Stoker (2013), Park Chan-Wook
Curiosa mezcla la de esta peli. Dirección a cargo de un surcoreano, producción de los hermanos Scott, actores en auge, en declive y estancados, y guión de un actor que nada tiene que ver con el estilo de su conjunto. Vamos por partes.
El gancho que funcionó en mi caso fue el del director. No es que sea extremadamente popular ni conocido mundialmente entre el gran público, pero Park Chan-Wook es un realizador suficientemente reconocido con varios premios, como en el mismísimo Cannes, sin ir más lejos. Yo sólo había visto una peli suya, pero es, sin duda, una de las 3-4 pelis que más me ha sorprendido en toda mi vida: Old Boy (2003). Peli no apta para muchos ojos (ni estómagos), pero imprescindible para el resto.
La principal diferencia con respecto a su trabajo en el film que nos ocupa es que aquí el guión no es suyo. Y se nota. Para sorpresa de todos su autor es Wentworth Miller, el protagonista de la serie Prison Break. Visto así, tiene su mérito, pero el mérito no es lo que nos salva una peli. El sello de Chan-Wook es obvio visualmente, pero no es el mismo cuando está huérfano de la rotundidad de su narrativa.
No me cansaré de defender que el factor más relevante, con mucha diferencia, a la hora de atrapar a un espectador es la historia. Se inspira en La sombra de una duda (1943), que firmó hace 70 años el maestro Hitchcock, pero está lejos de saber gestionar algo que el inglés dominó como pocos: el balanceo de la historia. Durante la primera hora abusa de un patrón basado en presentarnos repetidamente al personaje misterioso, por un lado, y de confrontar las contenidas reacciones de la protagonista por otro. Nada que ver con una última media hora mucho más a la altura de lo que se podía esperar del sello surcoreano como exponente del thriller barroco pasado de vueltas, y que encuentra su título en el apellido del autor original de Drácula.
Las interpretaciones no están mal, pero tampoco consiguen por sí mismas elevar el film. Tres caras distintas. Mia Wasicowska, la Alicia de Tim Burton, es sin duda la que irá a más, aunque me impresionó mucho más en Jane Eyre (2011). Matthew Goode es una cara vista (Match Point (2005), de Woody Allen) pero que tampoco pasa de ser carne de secundario. Lo peor para mi ha sido ver a la actual Nicole Kidman. Si de caras hablamos, la transformación que ha sufrido la suya me impide concentrarme en su interpretación. No le vaticino un futuro fácil a la australiana.
La sensación que me quedó al final es que éste podría haber sido un gran mediometraje, de 40-45 minutos de duración. Lástima que, con la época que vivimos, el patio no esté para experimentos.
PARA: jóvenes y desencorsetados espectadores que gozan con la cultura visual made in S.XXI
ABSTENERSE: cualquiera que goce más con escuchar o leer una historia que con verla
La vida es un guión que unos leen y otros interpretan, pero que sólo tú escribes. Está en tu mano.
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martes, 28 de mayo de 2013
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Jane Eyre
Cartelera:
Jane Eyre (2011), Cary Fukunaga
Lo primero que se terciaría ante una obra literaria adaptada por enésima vez, tanto para la gran como para la pequeña pantalla, sería una inevitable comparación. Pues lo siento. No había visto ninguna de las anteriores. Así que he asistido con ganas de reparar ese sano desconocimiento de la famosa obra de Charlotte Brontë. Insisto, no sé qué nivel alcanzaron las anteriores, pero me descubro ante ésta.
Creo que el primer esfuerzo que exige una peli de época es el de intentar no condicionarse por la indudablemente numerosa cantidad de películas de este corte que todos hemos visto. Desde ese ángulo diría que no impacta lo más mínimo. Comentario un poco cruel, porque el nivel de exigencia de hoy en día, tanto en el cine de ciencia ficción como en éste, es alto en lo que a dirección artística se refiere.
Tampoco me voy a detener en aspectos originales de la novela (partiendo de la base de que haya sido fiel). Sí me apetece destacar que es una historia de amor con mayúsculas, y de las golosas para ser contada en imágenes, lo que sin duda explica su repetida adaptación.
De su producción me quedaría con dos aspectos: fotografía y música. En el primero, llama la atención el manejo de la oscuridad. Muy coherente no sólo con la época, sino con el tormento de los personajes. Sin duda habrá influido la experiencia en este campo de su joven y talentoso director. En cuanto a la música, me parece simplemente de una gran elegancia. Nunca destaca especialmente, pero no deja de acariciar durante todo el film.
Y he dejado para el final mi mayor sorpresa. Conocía a parte del reparto. Como no, a la siempre espléndida Judy Dench, al ultimamente omnipresente Michael Fassbender y hasta al ex-niño bailarin Jamie Bell, de Billy Elliot. Pero a quien no conocía es a la Srta. Mia Wasikowska.
Este pedazo de actriz merece mención aparte. Con 22 añitos realiza una impresionante interpretación en un papel más que difícil, haciendo un alarde de emotividad contenida que, aunque obligados por el personaje, ya me gustaría ver en más de una actriz consagrada. Apuntaros este nombre porque la vamos a ver muchas más veces. Empezando por Restless, la nueva película de Gus Van Sant. Con ganas de verla.
PARA: Románticos puros
ABSTENERSE: Adictos a emociones animales de la saga Crepúsculo
Jane Eyre (2011), Cary Fukunaga
Lo primero que se terciaría ante una obra literaria adaptada por enésima vez, tanto para la gran como para la pequeña pantalla, sería una inevitable comparación. Pues lo siento. No había visto ninguna de las anteriores. Así que he asistido con ganas de reparar ese sano desconocimiento de la famosa obra de Charlotte Brontë. Insisto, no sé qué nivel alcanzaron las anteriores, pero me descubro ante ésta.
Creo que el primer esfuerzo que exige una peli de época es el de intentar no condicionarse por la indudablemente numerosa cantidad de películas de este corte que todos hemos visto. Desde ese ángulo diría que no impacta lo más mínimo. Comentario un poco cruel, porque el nivel de exigencia de hoy en día, tanto en el cine de ciencia ficción como en éste, es alto en lo que a dirección artística se refiere.
Tampoco me voy a detener en aspectos originales de la novela (partiendo de la base de que haya sido fiel). Sí me apetece destacar que es una historia de amor con mayúsculas, y de las golosas para ser contada en imágenes, lo que sin duda explica su repetida adaptación.
De su producción me quedaría con dos aspectos: fotografía y música. En el primero, llama la atención el manejo de la oscuridad. Muy coherente no sólo con la época, sino con el tormento de los personajes. Sin duda habrá influido la experiencia en este campo de su joven y talentoso director. En cuanto a la música, me parece simplemente de una gran elegancia. Nunca destaca especialmente, pero no deja de acariciar durante todo el film.
Y he dejado para el final mi mayor sorpresa. Conocía a parte del reparto. Como no, a la siempre espléndida Judy Dench, al ultimamente omnipresente Michael Fassbender y hasta al ex-niño bailarin Jamie Bell, de Billy Elliot. Pero a quien no conocía es a la Srta. Mia Wasikowska.
Este pedazo de actriz merece mención aparte. Con 22 añitos realiza una impresionante interpretación en un papel más que difícil, haciendo un alarde de emotividad contenida que, aunque obligados por el personaje, ya me gustaría ver en más de una actriz consagrada. Apuntaros este nombre porque la vamos a ver muchas más veces. Empezando por Restless, la nueva película de Gus Van Sant. Con ganas de verla.
PARA: Románticos puros
ABSTENERSE: Adictos a emociones animales de la saga Crepúsculo
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