Trance (2013), Danny Boyle
Es indudable que el cine atraviesa un momento delicado. El fin de semana pasado fue el de menor afluencia de público en España desde que se recogen cifras de recaudación. Se me ocurren muchos posibles factores, pero hay uno (marginal si queréis) que es oportuno resaltar en este comentario: la creciente dificultad para vernos sorprendidos. Esa triste sensación de que todo está ya inventado, aunque sea afortunadamente falsa, no estimula nuestra curiosidad. El cine es mi pasión, por lo que no es mi caso, pero sí observo esta barrera en el punto de mira de artistas como Danny Boyle. Su cine no puede ser más rico en propuestas, enfoques, estilos y temas. Visto así, esa calculada falta de sello propio merece un reconocimiento en una industria que a buen seguro le habría financiado Slumdog Millionaire 2. Evidentemente, que esta osadía dé siempre sus frutos ya es harina de otro costal.
Siguiendo el hilo de la valentía de su director, su planteamiento al abordar esta peli persigue jugar con las mentes: las de los personajes y, como no, las de los espectadores. Vaya si lo consigue.
En el caso de los primeros, a base de una historia ceñida, casi exclusivamente, al triángulo del cartel, sólo acompañado testimonialmente por otros 3 personajes que no llegan ni a secundarios. Lo que en el brillante prólogo se nos promete como un trepidante thriller de robos al uso, empieza a dar giros que, más que cautivarnos, nos marean a medida que avanza la historia. Podríamos pasar horas discutiendo sobre la solidez o la fragilidad de un guión arriesgado. Sin embargo, existe una red que debe sostenerlo todo y que no es otra que la credibilidad que aportan las relaciones e interpretaciones de sus protagonistas: James McAvoy, Vincent Cassel y Rosario Dawson. Sin llegar a estar en absoluto mal, aunque mejores las masculinas, creo que no emana de ellas la química que haga funcionar al conjunto.
En el caso de los espectadores, ese juego al que me refería puede generar reacciones muy encontradas. ¿Nos gusta que jueguen con nosotros? Yo creo que cuando entendemos por qué y con ello aprendemos cosas la respuesta es sí. De lo contrario se nos queda esa cara de circunstancias que variará mucho dependiendo de cada uno de nosotros.
En resumen, la peli no se pierde, que ya es mucho, porque su desenlace deja clara como el agua la resolución de la historia. Pero el camino por el que nos ha hecho avanzar está plagado de recobecos de muy dudoso disfrute. Este puede ser un ejemplo perfecto de una historia que quizás se habría disfrutado mucho mejor en manos de un clásico como Fred Zinemann. Por contra, el afan por sorprender y por mantener el listón (¿alto?) en esta época de tanta sobreexposición audiovisual provocan estilos en los que se suele abusar del montaje, de la música, de los giros y del impacto visual. El resultado es, a menudo, tan complejo como la propia mente humana.
PARA: los que acuden al cine a compartir su cerebro como en un buffet
ABSTENERSE: los que van al cine a desconectar
La vida es un guión que unos leen y otros interpretan, pero que sólo tú escribes. Está en tu mano.
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miércoles, 19 de junio de 2013
martes, 29 de noviembre de 2011
Un método peligroso
Cartelera:
Un método peligroso (2011), David Cronenberg
No se puede negar que hay una adjetivo que casa bastante bien con Cronemberg: inquietante. Y también hay algo muy de agradecer en los directores que vienen de haberse labrado un cartel: el cambio de registro. Soy completo desconocedor de su época inicial, algo más de su época media, con La Mosca (1986) e Inseparables (1988), pero he celebrado claramente en su época más reciente ejercicios más alejados del cine fantástico, como Crash (1996), Una historia de violencia (2005) y Promesas del este (2007). Y es precisamente con éstas últimas con las que creo que comparte un nexo común que inevitablemente va unido a la edad: la reflexión sobre nuestros instintos más profundos y el descubrimiento de nuestra verdadera identidad.
La prueba es que en esta ocasión ha ido a por el padre y el hijo de esa corriente que nació con el siglo XX: el psicoanálisis, Freud y Jung. Pelicula de muy pocos personajes y localizaciones, no casualmente una adaptación de la obra tatral del mismo autor que firma el guión, Christopher Hampton. Densa en sus diálogos. De esas peliculas en las que uno estaría todo el rato dándole al pause para reflexionar sobre algunas frases. Es inevitable que falte ese minimo tiempo para digerir esos medidos diálogos. Pero aun así, en ningún momento se hace pesada ni tediosa, aunque cueste algo acostumbrarse a su ritmo al principio. Tampoco es fría, porque sabe solapar con auténtica maestría y dosificación las teorías de sus personajes con el viaje emocional que experimenta su protagonista, un regio Fassbender encarnando a Carl Gustav Jung. Eso sí, destaco el reparto al completo. Estan todos espléndidos.
Otro innegable atractivo del film es su imponente dirección artística. Verdaderamente exquisita toda la recreación de la época: localizaciones, interiores y vestuario están sobresalientes.
Y ya me diréis. A mi la peli me deja un sabor. En una época en la que el sexo masculino seguía pavoneándose de abanderar casi con total exclusividad los méritos del progreso, la mujer asomaba ya la cabeza de una manera sumamente poderosa. Los papeles de la mujer de Jung y de la propia Knightley son para mí los que contienen las mejores perlas. Muchos puros en boca y sermones algo fanfarrones, cuando en realidad son ellas las que mediante finísimos pero firmes hilos dominan el consciente y el subconsciente. Pura inteligencia.
PARA: Interesados en entender al ser humano
ABSTENERSE: Los que evitan el cine inteligente
Un método peligroso (2011), David Cronenberg
No se puede negar que hay una adjetivo que casa bastante bien con Cronemberg: inquietante. Y también hay algo muy de agradecer en los directores que vienen de haberse labrado un cartel: el cambio de registro. Soy completo desconocedor de su época inicial, algo más de su época media, con La Mosca (1986) e Inseparables (1988), pero he celebrado claramente en su época más reciente ejercicios más alejados del cine fantástico, como Crash (1996), Una historia de violencia (2005) y Promesas del este (2007). Y es precisamente con éstas últimas con las que creo que comparte un nexo común que inevitablemente va unido a la edad: la reflexión sobre nuestros instintos más profundos y el descubrimiento de nuestra verdadera identidad.
La prueba es que en esta ocasión ha ido a por el padre y el hijo de esa corriente que nació con el siglo XX: el psicoanálisis, Freud y Jung. Pelicula de muy pocos personajes y localizaciones, no casualmente una adaptación de la obra tatral del mismo autor que firma el guión, Christopher Hampton. Densa en sus diálogos. De esas peliculas en las que uno estaría todo el rato dándole al pause para reflexionar sobre algunas frases. Es inevitable que falte ese minimo tiempo para digerir esos medidos diálogos. Pero aun así, en ningún momento se hace pesada ni tediosa, aunque cueste algo acostumbrarse a su ritmo al principio. Tampoco es fría, porque sabe solapar con auténtica maestría y dosificación las teorías de sus personajes con el viaje emocional que experimenta su protagonista, un regio Fassbender encarnando a Carl Gustav Jung. Eso sí, destaco el reparto al completo. Estan todos espléndidos.
Otro innegable atractivo del film es su imponente dirección artística. Verdaderamente exquisita toda la recreación de la época: localizaciones, interiores y vestuario están sobresalientes.
Y ya me diréis. A mi la peli me deja un sabor. En una época en la que el sexo masculino seguía pavoneándose de abanderar casi con total exclusividad los méritos del progreso, la mujer asomaba ya la cabeza de una manera sumamente poderosa. Los papeles de la mujer de Jung y de la propia Knightley son para mí los que contienen las mejores perlas. Muchos puros en boca y sermones algo fanfarrones, cuando en realidad son ellas las que mediante finísimos pero firmes hilos dominan el consciente y el subconsciente. Pura inteligencia.
PARA: Interesados en entender al ser humano
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