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martes, 3 de septiembre de 2013

Celebrando 100+100=10.000

Ahora que empieza una nueva temporada, celebro con todos vosotros los numeros redondos de este modesto blog que cumple casi 2 añitos: 100 semanas, 100 posts y 10.000 páginas vistas.

Estos números no son más que una gran excusa para repasar los momentos que más he disfrutado compartiéndolos con vosotros:
Por supuesto, tambien hay escritos sobre episodios menos placenteros, como la situacion del sector en este pais, pero no vale la pena hablar ni 1 min de ellos.

Como sólo toca mirar para adelante, espero que opinéis como yo: la temporada q empieza va a estar llena de arranques. La magia de miles de proyectos que tenemos ahí empezará a brotar y lo notaremos por cómo éstos empiezan a vibrar. Dadlo por hecho!!

Pero para acabar, lo mejor es recordar que no hay pasado ni futuro, sólo presente: ¡Carpe diem!
¿Lo practicas de verdad?

;-)
Quim

miércoles, 22 de mayo de 2013

To the wonder

To the wonder (2013), Terrence Malick


No puedo esconder mi decepción. Aun así, hay que reconocer que era harto complicado que la inolvidable experiencia de El árbol de la vida (2011) no le pasase factura al siguiente ejercicio de Malick. Los que me conocen saben cómo defendí la anterior cinta de este controvertido director. Tampoco soy devoto del mismo. No penetré en La delgada linea roja (1998), y con El nuevo mundo (2005) fui de menos a más, pues no me llegó la primera vez pero sí volviendo a verla el año pasado (será que estaba yo en otra onda :-).
El otro día hablaba del frenético ritmo en rodar pelis de Soderbergh (que ahora parará precisamente). Malick es el lado opuesto. Cuatro pelis del 73 al 2005. Pero ahora se ha acelerado, y no para bien. Dos pelis en 3 años y 3 más en post-producción.
Donde quiero poner el acento es en el cambio tras El árbol de la vida (2011). Antes combinaba dentro de sus films la narrativa convencional con esa lírica visual centrada en los pensamientos y sentimientos de sus protagonistas. Pero ahora ha decidido quedarse exclusivamente con esto último. Claro, si bañas eso con un mensaje de la trascendencia y poder de El árbol de la vida (2011) y lo acompañas de imagenes desmayantes, pues es una cosa. Pero si te pasas 2 horas dándole vueltas a lo mismo con 4 personajes y con sus característicos bailes de encuadre y sintonía mística, pues es otra cosa. Mención aparte para la participación de Bardem en el papel de cura en pueblo perdido: ¿por qué lo escogió a él?
La pregunta que surge entonces es: ¿cuál era su intencion con esta última peli? Se centra en el amor, tanto el de pareja como el espiritual, vinculado a la fe. Un tema infinito, pero que con el invariable tono mencionado consigue convertir en redundante. Tampoco le ayudan algunas reflexiones, en ocasiones interesantes, pero que por momentos están cerca de ser banales.
En cuanto a su mensaje, y viniendo de quien viene, será normal que cada uno interprete a su antojo. Lo que yo respiré es que Malick plasma la dificultad que nos supone integrar nuestra individualidad en el conjunto en el que todos vivimos. Ocupar un lugar y sentirnos a gusto en él es un reto, a veces, titánico. La profesión de Ben Affleck en la peli es para mi la muestra de que vivimos rodeados de un tipo especial de contaminación, que bombardea nuestra propia determinación para hallar ese lugar. No vivimos suficientemente dentro de nosotros mismos. Somos islas que queremos formar parte de un continente. Si es así me parece maravillosa la metáfora del Mont Saint Michel.
Pero insisto en que el resultado me parece saturado. Me llama la atención la ingente cantidad de material que este hombre debió rodar para esta peli. Y ya no digamos lo que tuvo que ser montarlo. Pero Malick no monta peliculas. Sin duda, monta experiencias. Lo que ocurre es que en esta ocasión descuidó el todo por las partes.

PARA: los que nadan como pez en el agua ante films alejados de convencionalismos
ABSTENERSE: los que se ahogaron con El árbol de la vida o ni siquiera se zambulleron en ella

sábado, 25 de febrero de 2012

El nuevo mundo

DVDteca:
El nuevo mundo (2005), Terrence Malick

Ignoro si la reciente obra mayúscula de Malick se empezó a fraguar o no durante éste, su anterior film, pero bien podría haber sido así. Este mágico canto a una vida en harmonía con la naturaleza recuerda en muchos momentos, especialmente durante su primer tercio, a la hipnótica El árbol de la vida. Casualidad o no, en un instante del film una mujer insiste en que debemos vivir como lo hace el árbol, que aun atacando sus raices o cortándole una rama se abre paso a la vida.
Tampoco sé porqué habrá recurrido a un cuento como Pocahontas, pero me lo puedo imaginar. Por el hecho de conocer la historia (quien más quien menos) el espectador debería empaparse más del viaje en sí mismo. Un viaje del todo absorbente. Con un elemento omnipresente: el agua. Procedentes de un oceano solo apuntado, la historia se recrea en detalles alrededor de un río. El río de la vida. Un paraíso.
Y con este paraje como auténtico protagonista de la película, Malick no escatima en mensajes que lo único que persiguen es hacernos reflexionar sobre lo maravillosa que puede ser la vida si nos integramos plenamente en ella, con ánimo exclusivamente de vivir y convivir, con los nuestros y con nuestro entorno.
La belleza y fuerza de las imágenes y voces del primer tercio son embriagadoras. Hasta el punto de que cuando el personaje de Colin Farrell vuelve al fuerte el contrapunto es notable. El efecto que provoca en nosotros ver las cabañas de madera y el barro del terreno es el de estar viendo cemento y asfalto.
La única lástima, en mi opinión, es la incursión del final en el viejo mundo. Se la podría haber ahorrado. Casi se podría incluso haber insinuado sin mostrarse. Ya sé que parece una locura, pero es que uno se abandona sin darse cuenta a esa idea de pureza, del ansiado edén. En pleno delirio durante el visionado puedes llegar incluso a fantasear pensando que algún día deberíamos tener derecho a ese nuevo mundo. A volver a prescindir de todos los cables que nos rodean y que estrangulan nuestra consciencia para poder formar parte del mundo de una manera más natural.

PARA: cualquiera que pueda conmoverse con un paisaje o con una imagen
ABSTENERSE: los que crean que una peli sólo se disfruta por su argumento

viernes, 24 de febrero de 2012

Oscars 2012

Oscars 2012, diez nominadas


10 películas comentadas en este blog han sido nominadas a los próximos Oscars en una o más categorías. Como es obvio, faltan varias por ver y creo que la próxima será La invención de Hugo, de Don Scorsese.
No voy a entrar mucho en pronósticos, pero parece que será The Artist la que se lleve el gato al agua. ¿Preferencias? pues sí, por pedir que no quede. Rompo una lanza en favor de la inigualable El árbol de la vida.
De momento, os dejo con estas diez.

   1. The Artist, 9 nominaciones
    • Película
    • Director
    • Actor
    • Actriz de reparto
    • Guión original
    • Banda sonora original
    • Fotografía
    • Dirección de arte
    • Vestuario 
   2. Los descendientes, 5 nominaciones
    • Película
    • Director
    • Actor
    • Guión adaptado
    • Montaje
   3. Midnight in Paris, 4 nominaciones
    • Película
    • Director
    • Guión original
    • Dirección de arte
   4. El árbol de la vida, 3 nominaciones
    • Película
    • Director
    • Fotografía
    5. El topo, 3 nominaciones
    • Actor
    • Guión adaptado
    • Banda sonora original
   6. La dama de hierro, 2 nominaciones
    •  Actriz
    • Maquillaje
   7. Nader y Simin. Una separación, 2 nominaciones
    • Guión original
    • Pelicula extranjera
   8. Drive, 1 nominación
    • Edición de sonido
   9. Jane Eyre, 1 nominación
    •  Vestuario
   10. Tintín, El secreto del Unicornio, 1 nominación
    • Banda sonora original

miércoles, 5 de octubre de 2011

El árbol de la vida

El árbol de la vida, Terrence Malick (2011)



Aproximadamente una vez al año recuerdo que el cine, como la vida, puede ser maravilloso, como decía Montes. Normalmente, una película te sorprende cuando no te has creado una expectativa previa. Pero en este caso ríos y ríos de tinta han corrido para ensalzar o enterrar esta película. Así que acudí al cine con un cocktail de expectativas. Y todo voló por los aires. Yo incluido. ¡Qué espectáculo! ¡Qué emoción! ¡Qué película!
Lo primero que me vino a la cabeza al terminar fue un sentimiento de lástima hacia mucha gente que no la podrá disfrutar. Unos por no poder verla y otros aun pudiendo verla.
¿A qué me refiero? Daré un pequeño rodeo. Me refiero al hecho de estar receptivos. Ya demostró Masaru Emoto el poder receptivo del agua. Y vale recordar que somos agua en un 75%. Sus mensajes del agua demuestran hasta qué punto somos sensibles a captar… si nuestra mente no lo impide.
Y Malick nos da la oportunidad de captar algo inmenso, pero no por ello indescifrable, aunque se atreva a tocar el tema más complejo que podemos imaginarnos: la vida.
Y ahí entramos nosotros. No se puede ir a ver esta película con una venda en los ojos y tapones en los oídos.  Debemos ir abiertos, receptivos, plenos y dispuestos a darnos un baño de consciencia que alcance lo más profundo que hay en nosotros: nuestro ser.
Al entrar en el cine, repito: el CINE (allá él quien se descargue viéndola de otra manera) hay que dejar la mente aparcada en el guardarropía. No hace falta pensar. No debemos pensar. Los millones de sentimientos que llegaran a nuestro ser ya se encargarán de provocar pensamientos aun mucho tiempo después de haber visto la película. Pero vamos a la película.
Lo que hace Malick es abordar el tema desde sus dos extremos: la creación y el ser humano. En mi opinión, el primer megamensaje que da la película se produce alrededor del minuto 20. Contrasta a una familia rota por la pérdida de un ser querido con la inmensidad de todo lo creado. Y parece que nos susurre: “Si no has pedido explicaciones por TODO lo que se te ha dado, no las pidas por lo que se te quite”. Y, a su vez, proporciona el tamaño de nuestros dramas: literalmente, no somos nada comparados con la vida en toda su extensión. Por lo tanto, ¿qué hay que merezca tanto tu atención como para no hacer lo único que debes hacer? Vive.
Y en ese instante, también aparece un plano maravilloso. Una familia de dinosaurios ha perdido a uno de los suyos, que agoniza. La llegada de un depredador nos provoca la clásica impresión de que se impondrá la ley de la evolución, la ley del más fuerte. Pero el depredador no ejerce su papel. Incluso en un marco tan salvaje aparece la compasión. Aparece el amor. Y por si fuera poco, relaciona esa escena con otra más adelante, en la que los niños juegan en ese mismo punto del río, millones de años después.
Mi interpretación de la familia protagonista es muy personal. El padre es el ser humano, que se complica su existencia autoimponiéndose un corsé en forma de normas y/o formas para organizarse y regir su destino, olvidándose de lo más importante: vivir. La madre es eso: la madre naturaleza, la que da la vida. Vive cada momento. Desde sentir la brisa en su cara, el agua de un aspersor en sus piernas o el amor que da indiscriminadamente. Y los hijos vuelven a reflejar los dos extremos de nuestras capacidades: empaparnos de vida (el rubio) o contaminarnos con nuestro corsé (el mayor). El debate es infinito: “El hombre es bueno por naturaleza” Rousseau, o “El hombre es un lobo para el hombre” Hobbes.
Y los papeles de la familia confluyen en el hijo mayor ya en su etapa madura. Se da cuenta de todo. Entiende y capta el sinsentido de la vida de la mayoría de los humanos. Su vida. Sin embargo, tampoco es tarde para él. La vida es un ciclo infinito. El encuentro final entendido como posterior a la muerte, tras cruzar esas puertas, sigue dando esperanza. En esa playa, en esa orilla entre la tierra y el mar, entre la vida y la muerte, hay encuentro y paz.
Hay algo que me impresiona aun más. La explicación a todo encaja en cualquier mentalidad. Tanto si creemos en el origen divino como en la pura naturaleza, la película nos encaja. Ya lo menciona en una frase bastante al principio, pero no encuentro lógico que surja de unas “monjas”.
Y lo más impactante de la película: sus imágenes. Aun no participando, ni queriendo participar de su sentido ni de la interpretación que cada uno haga, la película es un espectáculo continuo. Es más que llamativa la desbordante sucesión de imágenes mágicas. Tuve el placer de verla en el cine Verdi en HD y la boca no se me cerraba ante tanta maravilla.
Aunque sepa mal en obras maestras de este calado, nunca debemos dejar de aportar nuestra visión crítica. No entiendo porqué tiene que durar 2h15’. Es innecesario. La parte central, la que se centra específicamente en la familia, es redundante. Bajo mi punto de vista se centra demasiado en el hijo mayor, y demasiado poco en ese mismo personaje en su faceta adulta, que es precisamente cuando podría calar más su reflexión.
Para acabar, creo que esta película debe ayudarnos a tomar conciencia de que antes que cualquier otra cosa somos vida. Una vida constante, inabarcable y eterna. Y somos un potencial infinito que nunca deja de crecer, de dentro hacia fuera. Siempre en ese sentido, como le gusta recordar a una persona muy inspiradora que entenderá como pocos el mensaje de esta película: Antonio Jorge Larruy, desde su Espacio Interior.
Gracias Antonio por haberme ayudado a disfrutar de este espectáculo. Del espectáculo de la vida.
Y gracias Alberto por insistir. Gracias hermano.