Cartelera:
Moonrise kingdom (2012), Wes Anderson
No tenía el placer de conocer a este singular director, pero como siga haciendo películas como ésta deberemos guardarle un rincón más que especial en nuestra memoria sobre nuevo cine.
Maneras de abordar el universo infantil en el cine ha habido infinitas, pero ésta merece un capítulo propio. El principio es toda una declaración de intenciones en muchos sentidos. La realización es deslumbrante por su originalidad y plasticidad. Posee un estilo exquisito para transmitirte la impresión de que estás leyendo un libro infantil dirigido al público adulto, basado en ilustraciones, a la vez que aprovecha impecablemente el medio.
De esta manera, nos hace avanzar en la historia muy fluidamente, identificando constantemente un sello muy peculiar basado en un tono inclasificable, pero reconocible. 100% comedia de la buena.
Por si esto fuese poco, el señor se ha sabido rodear de un elenco de consagrados artistas que sería protagonista en cualguier película americana, indie o comercial.
Lo que no me acaba de encajar es la interrupción que se hace de ese estilo a mitad película. Adquiriere entonces, durante un lapsus de tiempo, un aire de drama más convencional basado en una serie de dialogos por parejas que pretenden darle una trascendencia a modo de sermón o mensaje. No lo necesitaba, a mi entender, porque traiciona, en cierto modo, esa genuina huella que nos deja durante todo el resto del film.
Un sincero placer el poder disfrutar, aunque sea tan de vez en cuando, de nuevas maneras de entender y de disfrutar este arte infinito y apasionante.
PARA: amantes de la comedia en su más amplio espectro
ABSTENERSE: los que se sienten incómodos cuando no pueden clasificar una peli
La vida es un guión que unos leen y otros interpretan, pero que sólo tú escribes. Está en tu mano.
miércoles, 27 de junio de 2012
Moonrise kingdom
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The yellow sea
The yellow sea (2011), Hong-jin Na
El cine de acción oriental lleva ya mucho tiempo produciendo títulos tan impactantes como éste. El mismísimo Quentin Tarantino ya se rindió a él antes de empezar su carrera. De hecho le inspiró gran parte de su cine.
Durante más de 2 horas, el joven director surcoreano de esta película, premiado en el pasado Festival de Sitges, nos da un garbeo por los oscuros rincones de la frontera de China con Corea, sin escatimar localizaciones. Cine negro 100%, acción, gran protagonista, buen antagonista y mejorables personajes secundarios.
La primera mitad de la peli es trepidante. Anclado en un buen guión suyo, el director sabe combinar a las mil maravillas el pulso dramático con la acción, sin perderse en aspectos superfluos ni alejados de lo que la historia pide.
Sin embargo, esa profundidad dramática que se empieza a tejer con buen tino se irá abandonando poco a poco en beneficio de una violencia extrema, a la vez que el guión se banaliza en su segunda mitad.
Lo de la violencia no me molesta por sí misma. Es cine de acción. Si no te gusta no lo veas. Lo que me decepciona es que esa violencia no esté bien justificada por el guión, porque entonces se convierte en algo que se va a ver al cine, en lugar de sentirlo. Y es que en esta ocasión la violencia se lleva a un extremo suficientemente explícito como para tumbar a cualquiera que tenga un nivel de pudor al límite.
El mejor ejemplo que existe de cómo combinar esa acción desfasada con una historia potente es Oldboy (2003). Un clásico contemporáneo que, no por casualidad, se halla entre las 100 películas más aclamadas de la historia. Obligada para todo aquel que disfrute con el cine negro ... y que ya haya comido.
PARA: descubrir qué tipo de cine de acción se lleva décadas haciendo en oriente
ABSTENERSE: los que consideren que Gladiator es una peli violenta
El cine de acción oriental lleva ya mucho tiempo produciendo títulos tan impactantes como éste. El mismísimo Quentin Tarantino ya se rindió a él antes de empezar su carrera. De hecho le inspiró gran parte de su cine.
Durante más de 2 horas, el joven director surcoreano de esta película, premiado en el pasado Festival de Sitges, nos da un garbeo por los oscuros rincones de la frontera de China con Corea, sin escatimar localizaciones. Cine negro 100%, acción, gran protagonista, buen antagonista y mejorables personajes secundarios.
La primera mitad de la peli es trepidante. Anclado en un buen guión suyo, el director sabe combinar a las mil maravillas el pulso dramático con la acción, sin perderse en aspectos superfluos ni alejados de lo que la historia pide.
Sin embargo, esa profundidad dramática que se empieza a tejer con buen tino se irá abandonando poco a poco en beneficio de una violencia extrema, a la vez que el guión se banaliza en su segunda mitad.
Lo de la violencia no me molesta por sí misma. Es cine de acción. Si no te gusta no lo veas. Lo que me decepciona es que esa violencia no esté bien justificada por el guión, porque entonces se convierte en algo que se va a ver al cine, en lugar de sentirlo. Y es que en esta ocasión la violencia se lleva a un extremo suficientemente explícito como para tumbar a cualquiera que tenga un nivel de pudor al límite.
El mejor ejemplo que existe de cómo combinar esa acción desfasada con una historia potente es Oldboy (2003). Un clásico contemporáneo que, no por casualidad, se halla entre las 100 películas más aclamadas de la historia. Obligada para todo aquel que disfrute con el cine negro ... y que ya haya comido.
PARA: descubrir qué tipo de cine de acción se lleva décadas haciendo en oriente
ABSTENERSE: los que consideren que Gladiator es una peli violenta
viernes, 15 de junio de 2012
Le Havre
Le Havre (2011), Aki Kaurismäki
Cine de aquellos que mejor representan la etiqueta de cine de "autor". Kaurismäki es uno de sus más conocidos exponentes europeos, y el director finlandés más famoso.
Su estilo es tan personal (como mandan los cánones) que es imposible que genere opiniones homogéneas. Posee una especie de código visual con el que podemos identificarnos según el día, la peli, el momento de la peli o lo que sea. Pero es muy singular.
Planos fijos, la cámara apenas se mueve. Interpretaciones secas, austeras, pero que no por ello carecen de emoción. Una narración que, de tan lineal y sólida, se acerca a la de un cuento. Una fotografía que, como he leído en alguna crítica, recuerda a los cuadros de Edward Hopper, cuya exposición ha sido recientemente inaugurada en Madrid (para variar). No sólo por la luz, sino también por retratar a unos personajes cuya mirada al infinito te transmite, por un lado, una sensación de vacío, pero por otro, están llenas de sentimiento contenido.
Este cuento está repleto de sinceridad y bondad humana, y rebosa esperanza por todos lados. El tema es que todo él rezuma un aroma tan naif que la mella que pueda hacer en cada uno dependerá a buen seguro de mil imponderables de nuestra alocada vida. Donde uno vea ternura, el otro verá compasión. Donde uno vea altruismo, el otro verá ingenuidad. Y donde uno vea amistad, el otro verá interés.
Sea como sea, mi visión particular es que la mezcla entre cuento, drama social y estilo escandinavo es demasiado áspera como para llegar a gozar en el cine. No pongo en duda su mérito, porque entiendo que a mucha gente le pueda fascinar esta combinación, pero mi idea de experiencia en cuanto a saborear un cuento de cine está (por poner un extremo) más cercana a la de Big fish, o Eduardo Manostijeras, ambas de Tim Burton. Sin que sirva de precedente.
PARA: fieles seguidores del cine personal made in Europe
ABSTENERSE: fieles seguidores del pasional cine personal made in Spain
Cine de aquellos que mejor representan la etiqueta de cine de "autor". Kaurismäki es uno de sus más conocidos exponentes europeos, y el director finlandés más famoso.
Su estilo es tan personal (como mandan los cánones) que es imposible que genere opiniones homogéneas. Posee una especie de código visual con el que podemos identificarnos según el día, la peli, el momento de la peli o lo que sea. Pero es muy singular.
Planos fijos, la cámara apenas se mueve. Interpretaciones secas, austeras, pero que no por ello carecen de emoción. Una narración que, de tan lineal y sólida, se acerca a la de un cuento. Una fotografía que, como he leído en alguna crítica, recuerda a los cuadros de Edward Hopper, cuya exposición ha sido recientemente inaugurada en Madrid (para variar). No sólo por la luz, sino también por retratar a unos personajes cuya mirada al infinito te transmite, por un lado, una sensación de vacío, pero por otro, están llenas de sentimiento contenido.
Este cuento está repleto de sinceridad y bondad humana, y rebosa esperanza por todos lados. El tema es que todo él rezuma un aroma tan naif que la mella que pueda hacer en cada uno dependerá a buen seguro de mil imponderables de nuestra alocada vida. Donde uno vea ternura, el otro verá compasión. Donde uno vea altruismo, el otro verá ingenuidad. Y donde uno vea amistad, el otro verá interés.
Sea como sea, mi visión particular es que la mezcla entre cuento, drama social y estilo escandinavo es demasiado áspera como para llegar a gozar en el cine. No pongo en duda su mérito, porque entiendo que a mucha gente le pueda fascinar esta combinación, pero mi idea de experiencia en cuanto a saborear un cuento de cine está (por poner un extremo) más cercana a la de Big fish, o Eduardo Manostijeras, ambas de Tim Burton. Sin que sirva de precedente.
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