martes, 24 de enero de 2012

La dama de hierro

Cartelera:
La dama de hierro (2011), Phyllida Lloyd


Lo de esta señora no tiene palabras. Qué animal. ¿Cómo se puede transformar una y otra vez de esta manera? En esta ocasión podemos afirmar sin rubor que ha alcanzado la cúspide que su profesión anhela. Se hace difícil de imaginar una caracterización e interpretación de mayor nivel. 
La verdad es que, con los matices que comentaremos, la peli no me ha defraudado. Cuando asistimos a ver este tipo de biopics podemos imaginar con poco margen de error lo que vamos a encontrarnos: una sucesión de situaciones y acontecimientos que pretenden resumir (tarea complicada) la vida de celebridades que podrian llenar perfectamente una serie de tv. El lucimiento de Meryl Streep no por esperado es menos espectacular. Bien acompañada en la figura de su marido por un siempre agradecido de ver Jim Broadbent.
Lo que en mi opinión llama la atención es el metraje del film. Normalmente, por ser excesivo, pero en esta ocasión es al revés. No se acaba de entender porqué pasa tan fugazmente por hechos de vital importancia en su carrera política, como son su ascensión y su caída. Por contra, se detiene con un repetitivo detalle en su época actual. Original no es, huelga decirlo. De hecho parece como si el guión quisiese sorprender mostrándonos el imperecedero carácter de esta mujer histórica aun en el ocaso de sus días, afectada incluso por una demencia senil. Sí es un acierto en cuanto nos acerca de una forma más sincera a su esfera más íntima. Y es de admirar que la caracterización y el trabajo de Meryl impresionan si cabe aún más. Sin embargo, no se acaba encontrando justificación para dicho detenimiento, sabiendo que ello nos ha privado de profundizar más en mil interioridades de su mandato.
No le busquemos virtudes artísticas a la película. Disfrutemos, simplemente, con el trabajo de una dama del cine.

PARA: cualquiera que quiera descubrir qué es una interpretación camaleónica.
ABSTENERSE: los que se conformarían con la versión doblada

sábado, 21 de enero de 2012

Silencio en la nieve

Estrenos:
Silencio en la nieve (2011), Gerardo Herrero


(Crítica para La finestra digital)
Invierno de 1943. Una vez más, el cine español revisa uno de sus episodios históricos favoritos, pero en esta ocasión situando la acción muy lejos de sus fronteras. La historia es una adaptación de la novela de Ignacio del Valle El tiempo de los emperadores extraños. Sin abandonar el intento de reproducir las tensiones de la época entre los dos bandos de la entonces reciente guerra civil, la trama nos quiere sumergir en un thriller de misteriosos asesinatos.

Abordar un proyecto situado en una época y lugares como los mencionados es un reto notable. Estamos ante una encomiable producción que tuvo que superar condiciones muy adversas durante un rodaje de 7 semanas en Lituania. Con estos condicionantes merece destacar su resultado en apartados como la dirección artística o la fotografía. Además, Gerardo Herrero, su director, ha hecho énfasis en la laboriosa tarea de documentación llevada a cabo, que ha querido plasmar en muchas situaciones que reflejan con credibilidad la difícil vida en el frente en tan complicadas circunstancias.
Pero tan crudo como el frío es el hecho de que éstos nunca terminan siendo aspectos que faciliten por sí solos una buena taquilla. Cuando hablamos de cine, y en este caso aún más tratándose de un thriller, lo que queremos es que nos atrapen. Y aquí es donde la película no sale airosa.

En el esfuerzo que hay detrás, intentando recrear de manera fiel muchos aspectos de la relación entre las diferentes facciones del ejercito (y de rebote de la sociedad), se ha mimado poco el guión, lo que ha restado intensidad a la hora de afianzar con fuerza el pulso de la acción. Y no es una acción cualquiera. Hablamos de resolver unos asesinatos que apuntan a alguien del propio bando y que deberían generar una indudable inquietud y tensión entre el grupo, ya de por sí desgastado por el conflicto bélico. Y cuando hablamos de personas sometidas a situaciones tan extremas lo que queremos ver es precisamente como sufren y cómo afrontan el reto de superarlo. Pero en lugar de ello, asistimos a una investigación sin la intensidad y el ritmo deseados, dirigida por el personaje de Juan Diego Botto y ayudado por el de Carmelo Gómez. En ningún momento olemos el peligro. El aliento del asesino simplemente está ausente, y en ningún momento se juega con las repercusiones de los mismos asesinatos en el grupo. Como suele ocurrir en estos casos, el final que nos encontramos es del todo descafeinado.

Es una lástima que producciones como ésta patinen en aspectos como el guión. Por un lado, los personajes y sus motivaciones no están suficientemente bien dibujados, ni interpretados, ni tienen la profundidad necesaria para ir implicando al espectador a medida que avanza la historia. Por otra parte, precisamente en referencia a su ritmo, la narración no está suficientemente bien trenzada. Azcona decía que cada escena debe contener la semilla de la siguiente, pero en esta ocasión quizás no se han dado las condiciones para plantarlas. En conjunto, parece como si la ambientación de la película hubiera afectado a la temperatura de su producto final.

PARA: Fervientes seguidores de la posguerra española
ABSTENERSE: los que esperen ver un thriller trepidante

martes, 17 de enero de 2012

El niño de la bicicleta

Cartelera:
El niño de la bicicleta (2011), Jean-Pierre y Luc Dardenne


Una de las grandezas del cine es la inmensa variedad de formas que puede adoptar. Una de ellas es la de buscar un hiper-realismo que te haga olvidar que estás viendo cine. A unos les gustará más que a otros (vaya novedad) pero los unos y los otros deberían reconocer unánimemente el mérito que eso implica. Y ésta es una de esas películas. Curiosamente, aunque no se asemeje en nada a ella, tiene esa huella de cine social al desnudo de Ladrón de bicicletas. Ignoro si el hurto de la misma pretende o no ser algún tipo de homenaje.
Su único eje es la visión de un niño con un no explicitado problema para relacionarse con los demás, que persigue algo muy concreto. Y sobre ese hilo se mueve la práctica totalidad de las acciones que ocupan el film, sustentadas en las excelentes y contenidas interpretaciones del chico y la mujer.
Me ha recordado al mejor Sashimi japonés: crudo, a palo seco, sin ornamentos, pero más auténtico imposible. Si no fuese por tres momentos concretos en los que suenan unas notas musicales nos podríamos hasta olvidar de que estamos viendo una peli.
En otras ocasiones he mostrado mi recelo hacia películas que pivotan exclusivamente sobre los ojos de un niño (exceptuando El sexto sentido). Sin embargo, en esta ocasión, debo admitir que la sobriedad con la que está abordado el guión es algo digno de estudio, porque constituye una auténtica lección. Aun así, considero un desliz de los directores la inclusión de un par de escenas (conversación Samantha-Padre, llamada de Samantha al centro) invisibles a los ojos del niño y que rompen esa óptica innecesariamente, dado que prescindir de ellas era fácilmente asumible por el guión.
Pero que notable es su comienzo. Y cuando digo comienzo digo el segundo 1. ¿Cuántas películas conocéis que aborden su trama principal en el segundo 1? ¿Y cuántas de ellas dejan claro de qué va el asunto sólo unos segundos después? Pues apunten: ésta es una. Y que nadie desprecie este aspecto, porque uno de los grandes retos de esta industria hoy en día es captar la atención cuanto antes, comunicando al mismo tiempo.
Partiendo de ese inicio, la película juega muy hábilmente con el ritmo que impone la personalidad y la finalidad de su protagonista, que no se relaja ni un instante, facilitando que nuestro interés por su objetivo no decaiga lo más mínimo.
Y por último, pero no menos importante, qué gran lección de vida. La que da la mujer con el chico, pero la que nos da el propio Cyril al final. En un mundo que cada vez más necesita que protejamos a los niños, las mejores lecciones nos las suelen dar ellos mismos.

PARA: aquellos que saben apreciar el buen cine social
ABSTENERSE: los que sólo hayan visto pelis en 3D recientemente

miércoles, 11 de enero de 2012

The Artist

Cartelera:
The Artist (2011), Michel Hazanavicius


Siempre es estimulante acudir al cine sabiendo que vas a ver algo diferente, aunque hoy en día la mayoría busque precisamente lo contrario: ver siempre lo mismo. Por eso no voy a entrar lo más mínimo en si esta peli debería verla más gente. No hay duda de que está hecha para los que quieren al cine, independientemente de si sale airosa, o no, del reto de convencer por su calidad artística.
El ejercicio que nos propone está obviamente lleno de una gran carga nostálgica. Su mayor riesgo radica en el hecho de no haber siquiera intentado aportar al guión ningún guiño contemporaneo, ni en el tema, ni en la historia, ni en la estructura. Ya puestos, se han tirado a la piscina con una história clásica, ambientada en un momento clave de la historia del cine, y que provocó su despegue.
Con este punto de partida se entiende que no estemos frente a un producto comercial, que digamos. Ciertamente, cuesta lo suyo acostumbrarse a tanta música de manera reiterada, frente a unas imágenes que, aun exquisitamente rodadas, no tienen la fuerza para atraparnos y compensar la falta de diálogos.
Otro aspecto que a mi entender lastra algo la película es que su parte central carece de peso. Durante demasiados minutos acompañamos al protagonista en un devenir de escenas que no nos aportan nada respecto al instante en que ha quedado claro el futuro que le espera.
Pero tampoco creo que sea un film que merezca una crítica puntillosa, que se detenga exclusivamente en los aspectos comentados. Sin duda, la experiencia es más que positiva, solo por llegar a tener la sensación de estar viviendo por unos intantes en pleno inicio del siglo XX (si se ve en el cine, por descontado).
Y para quedarme con algo en especial mencionaría 3 escenas. Una es la pesadilla. Otra es la de las escaleras, brillante tanto por su plasticidad como por su significado. Pero mi favorita es la del perchero: vale más una imagen que mil palabras.

PARA: aquellos que siempre valorarán nuestros orígenes
ABSTENERSE: los que abandonaron la curiosidad en el baul de sus juguetes

martes, 3 de enero de 2012

Midnight in Paris

A la venta:
Midnight in Paris (2011), Woody Allen


Este genial director empieza ya a acumular tal cantidad de peliculas con su sello propio que cada vez es más dificil que pueda aportar cosas especiales. Pero lo sigue haciendo. Tiene tanta personalidad que creo que hace ya mucho tiempo que dejó de interesarse por las opiniones de los demás: hace las pelis para sí mismo. Y además se da el gusto de contar siempre con algun actor del momento en cada ocasión, que acceden encantados a rebajar su caché.
Ésta es una peli que me gusta definir con un simple adjetivo: simpática. Y creo que lo es bastante. Aun a pesar de la burda trama del protagonista con su novia y familia política, consigue arrancarnos una mueca de complicidad tras otra gracias a la fusión del París actual y el de principios de siglo. Sólo por cómo se entrelazan los personajes históricos con los espacios nocturnos de la añeja nuit parisina ya vale la pena verla.
Pero aun en medio de tan superficiales pero encantadores momentos (Marion included biensur), Woody sabe encontrar un mensajillo con el que hacernos pensar: ya nadie sabe vivir el presente. Nos pasamos la vida con el clásico cualquier tiempo pasado fue mejor (vivido o no). A todos nos iría mucho mejor si disfrutaramos y saboreasemos los incontables encantos que nos rodean. Y, ¿porqué no?, visitando la maravillosa París. La actual, la histórica, la eterna. ¡Carpe diem!

PARA: los que siempre preferiremos París a Londres
ABSTENERSE: aquellos que no vibran por nada