años, que ésta, precisamente, sería la última película que comentaría aquí. Así que, mi querida Isabel, ayer sí termina. Por supuesto, todo esto nunca es casualidad, y siempre causalidad (veritat Albert?). En mi próximo post tendréis sorpresas...
La peli es, sin duda, uno de esos ejemplos que a veces ofrece el cine fundiéndose con el teatro. Sólo que en esta ocasión habría funcionado mejor sobre un escenario que sobre una pantalla. Una única localización (prácticamente), dos únicos personajes y mucha puesta en escena dramática.
La Coixet ha querido recuperar ese sello de retratar la intimidad que tan bien le funcionó en sus inicios, pero sin la frescura y espontaneidad con las que se dió a conocer. Tiene la discutible virtud de crear unos diálogos que parece que están funcionando hasta que llegan a una frase en la que aflora su ñoñez. Suele vérsele siempre el plumero buscando expresiones que de tan puestecitas tiñen la situación de saturadamente cinéfila. A eso hay que añadirle el ambicioso y suicida atrevimiento de querer dilatar un diálogo intenso y emotivo durante hora y media. Ese es un reto que me temo está reservado para los más grandes.
Con todo ello, me parece que el resultado no merece las críticas que cosechó. Su fondo es un frío telón de piedra sobre el que se proyecta el pasado de una pareja y sus secuelas, tema infinito sobre el que he comentado varias películas en los últimos meses. Su enfoque es una desgarrada contraposición sobre dos maneras extremas de entender la vida: adoptar el carpe diem vs. aplazarlo sine die. Huelga decir con cual me alineo.
Pero no quiero trivializar con un sentimiento que me produjo la peli, al que contribuyeron las acostumbradas grandes interpretaciones de Javier Cámara y, sobretodo, de una soberbia Candela Peña, una de las mejores actrices españolas sin tener en su curriculum aventuras internacionales (ni falta que le hacen).
Ese sentimiento al que me refiero fue una espontánea sensación relacionada con la manía que todos tenemos de influir en los demás. Para mí, la libertad debe ser aprender a vivir por tu cuenta sin aleccionar y respetando hasta el extremo las decisiones que todos los demás tomamos constantemente. Curiosamente, o mejor dicho causalmente, es como más se acaba influyendo en los demás, con el ejemplo. Uno de los hombres más increíbles que ha pisado este planeta dijo una vez: "Si quieres cambiar este mundo, empieza por cambiarte a ti mismo". Se llamaba Mahatma Gandhi.

PARA: melancólicos que gustan de regocijarse en dramones chico-chica
ABSTENERSE: escapistas de las miserias que provocan los estragos de la crisis (económica y de pareja)

viernes, 27 de septiembre de 2013

Jobs

Jobs (2013), Joshua Michael Stern


Si tuviese que hablar sobre la figura de Steve Jobs tendría que hacer un esfuerzo titánico para sintetizar en el espacio de este comentario las millones de impresiones que se acumulan en mi cabeza. Por contra, aquí de lo que se trata es de compartir mi comentario sobre la película. Aun así, para llegar a ello, me parece imposible evitar el debate sobre su figura por lo que optaré por introducir primero aspectos del personaje que me parecen imprescindibles.
Es evidente que, por muy conocido que fuese nuestro protagonista, a muchísima gente le va a sorprender este biopic, porque desvela muchos aspectos muy poco populares que se suelen reconocer en muchos empresarios y altos cargos de empresas públicas y privadas. Sin embargo, no desvela prácticamente ninguno de los procesos que le llevaron a concebir los productos que cambiaron para siempre la electrónica de consumo a nivel mundial.
No me voy a esconder. Soy un acérrimo defensor suyo, y lo digo tras haberme leido la extensa biografía escrita por Walter Isaacson sobre su vida. Al poco de empezarla estuve a punto de no seguir. Muchísimas de las decisiones que tomó en sus inicios, tanto a nivel personal como profesional, van directamente en contra de mi escala de valores. Pero seguí leyendo. Mi regusto final compensó de largo la negativa sensación inicial.
Intentaré resumirlo. El 100% de lo que hacemos en la vida deja huella. Todo lo negativo que hizo no podrá perdonársele nunca (que le pregunten a su primera hija o a sus socios fundadores). No es factible compensar lo bueno con lo malo a modo de resta: 2 malo + 6 bueno = 4 bueno. No. Pero si no podemos olvidar sus errores, tampoco sería justo hacer lo propio con sus aciertos. Ahí es donde la comparación con otros está descomunalmente descompensada. El mundo en el que vivimos colecciona millones de seres de una calaña muchísimo peor (desde políticos hasta salvajes) sin un sólo gramo de aportaciones como la suya. Pensemos en nosotros mismos: a ver quien arroja la primera piedra...
El film, como decía, puede ser revelador para muchos, pero si nos ceñimos a su factura es más que discreto. Se limita a encadenar hechos, hitos, momentos, encuentros y desencuentros que pretenden definir por agregación quién fue Steve Jobs. Con ello, se olvida de profundizar en aspectos que habrían dado una dimensión mucho más cercana a la medida del personaje. Como única excepción, podríamos encontrar las confesiones que su socio Steve Wozniak le hace en su salida de la empresa.
Es evidente que no era empresa fácil abordar tantísimos aspectos. De hecho, lo primero que me llamó la atención al conocer la existencia del proyecto de hacer una película de su vida fue la imposibilidad de abarcar toda la complejidad del personaje en dos horas. No me equivoqué. Hay capítulos verdaderamente apasionantes en su biografía que aquí no se tocan o por los que se pasa tangencialmente: el origen de su inconformismo y de su comportamiento anárquico, la relación con su primera hija, su enfermedad, los procesos de creación de productos como iTunes, las Apple Stores, el iPhone, la creación de Pixar, o el discurso en la Universidad de Stanford, que contiene las palabras que más me han inspirado en toda mi vida. Pero por encima de todo eso, eché en falta dos aspectos, uno personal y otro más profesional, que encuentro inaudito que no hayan tenido el peso que se merecían en su caracterización. El primero es la profundidad de la herida provocada por el hecho de haber sido entregado en adopción por sus padres biológicos. Nunca lo superó ni lo aceptó, y de ahí nace mucha de la energía que le llevó a rebelarse construyendo un mundo interior blindado que le permitió afrontar retos imposibles pagando un precio altísimo con los que le rodeaban. El segundo fue su compromiso enfermizo con la perfección, que cambió el panorama de una industria billonaria a escala global.
Por último, merece destacarse el espectacular parecido de Ashton Kutcher con el original, que resulta algo mejor que su interpretación.

PARA: conocer superficialmente a uno de los personajes clave de la historia contemporánea
ABSTENERSE: quien lo quiera conocer en toda su dimensión, porque debería leer antes su biografía 

martes, 24 de septiembre de 2013

Rush

Rush (2013), Ron Howard


Seguramente, a todos nos vendrán a la cabeza pelis que recreen hechos pasados con una fiel representación de la supuesta realidad. En esta ocasión nos vamos al mundo de la fórmula 1 de los años 70. Uno ya espera asistir a un film con la espectacularidad de producciones propias de nuestros días, pero lo que sorprende es que parezca partir de imágenes rodadas hace 40 años.
Intentando emular la aceleración de estas máquinas iré de menos a más comentando sus notables y numerosos aciertos.
Como no puede ser de otra manera, la música juega un papel destacado, en este caso a cargo del hiperespecialista en megaproducciones, Hans Zimmer. Es tan identificable su música, que empieza a restarle originalidad a los films donde interviene. No es que sea mala, porque cumple su papel, pero atendiendo sólo a ella uno ya no sabe si está viendo a Batman, al llanero solitario o a Kung fu panda.
El guión también cumple, porque se dedica a seguir un canon infalible en este tipo de biopics: una extrema rivalidad entre dos gallitos. Su mayor mérito es el ritmo. Las escenas fuera de los circuitos no afectan al pulso del conjunto como podría haber ocurrido. También es mérito del texto la presencia de 2 buenos personajes principales, bien balanceados, bien dosificados y bien interpretados.
Al hilo del trabajo de los actores, Daniel Brühl hace probablemente el mejor papel de su carrera, clavando el look y, sobretodo, la voz de Niki Lauda. Tampoco está nada mal Chris Hemsworth dándole la réplica en la piel del guaperas James Hunt.
Vamos acelerando. Palabras mayores el impresionante acierto de su dirección de arte y de sus aspectos técnicos. Durante el visionado se podría confeccionar una innumerable lista de detalles que considero que elevan al film a la categoría de peli de culto. Este director experto en éxitos de taquilla del cine americano más comercial ha tenido la portentosa habilidad de rodearse de un equipo de profesionales verdaderamente deslumbrante. Maquillaje, soberbio. Vestuario, exquisito. Decorados, impecables. Montaje, redondo. Aunque si me he de quedar con un aspecto técnico sería el de la fotografía. Es mucho más que sorprendente cómo consiguen recrear una textura en pantalla y una luz que nos situan en esa época con una fidelidad asombrosa. 
Y para fidelidad, otro aspecto que nos deja helados a los que no tenemos recuerdos de esos escenarios son los inacabables riesgos físicos que corrían tanto los pilotos como el personal que se agolpaba a lado y lado del asfalto en los circuitos. Vaya panda de inconscientes. ¡Pone los pelos de punta!.
Ya a plena aceleración, hay un apartado que pone un acento al film, sin el cual, obviamente, el resultado no sería el mismo. Un aspecto que muchísima gente se perderá si espera a ver la peli en casa: su impresionante sonido. Si no se escucha a toda leche no se vive igual. Pero es que hasta en este punto no han descuidado el detalle de reproducir los enlatados rugidos de los bólidos de esa época, que no tienen nada que ver con los actuales reyes de la velocidad. Insisto en que ningún vecino tendrá en la vida la tolerancia necesaria para respetar los decibélios a los que hay que vivir esta experiencia.
Para acabar, ignoro cuánto se ha fantaseado sobre lo vivido por los dos protagonistas en esta adaptación, pero dispone de suficientes hechos reales como para añadir ese genuino aroma de historia auténtica que nunca tendrá la ficción absoluta. En emotividad no puede alcanzar al inolvidable documental sobre Senna (2010), pero se trata sin duda de un espectáculo de aquellos por los que podemos estar convencidos de que el cine, en sala de cine, nunca morirá.

PARA: aficionados al cine adrenalínico en su versión de mayor calidad
ABSTENERSE: espectadores con marcapasos

lunes, 23 de septiembre de 2013

Cruce de caminos

Cruce de Caminos (2012), Derek Cianfrance


Para reiniciar la temporada de estrenos, tras el repasillo veraniego de pelis del año pasado, mi camino se vuelve a cruzar curiosamente con varios artistas de esas pelis repasadas: con el director de Blue Valentine, con uno de sus actores en dicho film, Ryan Gosling (este tio no para), con Ray Liotta y con Bradley Cooper, al que acababa de ver en El lado bueno de las cosas.
Ya que mencionamos a los actores, no se puede decir que el director tenga mal ojo con ellos porque son un claro valor de la peli. El reparto es destacable: Eva Mendes, Harris Yulin y el que dicen que es el nuevo Leonardo Di Caprio, Dane DeHaan.
En cuanto a su contenido, ya no son nuevas en el cine las historias cruzadas, sin embargo nunca dejan indiferente. La narrativa audiovisual necesita, sin duda, crear recursos narrativos constantemente. Maneras de contarnos historias, maneras de engancharnos, de implicarnos, intentando captar uno de los bienes más preciados y más escurridizos en este hiperconectado siglo 21: nuestra atención.
Tampoco es este film ningun ejercicio desbordante de originalidad. Tres historias narradas de manera cronológica con un único salto temporal, pero importante.
De entrada, gracias a esa estructura, consigue algo nada despreciable: evitar que nuestra atención decaiga una vez conocidos los planteamientos de cada una de las historias. Óbviamente debido al menor tiempo en el que se cuenta cada una, pero también al ritmo narrativo, donde nada es en vano. Se agradece.  ¿Cuantas películas gozan de un buen plantamiento y/o un buen final pero no se aguantan en su desarrollo? Cianfrance ya demostró con Blue Valentine que se preocupa por no perder nuestra atención, en aquel caso con un continuo juego de saltos temporales.
Pero cuando llegamos a la tercera historia el plan se le viene un poco abajo. Sin duda, se trata de la más floja de las tres, cuando debería ser justamente lo contrario. Resulta altamente previsible y en ningún caso posee ni la mitad de adrenalina que las otras dos. No por la falta de acción, sino por la falta de tensión narrativa.
Continua siendo, aun así, un trabajo que confirma a este joven director como una referencia a seguir. Porque sigue un camino que explora el que considero uno de los temas más fascinantes que el cine puede y debe tocar: la condición humana.

PARA: conductores que no evitan carreteras secundarias
ABSTENERSE: conductores secundarios que nunca evitan ir a ritmo de Fast & Furious

martes, 10 de septiembre de 2013

El lado bueno de las cosas

El lado bueno de las cosas (2012), David O.Russell

Una comedia para terminar el repasillo veraniego a pelis que se me escaparon la temporada pasada. Esto de la comedia, incluida la romántica, se ha convertido en una continua vuelta de tuerca buscando situaciones a cual más original. Pero desde que Mr. Billy Wilder nos dejó, encontrar alguna realmente sólida, que no haga aguas por algún rincón, está siendo misión más que imposible.
Lo dicho. El planteamiento, el encauce de su desarrollo y los personajes bien valen la película, como mínimo para pasar un rato agradable. Los problemas, desde un punto de vista más serio (compitió en los Oscars) vienen luego.
La verdad es que, tanto Bradley Cooper como Jennifer Lawrence, consiguen dar a sus personajes un tono que encaja como un guante con la propuesta de la peli. En el caso de él, creo que alcanza el papel más redondo de una carrera llena de films poco pensados para actores, como Resacón en Las Vegas. Se da el caso de que ahora estrena también un drama (Cruce de caminos). Veremos como sigue.
Ella merece un capítulo aparte. No estríctamente por su actuación, sino por su marketing. En absoluto la considero una mala actriz, al contrario. Me encanta en su papel y creo que tiene un mayor potencial de registros, en una carrera bastante nutrida para su edad. Me refiero a que parece ser una de las elegidas por la industria americana para formar parte del star system de los próximos años, atendiendo al Oscar que le dieron. Esos premios tan conocidos como oscuros y arbitrarios, a veces. Chapeau para su entorno.
Por hablar de otra interpretación de la peli, encontramos de nuevo al Robert de Niro del siglo XXI: un exactor (perdóname Bob) que decidió convertir su ocupación en una máquina de ganar pasta con comedias, olvidándose de su reputación. La escena en la que derrama alguna lágrima me parece patética. Aunque quizás no sea suya toda la culpa porque está nefastamente colocada, gracias al guión adaptado que firma el mismo director. No pienso leer el libro para desvelarlo. Eso sí, no llega al punto de manchar un guión con un ritmo más que aceptable, y cargado de ágiles diálogos a todo trapo. También es verdad que me quedo antes con su trabajo como director, con un estilo personal - cámara al hombro como en The Fighter (2010) - y con una buena dirección de actores.
Por lo demás, lo que decía. Una comedia a ratos más que divertida, ocurrente y que me llegó a evocar durante algún segundo al espíritu (sólo eso) de la inolvidable Alguien voló sobre el nido del cuco (1975). Donde todo se cae es en su último tercio. La originalidad deja paso a la previsibilidad que inunda nuestras pantallas, tirando de lugares comunes visitados millones de veces en este subgénero tan popular.

PARA: los que están en nomina de las comedias románticas
ABSTENERSE: admiradores del Bob de Niro que nos impresionaba

jueves, 5 de septiembre de 2013

El último concierto

El ultimo concierto (2012), Yaron Zilberman


Cuando me planteé cómo enfocar este blog tuve una cosa clara: no volverme pretencioso juzgando demasiado las peliculas vistas, midiéndolas demasiado sofisticadamente por su calidad (una valoración imposible de objetivizar en el arte, por otro lado). Por contra, me propuse ceñirme a compartir comentarios sobre las mismas de igual manera que cuando estoy tomando una birra con amigos. Aun así, admito que a veces no lo he conseguido...
¿Por qué suelto ahora este ladrillo? Porque esta peli es perfecta para representar el modo extremo de resumir la opinión sobre un film: me gusta / no me gusta. Me refiero a que en muchas ocasiones tenemos sensaciones difíciles de compartir después de ver una peli que no nos ha impactado, pero que tampoco nos ha horripilado.
Cuando juntamos a actores serios, con un guión mínimamente currado y no hacemos experimentos con la cámara, el resultado es éste: una trama con sus dosis de drama, sobre historias urbanas, humanas y entrecruzadas. Lo hemos visto mil veces, pero si son como ésta se seguirán dejando ver mil veces más.
Obviamente, si le buscamos tres pies al gato se los encontraremos: diálogos muy "puestecitos" con poco subtexto, unas relaciones más conseguidas que otras, un tono más propio de telefilm... En este caso sí que nos acerca al tono de las pelis de fin de semana en TV, y no en el caso que comenté ayer, sobre La caza (2012). En ese sentido no puedo estar más en desacuerdo con algunos críticos que no valoraron su atmósfera uniforme y asfixiante, contra la que aquí nos ocupa, llena de las oscilaciones en el tono que acostumbramos a ver en proyectos para la pequeña pantalla. Otra diferencia es la gestión de los silencios, casi inexistentes en un telefilm, habitualmente cargado de diálogos, que en el caso de La Caza están más dosificados.
Me quedo con las reflexiones que actores cómo Philip Seymour Hoffman o Christopher Walken saben transmitir como pocos. Confío en que aquellos que escriben, dirigen y producen para estos monstruos se guarden todavía muchos más conciertos con los que deleitar nuestros oidos.

PARA: los que gustan de disfrutar con un digno drama de sofá y tele
ABSTENERSE: los q guardan sus visitas al cine para los espectáculos en pantalla grande

miércoles, 4 de septiembre de 2013

La caza

La caza (2012), Thomas Vinterberg


Hay peliculas con más y menos virtudes. En general, a más virtudes mejor la peli. Es decir, podremos suponer que un film que no esté rodado con peripecias técnicas, que no cuente con destacadísimas interpretaciones, y encima con actores desconocidos, que no tenga apenas música y proveniente de Dinamarca nos dará a entender que se trata de una película para minorías. Error. Error mayúsculo.
No será porque lo diga yo, pero partiendo casi exclusivamente de un guión eficaz y eficiente, a cargo del propio director y de Tobias Lindholm, rodado con una sobriedad exquisita, consigue aprisionar tu corazón en un puño durante la práctica totalidad de su metraje. No se ven películas así.
Ya hacía tiempo que me tentaba, porque se ha ido ganando poco a poco, sin prisas, esa fama de peli imprescindible a base de reconocimientos internacionales. La forma más saludable y genuina de ganar buena reputación. Entre otros, el premio al mejor guión en los European Film Awards. También merece reconocimiento el trabajo de Mads Mikkelsen como protagonista, premiado en Cannes, y al que vimos como villano contra James Bond. Aun así, exceptuando un pequeño caso que mencionaré más tarde, decía que las interpretaciones no llaman la atención porque en general el nivel de los actores es discreto, sin olvidar el hecho de que estamos ante el característico registro escandinavo y al probable deseo del director de no exagerar el drama narrado conteniendo a sus actores.
Hoy más que nunca, no contaré nada sobre su argumento. Como únicas referencias destacaré aspectos del mismo que me parecen sobresalientes, sin revelar nada de la historia. Vivimos en una sociedad tan hipersensibilizada hacia determinados temas (probablemente sin falta de razón) que ante señales puntuales carentes de entidad se provocan auténticos tsunamis que pueden arrasar vidas enteras.
¿Que pasa si luego se aclara todo? Que el daño es irreparable. Como insisto en no revelar nada, tomaré como ejemplo otro tema para ilustrarlo: las noticias que se publican sin fundamento. Nunca meten al periodista entre rejas cuando se han causado verdaderos perjuicios a terceros injustamente.
Las reflexiones que provoca el film seguro que daran lugar a extensos debates entre todos aquellos a los que nos afecta la responsabilidad de educar a los niños y, más aun, supervisar sus influencias y/o lo que pueda estar ocurriendo en sus pequeños y opacos mundos. Cosas de las que somos los causantes en el 99% de los casos.
Por último, me parece justo resaltar, además del guión, 3 aspectos. El primero, la interpretación de la niña. Papel muy secundario pero capital y que merece un premio por el trabajo del director o de quien sea con ella para encontrar el punto perfecto para la historia.
El segundo, un plano. El del cartel de la película, con un primer plano del protagonista. Esa simple pero poderosa mirada escenifica un momento clave del desenlace de la peli y la destaco porque me parece un ejemplo inmejorable de porqué un gran guión no son sólo diálogos (como algun amigo me confesaba creer recientemente).
Y el tercero, la escena final. Cuántas cosas dice en pocos segundos, también sin diálogos, y como portentosamente resume las consecuencias de sucesos como el que se narra.
Simple y llanamente, imprescindible.

PARA: cualquiera mínimamente interesado en tomar conciencia de la sociedad en la que vivimos
ABSTENERSE: los cortos de vista que confunden este tipo de calidad con pelis del montón para TV

martes, 3 de septiembre de 2013

Celebrando 100+100=10.000

Ahora que empieza una nueva temporada, celebro con todos vosotros los numeros redondos de este modesto blog que cumple casi 2 añitos: 100 semanas, 100 posts y 10.000 páginas vistas.

Estos números no son más que una gran excusa para repasar los momentos que más he disfrutado compartiéndolos con vosotros:
Por supuesto, tambien hay escritos sobre episodios menos placenteros, como la situacion del sector en este pais, pero no vale la pena hablar ni 1 min de ellos.

Como sólo toca mirar para adelante, espero que opinéis como yo: la temporada q empieza va a estar llena de arranques. La magia de miles de proyectos que tenemos ahí empezará a brotar y lo notaremos por cómo éstos empiezan a vibrar. Dadlo por hecho!!

Pero para acabar, lo mejor es recordar que no hay pasado ni futuro, sólo presente: ¡Carpe diem!
¿Lo practicas de verdad?

;-)
Quim

viernes, 30 de agosto de 2013

Mátalos suavemente

Mátalos suavemente (2012), Andrew Dominik

Siguiendo con el cine negro y siguiendo con la repesca de pelis "perdidas" durante la temporada, llegué a ésta producción marcada con ese acento que tanto les gusta a ellos. No me refiero al idioma sino al apelativo de cine indie 100% american style.
Rollo ambiental obviamente más íntimo que en el de cualquier superproducción del género. Aquí todo el presupuesto se lo deben llevar el casting, que es probablemente lo mejor del film. Oportunidad de oro de volver a disfrutar con el trabajo del malogrado James Gandolfini en un corto papel que parecía querer homenajear a su inmortal interpretación como Toni Soprano. No te olvidaremos Jimmy! Curiosamente (nunca casualmente) aparece tb uno de sus inolvidables rivales en dicha serie, tb con un papel demasiado corto como para llegar a disfrutarlo, Vincent Curatola. En cuanto al resto, se agradece recuperar a Ray Liotta, que es un decir, porque los años le han tratado casi tan mal como a su magullado personaje.
Pero la palma se la lleva el señor Brad Pitt, con quien el director ya trabajó en El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (2007). Hay que reconocer que es un pedazo de actor el tío. En una peli de gangsters, con acción (más bien poca) incluida, se las ingenia para bordar un papel sin mover apenas cuatro músculos de la cara. Uno de esos papeles en los que se puede palpar claramente cómo un actor va adquiriendo madurez. Él sí que actúa suavemente, no como otros que confunden el oficio con coleccionar tics ridículos.
El conjunto no es en absoluto memorable, por mucho que los americanos presuman en festivales como Sundance y demás. Como detalle divertido hay varias imágenes a cámara superlenta que dan a algunas escenas de acción un toque interesante. Y hay un intento en el guión de bañarla con un tinte negro vinculado, no al género, sino a la deprimente situación que vive ese país actualmente en muchísimos barrios suburbanos. Sin embargo, no consigue, en mi opinión, llegar a adherirse a la trama principal como para obtener un producto más cohesionado y redondo.

PARA: seguidores de este gran elenco de actores en su registro "negro"
ABSTENERSE: cualquiera ya cansado de violencia y depresión social

martes, 20 de agosto de 2013

Gangster Squad

Gangster Squad (2013), Ruben Fleischer

Todos lo sabemos. El cine comercial es, por encima de todo, un inmenso negocio global. Aun así, hacemos grandes esfuerzos para que se nos olvide constantemente, porque en caso contrario sería menos placentero disfrutar con él a menudo. Lo triste es que haya películas que se empeñen en recordárnoslo. Como siempre, habrá varias lecturas, y la que yo hago de esta peli aspira a compartir en qué detalles veo eso. También está la lectura de que la gran audiencia del cine comercial lo busca específicamente bajo su particular síndrome de Estocolmo, pero dejaremos eso para otro día.
De entrada, aclaro que el cine negro es probablemente mi género favorito, con lo que mi predisposición era más que buena. Pero, un primer síntoma ya delata que aquí había gato encerrado: no la vi cuando se estrenó. A propósito, no leí crítica ni comentario alguno, pero su nula huella popular le confirió un cierto tufillo sospechoso (aunque eso no sea prueba de nada).
Los ingredientes saltan a la vista: peli con presupuesto, puesta en escena bastante cuidada y un casting de lujo. Como siempre, no entraré en detalles sobre su argumento, pero es inevitable citar dos referentes escandalosos en cuanto sale a la luz su planteamiento: Los intocables de Eliott Ness (1987) y L.A. Confidential (1997). Primer golpe, en la frente. Evidentemente, la copia es imposible que supere o se acerque al original y este caso está a millas de ser la excepción. ¿Dónde están los productores con un mínimo de olfato para reconocer y apostar por guiones genuinos?
Pero lo que me llamó más la atención sobre su falta de autenticidad fue su superficialidad. Y éste es el punto más descarado de todos en los que se le ve el plumero a una producción que aspira a ser sólo fachada para pescar espectadores fáciles o ingenuos.
¿A qué me refiero con lo de superficialidad? A personajes con escasa dimensión, profundidad. Algo que está en las antípodas del cine negro o noir 'come il faut'. Si el género auténtico fuese un plato cocinado a fuego lento, esta peli sería probablemente un estofado con los garbanzos crudos.
Tener a tu disposición a actores como Sean Penn, Josh Brolin o Ryan Gosling y convertirlos en meros tópicos planos tiene un triste mérito. Obviamente, no hace falta ni mencionar la falta de sensibilidad con las actrices Mireille Enos (inmensa en la serie The Killing) y Emma Stone.
Ojo! No es que todo esté a la altura de este desacertado aspecto, pero creo sinceramente que pesa demasiado en el conjunto. Como explica muy bien Miguel Machalsky en "El guión cinematográfico. Un viaje azaroso" una historia es, sobretodo, sus personajes. Sin duda es un objetivo azaroso que algunos productores de este género lo descubran. Lo tenemos negro.

PARA: los que confunden grandes producciones con gran cine
ABSTENERSE: gourmets de este género inconfundible

sábado, 17 de agosto de 2013

El atlas de las nubes

El atlas de las nubes (2012), Tom Tykwer, Andy Wachowski y Lana Wachowski

Faraónica producción de los hermanos Wachowski (ahora hermano y hermana). Suele irles bien a este tipo de pelis el adjetivo de "ambiciosa", así que me centraré en todos los puntos que acostumbran a incluirse en dicho objetivo.
Sin discusión, genera un tipo de trailer que (siempre que te guste el género) provoca los obvios ¡Woow!. Aunque hoy en día eso ya no sea garantía de nada, no podemos olvidar que son los padres de Matrix. De todas maneras, la he visto con cierto recelo, dado que pasó sin pena ni gloria por las taquillas y presuponía que había gato encerrado.
La ambición de su producción tampoco es cuestionable. Innumerables escenarios, derroche digital, vestuario y maquillaje carnavalescos, casting generoso, etc.
Pero cuando un proyecto de este tipo se convierte en verdaderamente ambicioso es cuando aspira a calar en la audiencia. Si se da el caso, el éxito comercial o su consideración de peli de culto son sólo cuestión de tiempo. Evidentemente, no ha calado. ¿Porqué? Mi humilde opinión: un guión no tan complejo como parece puede volverse desesperante gracias a un montaje más que desconcertante.
No me quiero llegar a imaginar lo peludas que habrán sido las sesiones de edición de este mastodóntico proyecto de bastante más de dos horas de duración. Sí queda claro al final el sentido, el desarrollo y el desenlace de las diversas historias paralelas que se narran, pero su histriónica estructura lastra demasiado algo tan sencillo y tan crucial como la involucración del espectador en aquello que le están contando.
Dicho sea de paso, tampoco ese guión ayuda especialmente a conmover conciencias, aunque su mensaje no sea tan pobre. Los que me conocen saben hasta qué punto me he alineado con las corrientes que defienden que tú influyes mucho más de lo que crees en todo lo que te ocurre en tu vida. El problema es que para transmitirlo se opta por una ceremoniosidad y una grandilocuencia tan pomposa (y muy yankee) que sientes que te estan tratando de manera bastante ingenua.
Aun así, a aquellos que disfrutamos con la ciencia ficción, supongo que no nos habrá importado gozar con varios planos, secuencias y detalles muy cuidados (genial la raza humana mezcla de blanca y asiática).

PARA: frikis de la ciencia ficción
ABSTENERSE: cualquiera propenso a marearse en viajes algo movidos

viernes, 16 de agosto de 2013

Blue Valentine

Blue Valentine (2010), Derek Cianfrance


Con la "temporada" de visitas semanales al cine ya finiquitada en julio, repasaré en lo que queda de agosto algunas pelis que se quedaron en el tintero en los últimos meses.
Como las casualidades no existen, debe ser una causalidad que esta época de vacaciones tan frecuentemente incómoda para las parejas me haya llevado a dos pelis consecutivas que tocan el tema. Después de la reciente e inolvidable Antes del anochecer (2013), me he topado ahora con este exitoso caso del cine indie americano que tardó en estrenarse aquí.
Es absolutamente inevitable empezar advirtiendo a cualquiera que no la haya visto que se prepare para una buena dosis de amargura, aspereza, acidez o cualquier otra sensación que no sea sinónimo de una placentera degustación.
Podría repetir aquí párrafos enteros del citado último comentario sobre la peli de Richard Linklater en los que describo su acierto para plasmar los nubarrones que una pareja dificilmente evitará en el devenir de su relación. En este caso, el guión nos reserva un extra de amargura al plantear una estructura que ahonda mucho más en una herida que escocerá a más de una pareja. Este innegable acierto narrativo se apoya sobre la base de ir permanentemente contrastando la época en la que se creó la pareja con aquella en la que se destruye. Mientras asistes a la decadéncia patética de la relación, se te recuerda simultáneamente cómo esa misma unión se gestó a base de lo que todos reconocemos como magia. O al revés: mientras descubres cómo se creó algo prometedor no dejan de plantarte delante de la cara que esa química (casi siempre) caduca.
Y como siempre: si tienes un buen guión sólo te faltan buenos actores para obtener algo redondo.
Impecables Ryan Gosling y Michelle Williams en unos papeles que, a sugerencia del director, prepararon juntos durante una convivencia de un mes en una misma casa.
Cierto es, como sugiere Sergi Sanchez de El Pais, que el guión es más benévolo con él, porque lo presenta de manera más empática que a ella, aunque al final haya un giro que cuestione de golpe ese sentimiento nuestro hacia los personajes.
Insisto en que podrá provocar una sensación incómoda de pesimismo alrededor del mundo de la pareja, pero aquí de lo que se habla es de cine y aquí hay tanto como agua en una poderosa tormenta (ya que estamos) de verano.

PARA: coleccionistas de ángulos desde los que abordar los dramas de pareja
ABSTENERSE: fans de las comedias románticas edulcoradas

lunes, 8 de julio de 2013

Antes del anochecer

Antes del anochecer (2013), Richard Linklater

Podemos considerarnos unos privilegiados los que hayamos evolucionado con esta pareja, compartiendo su misma edad, ilusiones y preocupaciones. Ciertamente, un gustazo de viaje en tiempo real a través de un mundo que ha cambiado mucho más que ellos y que nosotros. Pero lo que me ha sorprendido después de ver la tercera entrega de esta dilatada trilogía es que no me cabe la menor duda de que estamos ante un caso único en la historia del cine. No sólo es la mejor de las 3, sino que su admirable habilidad para diseccionar la complejidad de las relaciones de pareja provoca la sensación de pensar que las dos primeras partes - Antes del amanecer (1995) y Antes del atardecer (2004) - fueron concebidas única y exclusivamente para proporcionarle a ésta una tremenda riqueza y profundidad. La primera sentó los cimientos, la segunda le dio forma y la tercera ha matizado sus millones de detalles. Y los detalles, obviamente, lo son todo. Son lo que nos hace a todos y cada uno de nosotros únicos, aun estando cortados por el mismo patrón. Muchas, muchísimas, son las películas que han abordado este infinito tema de la pareja, pero ninguna alcanzará jamás la perspectiva de la que hemos gozado con ésta. Y ser testigo de eso es un privilegio como la copa de un pino.
Únicamente existe un caso similar, el de Bergman con Secretos de un matrimonio (1973), que fue una teleserie) y Saraband (2003). Pero el enfoque no es exactamente el mismo ni nos toca igual a una generación diferente a aquella. No por ello, dejo de reconocer que, obviamente, Linklater pueda haberse visto más que influenciado por el mestro sueco.
En esta ocasión, sus acertados dialogos y sus impecables interpretaciones se superan. La colaboración de Ethan Hawke y Julie Delpy con el director en la elaboración del guión, al igual que en la segunda entrega, brillan sobremanera y los 3 demuestran que han sabido dar al conjunto un equilibrio y un realismo que muchos autores envidiarán.
No es fácil comentar la peli sin caer en spoilers, así que sirva ésto de aviso a navegantes que la tengan en agenda.
Un acierto más de esta trilogía son los títulos, por su analogía sobre la etapa que revelan en la vida emocional y, sobretodo, sentimental de nuestros dos personajes protagonistas. Preciosa, cruda y a la vez reveladora la escena en la que ambos comparten una puesta de sol. Lo que le sigue es una cruel y demoledoramente realista situación que plantea infinidad de preguntas con tantas respuestas como parejas o, si se prefiere, imposibles de responder.
¿Dónde está el ansiado equilibrio? ¿Abre Celine la caja de los truenos o es Jesse el que se la ha hecho abrir? ¿Debe una pareja pasar de puntillas sobre temas que pueden doler para evitar que puedan pudrir aun asumiendo altos riesgos? ¿Dónde está la frontera del mal conformismo? Si la energía sólo se transforma, ¿donde está la que les unió contra viento y marea?
Capitulo especial para la paradoja de la pareja por excelencia ¿Son los tan deseados hijos el fin de la pareja? ¿Tenemos hijos sólo por un deseo individual cuando es evidente que son tan perjudiciales para la pareja?
Con el paso de los años ¿son magia los momentos de intimidad? ¿o son sólo momentos creados artificialmente para huir de la rutina? Cuando todos los lugares son conocidos, ¿podemos seguir creando magia desde una zona de confort sin la más mínima incertidumbre?
Sea lo que sea, debe ser algo que nos conmueva y, primordialmente, nos mueva. Aun a riesgo de perderlo todo. Ojalá podamos seguir compartiendo sus reflexiones con esta inolvidable pareja de aquí a otros 9 años. Mientras, no nos queda otra que seguir luchando en este terreno lleno de tantas pasiones en el que nunca hay culpables, pero tampoco inocentes.

PARA: cualquiera que decida no vivir solo en este mundo de locos
ABSTENERSE: cualquiera que confunda compartir con imponer 

lunes, 1 de julio de 2013

Un invierno en la playa

Un invierno en la playa (2012), Josh Boone


Uno de los críticos con los que más suelo coincidir, Mikel Zorrilla de Blog de cine, mencionaba el término Crowd pleasers para referirse a la categoría en la que clasificar esta peli. Lo comparto porque no conocía el término y porque me parece muy acertado por lo gráfico que es. Da igual la evolución que el cine vaya experimentando, siempre han existido pelis así y siempre existirán, lo cual no quiere decir que éstas no deban adaptarse mínimamente al tiempo que nos toca vivir. Viéndola me acordé de Elena Serra, profesora, maestra de guión y fan de ese estado de ánimo que a veces buscamos recibir del cine.
Evidentemente, para llegar a buen puerto (o a la playa) hacen falta naves que no sólo floten, sino que naveguen con destreza en el trillado mar del panorama audiovisual. Y eso que por el título seguro que no recibe premios, aunque hay que reconocer que es apropiado para este loco verano. El original era "Writers" y su traducción literal ha sido aquí esta ñoñez. Inexplicablemente, se ha estrenado antes aquí que en Usa, por lo tanto, no habrá dado tiempo a aplicar el título finalmente adoptado en su país de origen "Stuck in love" (Atrapados en el amor).
Esta ópera prima firmada por un auténtico desconocido y joven americano, reúne esos mínimos ingredientes para "pagar" nuestra entrada de cine. Conversaciones entre escritores miembros de una misma familia alrededor de sus bloqueos, para escribir y para vivir.
Por orden de relevancia en este caso, yo me quedo con las interpretaciones y con el guión. Cada uno está fino en su papel. La historia que ambos nos cuentan contiene las suficientes aristas como para que aceptemos entrar en su juego. Todo ello muy a pesar de que la realización que los incluye y su  final soft huelan a un tipo de producto que hemos visto demasiadas veces. Aun no sé si es debido a ello por lo que entramos más facilmente en el conjunto.
En cualquier caso, será una más que correcta elección que satisfará a una gran mayoría de esa crowd, tan necesitada de pleasers.

PARA: los que prefieren un cine con menos retoques digitales y más afectos especiales
ABSTENERSE: los numerosos miembros de esa otra crowd a la caza de las explosiones

miércoles, 26 de junio de 2013

El hombre de acero

El hombre de acero (2013), Zack Snyder

¿Es un blockbuster? ¿Es un fenómeno? No, es Superman. Un superhéroe clásico, el superhéroe, revisado a base de todo aquello en lo que se ha convertido el mundo global más allá del siglo 20: acción, desenfreno, espectáculo de masas, esteroides y pelotazos en taquilla. En dos semanas ya ha duplicado su desmesurado coste, así que entiendo que las críticas se las meterán entre capa y "espalda".
No soy en absoluto el típico machacón de este tipo de ruidosas superproducciones. Sin ir más lejos, me he tragado muy a gusto la trilogía de Batman a cargo de Christopher Nolan, aquí productor. Es más, siempre defenderé que en el cine, como en cualquier arte, nunca puedes ser rotundo acerca de qué estilo te gusta. Si algo es bueno para tí, pues es bueno y punto. Es muy simple. Sin embargo, he repetido asiduamente que lo cortés no quita lo valiente. Traducido: cuando tienes tantísimos medios, ¿no podrías mimar un poco más el guión?
He leido que Superman returns (2006) se estrelló por su falta de más escenas de acción. Ha quedado corregido. Pocos son los rincones del planeta tierra y parte del universo contra los que no se estrella nada en esta última y renovada visión del héroe nº1 de los comics.
Ese renovado planteamiento es uno de sus mayores logros. Las comparaciones con el otro Christopher (Reeve) son absolutamente inevitables. Y es de reconocer que la nueva sale airosa en varios terrenos, empezando por el protagonista. Más que digno Henry Cavill, aunque algo irregular. Por momentos lo compras de cabo a capa, mientras que un segundo después te reconoces raro habiéndolo aceptado. Así, toda la peli. Y con Lois y Amy Adams, ocurre tres cuartos de lo mismo. Quizás el que salga mejor parado sea un imponente general Zod, a cargo de un actor en alza, como Michael Shannon.
Pero, sinceramente, ni me apetece ni me motiva empezar a comparar ambos films en todos los aspectos posibles. Lo que sí quiero subrayar es el que para mí deviene el elemento clave que puede convertir una peli vistosa en un film de referencia, y que en este caso se ha evaporado: la gestón de los tiempos. A rebufo de todos las megaproducciones tipo Los Vengadores (2012), la recién estrenada versión del superhombre no da el más mínimo respiro para que cale en el espectador el nutrido cocktail sembrado durante su arranque y desarrollo: información constante, personajes por los que se pasa de puntillas, escenas a toda leche sin incluso estar justificadas, saltos narrativos, sentimientos de unos y de otros, etc etc etc. Y cuando uno consigue acostumbrarse a ese ambicioso código, todo explota por los aires: literalmente. La segunda parte de la peli es tan atropellada que lo conseguido en una primera mitad, a base de la redefinición de Krypton, del planteamiento de la peli y de la introducción de los personajes, se ve superado por un no parar de adrenalina que en ningún momento permite que nos apropiemos de nada.
Es harto evidente que en el equilibrio está la virtud. Estoy convencido de que ese público jóven que en su mayoría pagará las entradas a nivel mundial no se hubiese ofendido ante un guión más rico en algo tan estimulante y sobrecogedor como los silencios. Como, por ejemplo, los que subrayaban las dudas que atormentaban al joven Clark Kent tras la muerte de su padre en la versión de Richard Donner de 1978. Un vasto prado en pleno atardecer en el que madre e hijo se despiden con una mirada. Dicho de otro modo. Si queremos que la emoción nos invada la primera ocasión en que Superman echa a volar sembrémosla y llenemos ese momento de expectativa. A eso me refiero con la gestión de los tiempos. Pero en lugar de eso, al ritmo que marca este siglo, todos a la carrera porque el tiempo ... vuela.

PARA: hacer interesantes comparaciones con el incomparable
ABSTENERSE: obvios alérgicos a los superhéroes veraniegos

miércoles, 19 de junio de 2013

Trance

Trance (2013), Danny Boyle

Es indudable que el cine atraviesa un momento delicado. El fin de semana pasado fue el de menor afluencia de público en España desde que se recogen cifras de recaudación. Se me ocurren muchos posibles factores, pero hay uno (marginal si queréis) que es oportuno resaltar en este comentario: la creciente dificultad para vernos sorprendidos. Esa triste sensación de que todo está ya inventado, aunque sea afortunadamente falsa, no estimula nuestra curiosidad. El cine es mi pasión, por lo que no es mi caso, pero sí observo esta barrera en el punto de mira de artistas como Danny Boyle. Su cine no puede ser más rico en propuestas, enfoques, estilos y temas. Visto así, esa calculada falta de sello propio merece un reconocimiento en una industria que a buen seguro le habría financiado Slumdog Millionaire 2. Evidentemente, que esta osadía dé siempre sus frutos ya es harina de otro costal.
Siguiendo el hilo de la valentía de su director, su planteamiento al abordar esta peli persigue jugar con las mentes: las de los personajes y, como no, las de los espectadores. Vaya si lo consigue.
En el caso de los primeros, a base de una historia ceñida, casi exclusivamente, al triángulo del cartel, sólo acompañado testimonialmente por otros 3 personajes que no llegan ni a secundarios. Lo que en el brillante prólogo se nos promete como un trepidante thriller de robos al uso, empieza a dar giros que, más que cautivarnos, nos marean a medida que avanza la historia. Podríamos pasar horas discutiendo sobre la solidez o la fragilidad de un guión arriesgado. Sin embargo, existe una red que debe sostenerlo todo y que no es otra que la credibilidad que aportan las relaciones e interpretaciones de sus protagonistas: James McAvoy, Vincent Cassel y Rosario Dawson. Sin llegar a estar en absoluto mal, aunque mejores las masculinas, creo que no emana de ellas la química que haga funcionar al conjunto.
En el caso de los espectadores, ese juego al que me refería puede generar reacciones muy encontradas. ¿Nos gusta que jueguen con nosotros? Yo creo que cuando entendemos por qué y con ello aprendemos cosas la respuesta es sí. De lo contrario se nos queda esa cara de circunstancias que variará mucho dependiendo de cada uno de nosotros.
En resumen, la peli no se pierde, que ya es mucho, porque su desenlace deja clara como el agua la resolución de la historia. Pero el camino por el que nos ha hecho avanzar está plagado de recobecos de muy dudoso disfrute. Este puede ser un ejemplo perfecto de una historia que quizás se habría disfrutado mucho mejor en manos de un clásico como Fred Zinemann. Por contra, el afan por sorprender y por mantener el listón (¿alto?) en esta época de tanta sobreexposición audiovisual provocan estilos en los que se suele abusar del montaje, de la música, de los giros y del impacto visual. El resultado es, a menudo, tan complejo como la propia mente humana.

PARA: los que acuden al cine a compartir su cerebro como en un buffet
ABSTENERSE: los que van al cine a desconectar

martes, 11 de junio de 2013

Turistas

Turistas (2012), Ben Wheatley

Yo nunca he sido un fanático de los británicos como pueblo. Sin embargo, tampoco he dejado de reconocerles que en muchísimas cosas, no en todas (como ellos sugerirían), son realmente auténticos. El subgénero de la comedia negra lleva su sello porque lo bordan como nadie. Sin ánimo de ofender a mis queridos irlandeses, les incluyo en el pack de "las islas", porque la última que vi, El irlandés  (2011) me gustó más y entraría dentro de esta peculiar categoría, aunque sean muy diferentes.
La presente, raya lo que más de uno definiría como una "ida de olla" pasada de vueltas, sin mayor objetivo que desvariar haciendo uso de un humor negro como el carbón. Sin embargo, la peli ofrece más elementos con vida propia, pero que tampoco juegan a darle el relieve que sí tenía la irlandesa.
Por razones que luego destacaré, aunque tampoco tenga por costumbre hacerlo, no entraré en matices sobre su argumento. Lo que sí vale la pena resaltar es que ha llegado a los cines (muy pocos y exclusivamente en VOSE) gracias al tesón de su pareja protagonista, Steve Oram y Alice Lowe, debido a que son además... los guionistas! La historia nació a partir de las conversaciones sobre experiencias de su propio pasado turístico, con los macabros añadidos para sus roles. Papeles que habían interpretado ya antes, sobre un escenario y en un piloto que las conservadoras TVs rechazaron, obviamente.
El personaje que interpreta él es el que posibilita la historia. Pero es el papel de ella el que la enriquece. Gran interpretación la suya, cargada de muchas de las aristas que definen a un tipo de personas desconectadas del mundo en que vivimos en muchos sentidos. En ella cuadra perfectamente ese aire desconsoladamente naif, a la vez que encaja su inverosímil vuelta de tuerca al ir en busca de una explosión de libertad, que sobrepasa y por la que es sobrepasada.
Sin duda, lo peor de la peli no está contenido en ella misma. Me refiero al trailer. Te arruina casi por completo la peli. Por un lado, se entiende, porque las poderosas imágenes que emanan de su planteamiento son tan efectivas que funcionan, y son necesarias para arrastrar a la gente al cine si, además, se estrena en tan pocas salas. Pero por otro, resultan tan explícitamente reveladoras sobre lo que encontraremos que se cargan una parte mayúscula de la experiencia que supone verla. Y eso quizás sea porque la peli, aunque aparente falsa superficialidad, adolece de otros ingredientes (probablemente en los diálogos) que habrían completado un cocktail aun más explosivo.

PARA: simpatizantes con ese característico e inconfundible humor procedente del norte
ABSTENERSE: los que esperan encontrar un sentido literal para todo aquello que ven en una pantalla

15 años y un dia

15 años y un día (2013), Gracia Querejeta
para La finestra digital


Llama la atención la coincidencia en el tema de fondo de las dos últimas ganadoras del festival de Málaga: la rebeldía de los adolescentes. Tema también de actualidad por la reciente estreno de "Fill de Cain". Cuando presenté a 2-3 productoras mi guión de largometraje premiado en Segovia, sobre el mismo tema, la respuesta fue que estos temas dramáticos ahora no tenian cabida en el panorama cinematográfico. Huelgan comentarios rebeldes.
Pero a diferencia de la película del año pasado, Els nens salvatges (2012) de Patricia Ferreira, este drama firmado por Gracia Querejeta se queda lejos de lo que se podría esperar de un film premiado ya bien entrado el siglo XXI.
Con la dificultad que conlleva levantar un largometraje en este país actualmente, y en pleno cierre de salas partes, la película no aporta prácticamente motivos por los que valga firmemente la pena desembolsar el precio de una entrada. Lo primero que sorprende de la propuesta en su conjunto (técnico, artístico y específicamente de guión) es que podríamos estar ante un filme rodado en los años 80.
De entrada, su planteamiento no esconde sorpresas, pues el cine y la televisión nos han ofrecido ya numerosas situaciones comparables (acepto el pulpo que no aceptaba antes). Pero por si esta carencia en el guión no fuera suficiente, la definición y, sobre todo, los diálogos, conceden poco margen de maniobra a unos actores que se convierten en lo más destacable del todo. Maribel Verdú vuelve a trabajar con la directora tras el buen resultado que obtuvo individualmente con "Siete mesas de billar francés", donde ganó el Goya. Tito Valverde aguanta perfectamente el cambio de registro respecto a lo que hemos visto recientemente en él. Paralelamente, también suman los trabajos de secundarias como Belén López y Susi Sánchez.
Después de una primera mitad del todo decepcionante, la película toma un giro que consigue rescatarnos de la tópica y típica estructura inicial. Aunque este giro abre una fase de interrelación más interesante con el espectador, la directora no llega a poder esconder en ningún momento las costuras de un guión lleno de diálogos sobreexplicativos que no dan tregua al conjunto. La mirada de Querejeta no llega a conmover conciencias de ninguno de los públicos que se podría ver afectado por la situación expuesta, que no son pocos. Tocar temas como la cobardía que no nos permite comunicarnos debidamente con nuestros seres queridos, o los prejuicios a los que esto nos lleva, descuidando la labor que se espera de nosotros respecto a nuestros hijos, no es suficiente. El cine (y la vida) ya nos han explicado que ni las lecciones las pueden dar sólo los adultos, ni la desorientación es únicamente atribuible a los adolescentes. Pero si la intención es recordarnos esto, hoy en día disfrutamos en este país de una muy sana y renovada creatividad para escoger nuevas formas de expresarlo audiovisualmente, formas que brillan por su ausencia. Todo lo contrario que el acertado film de Patricia Ferreira.

PARA: fans de actores españoles consolidados
ABSTENERSE: el que tenga ya el cupo lleno de cine español del siglo XX

miércoles, 5 de junio de 2013

360 Juego de destinos

360 Juego de destinos (2011), Fernando Meirelles


Las peliculas corales, con multiples personajes y sin protagonista, son una especie difícil de encontrar en el mundo del cine. Carecer de una trama principal no facilita exactamente las cosas a la hora de convencer sobre su potencial. Deben hacer falta muchas carambolas para que una salga a flote.
Pues ésta es de las que no sólo flota sino que navega impecablemente. Se ha atrevido este reconocido director, autor de éxitos como Ciudad de Dios (2002) o El jardinero fiel (2005), que adapta una novela ni más ni menos que del año 1900.
El guión, del ya curtido Peter Morgan, hilvana exquisitamente numerosas historias personales que giran siempre alrededor de las más estrechas e intimas relaciones con los nuestros. Muchas caras, algunas archiconocidas, entre ellas una de mis musas: Rachel Weisz. Desde el mismísimo inicio una palabra sienta las bases de lo que nos depara el film: bifurcaciones. Persistentes cruces de caminos y las inevitables decisiones que éstos conllevan son la constante en las situaciones que se nos van presentando, sobre personajes que conocemos progresivamente como si acabásemos de entrar en un autobus. Eso es lo complicado, que la limitada y minuciosa información que recibimos en cada caso sea suficiente para que no saltemos del bus en marcha. Pero es que en algunos casos, como en la historia de la brasileña en el aeropuerto, la tensión que consigue el film es comparable a la de cualquier buen thriller, que habría estado amasado durante bastante más tiempo los antecedentes de esa escena.
Otro gran acierto de Meirelles es el tono de la peli. Aunque hay una evidente carga dramática en todas las historias, en unas más desenfadada q en otras, en ningún caso se pasa de vueltas, con una única excepción cercana al final.
Pero quizás el aspecto que creo que más contribuye a darle al film una personalidad incuestionable es la crueldad y a la vez austeridad con la que se muestran los condicionantes de cada personaje antes de su decisión. Estoy es desacuerdo con la matoría de críticas que he leido sobre este punto, achacándole falta de profundidad y no jugar a nada. En mi opinión, huye de efectismos mostrando todas esas pequeñas decisiones como quiere: enseñándonos que el resto de nuestras propias vidas está inmerso cada día, y en múltiples ocasiones, en todas y cada una de las cosas que hacemos. El futuro se reescribe cada segundo que pasa.
Con todo, esa cruda realidad me hace reconocer que una peli coral difícilmente ocupará un lugar de referencia en nuestra memoria. Pero la memoria almacena pasado y la fuerza de este mensaje está en cómo nos enseña que sólo existe el presente.

PARA: espectadores que aprovechan cada segundo que pasan frente a una pantalla
ABSTENERSE: cualquiera que sólo busque en cada peli referentes del pasado

martes, 28 de mayo de 2013

Stoker

Stoker (2013), Park Chan-Wook


Curiosa mezcla la de esta peli. Dirección a cargo de un surcoreano, producción de los hermanos Scott, actores  en auge, en declive y estancados, y guión de un actor que nada tiene que ver con el estilo de su conjunto. Vamos por partes.
El gancho que funcionó en mi caso fue el del director. No es que sea extremadamente popular ni conocido mundialmente entre el gran público, pero Park Chan-Wook es un realizador suficientemente reconocido con varios premios, como en el mismísimo Cannes, sin ir más lejos. Yo sólo había visto una peli suya, pero es, sin duda, una de las 3-4 pelis que más me ha sorprendido en toda mi vida: Old Boy (2003). Peli no apta para muchos ojos (ni estómagos), pero imprescindible para el resto.
La principal diferencia con respecto a su trabajo en el film que nos ocupa es que aquí el guión no es suyo. Y se nota. Para sorpresa de todos su autor es Wentworth Miller, el protagonista de la serie Prison Break. Visto así, tiene su mérito, pero el mérito no es lo que nos salva una peli. El sello de Chan-Wook es obvio visualmente, pero no es el mismo cuando está huérfano de la rotundidad de su narrativa.
No me cansaré de defender que el factor más relevante, con mucha diferencia, a la hora de atrapar a un espectador es la historia. Se inspira en La sombra de una duda (1943), que firmó hace 70 años el maestro Hitchcock, pero está lejos de saber gestionar algo que el inglés dominó como pocos: el balanceo de la historia. Durante la primera hora abusa de un patrón basado en presentarnos repetidamente al personaje misterioso, por un lado, y de confrontar las contenidas reacciones de la protagonista por otro. Nada que ver con una última media hora mucho más a la altura de lo que se podía esperar del sello surcoreano como exponente del thriller barroco pasado de vueltas, y que encuentra su título en el apellido del autor original de Drácula.
Las interpretaciones no están mal, pero tampoco consiguen por sí mismas elevar el film. Tres caras distintas. Mia Wasicowska, la Alicia de Tim Burton, es sin duda la que irá a más, aunque me impresionó mucho más en Jane Eyre (2011). Matthew Goode es una cara vista (Match Point (2005), de Woody Allen) pero que tampoco pasa de ser carne de secundario. Lo peor para mi ha sido ver a la actual Nicole Kidman. Si de caras hablamos, la transformación que ha sufrido la suya me impide concentrarme en su interpretación. No le vaticino un futuro fácil a la australiana.
La sensación que me quedó al final es que éste podría haber sido un gran mediometraje, de 40-45 minutos de duración. Lástima que, con la época que vivimos, el patio no esté para experimentos.

PARA: jóvenes y desencorsetados espectadores que gozan con la cultura visual made in S.XXI
ABSTENERSE: cualquiera que goce más con escuchar o leer una historia que con verla

miércoles, 22 de mayo de 2013

Searching for Sugar man

Searching for Sugan Man (2012), Malik Bendjelloul


De Malick (ayer) a Malik (hoy). Un absoluto desconocido, que ha sido capaz de hilvanar uno de los documentales más emotivos que probablemente veré en toda mi vida. Como guionista siempre he preferido la ficción al documental, pero es absolutamente obligado reconocer que el sentimiento que piezas como ésta provocan nunca podrá igualarlos la ficción. Muchos pensarán lo contrario, pero la autenticidad de esta historia (en todos sus sentidos) es imbatible. Por una vez, los Oscar dieron en la diana dandole el premio al mejor documental.
Aquellos que aun no lo hayais visto no esperéis que desvele su contenido. Muy pocas veces revelo detalles sobre la historia, y hoy menos. Asistir al visionado de esta obra y vivir los hechos que narra de manera cronológica sin conocer ápice alguno de la historia real tiene una magia que te atrapa de manera brutal. Se han realizado muchos documentalesque que basan su enorme interés en conocer los entresijos que en su momento no vieron la luz, sobre la vida de alguien famoso, pero donde el final es conocido por todo el mundo. Insisto: experimentar este resumen de 90 minutos sobre la investigación acerca de la figura de este músico, desgarradoramente desconocido, sacude algo muy profundo de nuestro ser. Habla sobre conceptos y valores que hoy conocemos ya distorsionados y que este personaje inigualable nos recuerda en su versión más pura.
Otra de sus maravillas radica en algo tan impactante como entender hasta qué punto la era de la información y la comunicación ha cambiado este planeta. La investigación se situa a finales de los 90. Parece que sea ayer, pero el simple hecho de que internet no era entonces ni sombra de lo que es hoy le confiere a los acontecimientos un aire de nostalgia mezclado con un extraño sentimiento de desconcierto.
Aunque me considero un soñador y un sentimental, muy raramente me emociono visiblemente. Tampoco ante una pantalla... y no pude evitar derramar varias lágrimas. Mientras escribo estas lineas escucho este ya mítico CD, que hace unas semanas me regalaron sabiendo muy bien a quién se lo regalaban. Pero no ha explotado hasta hoy. Albert, Jaume i Mireia, gracias!!!
Sé muy bien que las sensaciones de esta peli no se repiten dos veces en un mismo año. Así que los que me conozcáis, y os fiéis de mí, escoged bien el día, acomodaos y preparaos para disfrutar con Sixto Rodriguez: quien sabe si el músico desconocido más grande, pero con seguridad, una persona que merece el recuerdo eterno.

PARA: revisar lo maravilloso que puede llegar a ser el espíritu humano
ABSTENERSE: nadie

To the wonder

To the wonder (2013), Terrence Malick


No puedo esconder mi decepción. Aun así, hay que reconocer que era harto complicado que la inolvidable experiencia de El árbol de la vida (2011) no le pasase factura al siguiente ejercicio de Malick. Los que me conocen saben cómo defendí la anterior cinta de este controvertido director. Tampoco soy devoto del mismo. No penetré en La delgada linea roja (1998), y con El nuevo mundo (2005) fui de menos a más, pues no me llegó la primera vez pero sí volviendo a verla el año pasado (será que estaba yo en otra onda :-).
El otro día hablaba del frenético ritmo en rodar pelis de Soderbergh (que ahora parará precisamente). Malick es el lado opuesto. Cuatro pelis del 73 al 2005. Pero ahora se ha acelerado, y no para bien. Dos pelis en 3 años y 3 más en post-producción.
Donde quiero poner el acento es en el cambio tras El árbol de la vida (2011). Antes combinaba dentro de sus films la narrativa convencional con esa lírica visual centrada en los pensamientos y sentimientos de sus protagonistas. Pero ahora ha decidido quedarse exclusivamente con esto último. Claro, si bañas eso con un mensaje de la trascendencia y poder de El árbol de la vida (2011) y lo acompañas de imagenes desmayantes, pues es una cosa. Pero si te pasas 2 horas dándole vueltas a lo mismo con 4 personajes y con sus característicos bailes de encuadre y sintonía mística, pues es otra cosa. Mención aparte para la participación de Bardem en el papel de cura en pueblo perdido: ¿por qué lo escogió a él?
La pregunta que surge entonces es: ¿cuál era su intencion con esta última peli? Se centra en el amor, tanto el de pareja como el espiritual, vinculado a la fe. Un tema infinito, pero que con el invariable tono mencionado consigue convertir en redundante. Tampoco le ayudan algunas reflexiones, en ocasiones interesantes, pero que por momentos están cerca de ser banales.
En cuanto a su mensaje, y viniendo de quien viene, será normal que cada uno interprete a su antojo. Lo que yo respiré es que Malick plasma la dificultad que nos supone integrar nuestra individualidad en el conjunto en el que todos vivimos. Ocupar un lugar y sentirnos a gusto en él es un reto, a veces, titánico. La profesión de Ben Affleck en la peli es para mi la muestra de que vivimos rodeados de un tipo especial de contaminación, que bombardea nuestra propia determinación para hallar ese lugar. No vivimos suficientemente dentro de nosotros mismos. Somos islas que queremos formar parte de un continente. Si es así me parece maravillosa la metáfora del Mont Saint Michel.
Pero insisto en que el resultado me parece saturado. Me llama la atención la ingente cantidad de material que este hombre debió rodar para esta peli. Y ya no digamos lo que tuvo que ser montarlo. Pero Malick no monta peliculas. Sin duda, monta experiencias. Lo que ocurre es que en esta ocasión descuidó el todo por las partes.

PARA: los que nadan como pez en el agua ante films alejados de convencionalismos
ABSTENERSE: los que se ahogaron con El árbol de la vida o ni siquiera se zambulleron en ella

martes, 14 de mayo de 2013

Efectos secundarios

Efectos secundarios (2013), Steven Soderbergh

Steven Soderbergh es, por encima de cualquier valoración sobre su trabajo, un privilegiado. Rodar más de un largometraje de media desde hace casi 30 años, a la edad de 50, es algo de lo que muy pocos pueden presumir. Pero uno de los retos de tan prolífica actividad es la de mantener el  prestigioso sello de autor. Y, sin duda, es merecido que él mantenga ese status cuando ha firmado el guión de 10 de esas obras, pero por los méritos de las últimas la cosa ya cambiaría. Más allá de la peli de culto que le lanzó a la fama, Sexo mentiras y cintas de video (1989), no se reconoce en el resto de sus guiones ningún éxito planetario, ni de público ni de crítica. El cambio de siglo le favoreció en el rol de realizador, con éxitos de crítica y público, como Erin Brockovich (2000) o Traffic (2000), y también con la comercial saga de Ocean's eleven (2001). Sin embargo, los últimos años confirman que se está especializando en vivir del pasado.
La peli de hoy es un buen ejemplo de su evolución. Por un lado, me llama mucho la atención la manera en que combina los ingredientes como realizador para cocinar un plato que lleva su sello. Sus películas acostumbran a caracterizarse por el ritmo. O, mejor aun, por el paso que llevan, dado que la palabra ritmo sugiere un tempo que llevaría a error.
Su estilo narrativo es especial. Amasa a los personajes. Bordea, precisamente, la falta de ritmo pero consigue salirse airoso siempre sobre la campana a medida que avanza el film. Para ello, en esta ocasión, abusa quizás un pelo de los acordes musicales como subrayadores de la acción (o la falta de la misma).
Se puede decir que es un buen constructor de atmósferas. En esta ocasión vuelve a manejar un tema controvertido como el de los fármacos y su modo de comercialización, como ya hizo antes con asuntos como las drogas, las pandemias o los abusos de las multinacionales.
Pero mencionaba lo de su evolución porque, más allá de la forma, sigue faltando algo más propio del fondo: el guión o el equilibrio de una historia. Soderbergh repite con el guionista con el que ya firmó Contagio (2011). Su primer y segundo acto mantienen (a su estilo) el crescendo que podamos pedirle a este tipo de thrillers.
En cuanto a las interpretaciones, destaca Rooney Mara en el papel de la atormentada Emily. Sin embargo, los más conocidos, Jude Law y Catherine Zeta-Jones, pasan más sin pena ni gloria. No tengo nada en contra del actor británico, pero creo sinceramente que le funcionan muchísimo mejor los papeles más enigmáticos y sutiles.
Donde el film pierde la oportunidad de ser notable es en su tercer acto. Esa atmósfera de la que hablaba, con el oscuro mundo de la introducción de determinados fármacos en el mercado, acaba sucumbiendo ante el tópico desenlace de buenos y malos que hemos visto en innumerables ocasiones. Una lástima. Esperemos que pronto recupere su senda. A ese ritmo al que incorpora títulos a su filmografía y con el talento que tiene no debería tardar.

PARA: espectadores acomodados a fórmulas de contrastada rentabilidad
ABSTENERSE: pacientes en la sala de espera del resurgimiento de este director