El atlas de las nubes (2012), Tom Tykwer, Andy Wachowski y Lana Wachowski
Faraónica producción de los hermanos Wachowski (ahora hermano y hermana). Suele irles bien a este tipo de pelis el adjetivo de "ambiciosa", así que me centraré en todos los puntos que acostumbran a incluirse en dicho objetivo.
Sin discusión, genera un tipo de trailer que (siempre que te guste el género) provoca los obvios ¡Woow!. Aunque hoy en día eso ya no sea garantía de nada, no podemos olvidar que son los padres de Matrix. De todas maneras, la he visto con cierto recelo, dado que pasó sin pena ni gloria por las taquillas y presuponía que había gato encerrado.
La ambición de su producción tampoco es cuestionable. Innumerables escenarios, derroche digital, vestuario y maquillaje carnavalescos, casting generoso, etc.
Pero cuando un proyecto de este tipo se convierte en verdaderamente ambicioso es cuando aspira a calar en la audiencia. Si se da el caso, el éxito comercial o su consideración de peli de culto son sólo cuestión de tiempo. Evidentemente, no ha calado. ¿Porqué? Mi humilde opinión: un guión no tan complejo como parece puede volverse desesperante gracias a un montaje más que desconcertante.
No me quiero llegar a imaginar lo peludas que habrán sido las sesiones de edición de este mastodóntico proyecto de bastante más de dos horas de duración. Sí queda claro al final el sentido, el desarrollo y el desenlace de las diversas historias paralelas que se narran, pero su histriónica estructura lastra demasiado algo tan sencillo y tan crucial como la involucración del espectador en aquello que le están contando.
Dicho sea de paso, tampoco ese guión ayuda especialmente a conmover conciencias, aunque su mensaje no sea tan pobre. Los que me conocen saben hasta qué punto me he alineado con las corrientes que defienden que tú influyes mucho más de lo que crees en todo lo que te ocurre en tu vida. El problema es que para transmitirlo se opta por una ceremoniosidad y una grandilocuencia tan pomposa (y muy yankee) que sientes que te estan tratando de manera bastante ingenua.
Aun así, a aquellos que disfrutamos con la ciencia ficción, supongo que no nos habrá importado gozar con varios planos, secuencias y detalles muy cuidados (genial la raza humana mezcla de blanca y asiática).
PARA: frikis de la ciencia ficción
ABSTENERSE: cualquiera propenso a marearse en viajes algo movidos
La vida es un guión que unos leen y otros interpretan, pero que sólo tú escribes. Está en tu mano.
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sábado, 17 de agosto de 2013
martes, 24 de enero de 2012
La dama de hierro
Cartelera:
La dama de hierro (2011), Phyllida Lloyd
Lo de esta señora no tiene palabras. Qué animal. ¿Cómo se puede transformar una y otra vez de esta manera? En esta ocasión podemos afirmar sin rubor que ha alcanzado la cúspide que su profesión anhela. Se hace difícil de imaginar una caracterización e interpretación de mayor nivel.
La verdad es que, con los matices que comentaremos, la peli no me ha defraudado. Cuando asistimos a ver este tipo de biopics podemos imaginar con poco margen de error lo que vamos a encontrarnos: una sucesión de situaciones y acontecimientos que pretenden resumir (tarea complicada) la vida de celebridades que podrian llenar perfectamente una serie de tv. El lucimiento de Meryl Streep no por esperado es menos espectacular. Bien acompañada en la figura de su marido por un siempre agradecido de ver Jim Broadbent.
Lo que en mi opinión llama la atención es el metraje del film. Normalmente, por ser excesivo, pero en esta ocasión es al revés. No se acaba de entender porqué pasa tan fugazmente por hechos de vital importancia en su carrera política, como son su ascensión y su caída. Por contra, se detiene con un repetitivo detalle en su época actual. Original no es, huelga decirlo. De hecho parece como si el guión quisiese sorprender mostrándonos el imperecedero carácter de esta mujer histórica aun en el ocaso de sus días, afectada incluso por una demencia senil. Sí es un acierto en cuanto nos acerca de una forma más sincera a su esfera más íntima. Y es de admirar que la caracterización y el trabajo de Meryl impresionan si cabe aún más. Sin embargo, no se acaba encontrando justificación para dicho detenimiento, sabiendo que ello nos ha privado de profundizar más en mil interioridades de su mandato.
No le busquemos virtudes artísticas a la película. Disfrutemos, simplemente, con el trabajo de una dama del cine.
PARA: cualquiera que quiera descubrir qué es una interpretación camaleónica.
ABSTENERSE: los que se conformarían con la versión doblada
La dama de hierro (2011), Phyllida Lloyd
Lo de esta señora no tiene palabras. Qué animal. ¿Cómo se puede transformar una y otra vez de esta manera? En esta ocasión podemos afirmar sin rubor que ha alcanzado la cúspide que su profesión anhela. Se hace difícil de imaginar una caracterización e interpretación de mayor nivel.
La verdad es que, con los matices que comentaremos, la peli no me ha defraudado. Cuando asistimos a ver este tipo de biopics podemos imaginar con poco margen de error lo que vamos a encontrarnos: una sucesión de situaciones y acontecimientos que pretenden resumir (tarea complicada) la vida de celebridades que podrian llenar perfectamente una serie de tv. El lucimiento de Meryl Streep no por esperado es menos espectacular. Bien acompañada en la figura de su marido por un siempre agradecido de ver Jim Broadbent.
Lo que en mi opinión llama la atención es el metraje del film. Normalmente, por ser excesivo, pero en esta ocasión es al revés. No se acaba de entender porqué pasa tan fugazmente por hechos de vital importancia en su carrera política, como son su ascensión y su caída. Por contra, se detiene con un repetitivo detalle en su época actual. Original no es, huelga decirlo. De hecho parece como si el guión quisiese sorprender mostrándonos el imperecedero carácter de esta mujer histórica aun en el ocaso de sus días, afectada incluso por una demencia senil. Sí es un acierto en cuanto nos acerca de una forma más sincera a su esfera más íntima. Y es de admirar que la caracterización y el trabajo de Meryl impresionan si cabe aún más. Sin embargo, no se acaba encontrando justificación para dicho detenimiento, sabiendo que ello nos ha privado de profundizar más en mil interioridades de su mandato.
No le busquemos virtudes artísticas a la película. Disfrutemos, simplemente, con el trabajo de una dama del cine.
PARA: cualquiera que quiera descubrir qué es una interpretación camaleónica.
ABSTENERSE: los que se conformarían con la versión doblada
sábado, 12 de noviembre de 2011
Another year
Another year (2010), Mike Leigh
No se puede negar que el Sr. Leigh sabe lidiar con las relaciones humanas. Basta con echar un vistazo a su filmografía... y más allá, con experiencia en el teatro y la tv.
Sólo por la trenza que construye con los personajes partiendo de sus terrenales vidas ya vale la pena dedicarle tiempo. Y es una lástima que el público no se eche más a menudo en sus redes, aunque sea lógico: la mayoría de la gente va al cine a desconectar, mientras que su cine no tiene nada de desconexión con nuestro mundo cotidiano.
La película nos habla de uno de los quistes sociales precisamente más habituales: la soledad. Y lo hace, curiosamente, desde un ángulo especial: el de la amistad. Un tipo de amistad al que comunmente dotamos de mayor credibilidad cuando sus protagonistas cuentan con una cierta edad.
Careciendo del ritmo y del hilo que buscamos habitualmente en historias con línea argumental, consigue acompañarnos de manera entrañable durante todo su metraje, que sobrepasa las dos horas, como si estuviesemos dando un paseo. Y a ello contribuye con acierto la elección de fragmentar ese año de la vida de nuestros personajes en las cuatro estaciones. De hecho, casi cuatro veladas (y alguna más) que reflejan la temperatura de sus estados de ánimo al unísono con la de la propia climatología. Todo gracias a unas convincentes interpretaciones, aunque rechina reconocer en ellas un acting por momentos demasiado teatral. No por los ademanes, sino por la característica complicidad con el público de escenas en las que las caras de un personaje se suponen invisibles a los ojos de los otros.
Pero donde creo que patina Mike, como guionista, es en la asociación de soledad con hogar unipersonal. Vamos, que todo aquel que no llegue a una edad viviendo en pareja está condenado. Para mi gusto se pasa tres vueltas. Una pareja de protagonistas por momentos demasiado idílica y sin la más mínima fisura, unos amigos solteros sin luz al final de su tunel, y para remate, un hijo que encuentra en la pareja la estabilidad que entendemos le "salvará" de un incierto futuro.
La sociedad en la que vivimos es agriamente rica en modelos de soledad, obviamente, incluyendo a gente que no vive sola. Y curiosamente, el arranque del film lo protagoniza una mujer, anecdótica en la historia, que representa a la perfección a esa inmensa realidad social, pero a la que nuestro director decide olvidar. Cosas de la vida.
PARA: Seguidores del cine social al más puro estilo británico
ABSTENERSE: Lobos solitarios
No se puede negar que el Sr. Leigh sabe lidiar con las relaciones humanas. Basta con echar un vistazo a su filmografía... y más allá, con experiencia en el teatro y la tv.
Sólo por la trenza que construye con los personajes partiendo de sus terrenales vidas ya vale la pena dedicarle tiempo. Y es una lástima que el público no se eche más a menudo en sus redes, aunque sea lógico: la mayoría de la gente va al cine a desconectar, mientras que su cine no tiene nada de desconexión con nuestro mundo cotidiano.
La película nos habla de uno de los quistes sociales precisamente más habituales: la soledad. Y lo hace, curiosamente, desde un ángulo especial: el de la amistad. Un tipo de amistad al que comunmente dotamos de mayor credibilidad cuando sus protagonistas cuentan con una cierta edad.
Careciendo del ritmo y del hilo que buscamos habitualmente en historias con línea argumental, consigue acompañarnos de manera entrañable durante todo su metraje, que sobrepasa las dos horas, como si estuviesemos dando un paseo. Y a ello contribuye con acierto la elección de fragmentar ese año de la vida de nuestros personajes en las cuatro estaciones. De hecho, casi cuatro veladas (y alguna más) que reflejan la temperatura de sus estados de ánimo al unísono con la de la propia climatología. Todo gracias a unas convincentes interpretaciones, aunque rechina reconocer en ellas un acting por momentos demasiado teatral. No por los ademanes, sino por la característica complicidad con el público de escenas en las que las caras de un personaje se suponen invisibles a los ojos de los otros.
Pero donde creo que patina Mike, como guionista, es en la asociación de soledad con hogar unipersonal. Vamos, que todo aquel que no llegue a una edad viviendo en pareja está condenado. Para mi gusto se pasa tres vueltas. Una pareja de protagonistas por momentos demasiado idílica y sin la más mínima fisura, unos amigos solteros sin luz al final de su tunel, y para remate, un hijo que encuentra en la pareja la estabilidad que entendemos le "salvará" de un incierto futuro.
La sociedad en la que vivimos es agriamente rica en modelos de soledad, obviamente, incluyendo a gente que no vive sola. Y curiosamente, el arranque del film lo protagoniza una mujer, anecdótica en la historia, que representa a la perfección a esa inmensa realidad social, pero a la que nuestro director decide olvidar. Cosas de la vida.
PARA: Seguidores del cine social al más puro estilo británico
ABSTENERSE: Lobos solitarios
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