En la casa (2012), François Ozon
Había ganas de ver la ganadora del último y glamuroso festival de San Sebastian. Y la verdad es que no me ha defraudado en absoluto. Es la típica clase de peli que funciona cuando te sorprende. Pero en lugar de ir al cine como vamos a veces, sin expectativa alguna, acudí con el listón subidito. Ahí empieza el mérito que creo que, indudablemente, tiene de por sí.
Y es que los ingredientes no pueden ser más austeros: Un matrimonio, un alumno de él, y una familia. Una casa, un colegio y otra casa. El director y guionista adapta muy hábilmente para el cine una obra teatral de Juan Mayorga.
Pues con estas enclenques fichas de partida, Ozon nos construye un juego casero al que saca un partido envidiable. El guión es una delícia por como combina tantos elementos: saltos en el
tiempo, voz en off, localizaciones y, especialmente, el solapamiento
entre la historia que nos cuentan y la que hay dentro de la misma.
De entrada, nos atrapa gracias a una de las verdades más propias de la condición humana: somos unos cotillas. Sólo por las ganas de saber más nos subimos al carro de la historia. Pero, a medida que ésta avanza, aunque podamos adelantar por dónde pueden ir los tiros, nos acabamos viendo envueltos en una dimensión desconocida, o al menos imprevista. Algo que, de hecho, nos ocurre en la vida real: ¿cuántas de las cosas en las que pensamos son fruto de los hechos reales o son producto de nuestra imaginación?
Bajo otro enfoque, hablamos de la capacidad del cine para teletransportarnos sin nuestro control y mediante el influjo de la narrativa. Llega un punto de la película en el que uno se pregunta si está entendiendo lo que el autor le está exponiendo o si, por el contrario, está poniendo más cosecha propia de la cuenta. Vale, más de uno dirá que es esto mismo exactamente lo que pretende el arte. Sin embargo, la capacidad para evocar suele ser más rica cuanto mayor sea la abstracción o la inconcreción de la obra. ¿Tiene esta obra una lectura lineal e inequívoca? Sí, pero algo por dentro nos perturba provocándonos preguntas acerca de nuestras interpretaciones.
Por lo demás, los actores están mejor unos qué otros. Llama la atención el espléndido francés de Scott Thomas, las tablas de la veterana Emmanuelle Seigner (wow! 20 años ya de Lunas de hiel) y la buena elección del chaval protagonista (21 años de edad en la vida real), pero si la cinta funciona tan bien en su conjunto es gracias al super trabajo de Fabrice Luchini.
Por resumirla en una frase, diría que es un homenaje a las personas que no pueden evitar sentirse mucho más atraidos por el mundo imaginario que por el que nos ha tocado vivir... aunque por momentos se confundan.
PARA: los que prefieran arriesgarse a encontrar cine inteligente
ABSTENERSE: los que equiparen ese riesgo al del salto de Baumgartner pero sin paracaíadas
La vida es un guión que unos leen y otros interpretan, pero que sólo tú escribes. Está en tu mano.
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jueves, 15 de noviembre de 2012
jueves, 18 de octubre de 2012
Atraco
Pre-estreno:
Atraco (2012), Eduard Cortés
para La Finestra Digital
Presentada fuera de concurso oficial en el reciente festival de San Sebastián y acompañada de un gran éxito en Argentina, nos llega una película que recuerda en varias cosas a la oscarizada y genial cinta de Juan José Campanella El secreto de sus ojos (2009). No es una casualidad que los mismos productores intenten aprovechar el filón de aquella. No llega a su altura pero no la desmerece ni muchísimo menos.
La historia está exquisitamente ambientada en el Madrid de los 50, pero también puntualmente en Panamá. Parte de hechos reales en torno al atraco en una conocida joyería de la capital, que pretendía contrarrestar uno de los "asaltos" que durante la época realizaba a su manera Doña Carmen Polo de Franco. La acción se desarrolla alrededor de un rocambolesco plan para conseguir retener unas joyas históricas. Los hechos no fueron aclarados y en este caso son reinterpretados muy libremente.
Lo primero que llama muy positivamente la atención nada más iniciarse su visionado es el extremo cuidado que se ha avocado en su producción. Un envidiable detalle en todas sus facetas artísticas, desde el vestuario, la música, una impecable dirección de arte y, especialmente, un gran casting, nos invitan a relajarnos y disfrutar de lo que está por llegar.
Lo que se nos ofrece es una elegante combinación de géneros hábilmente presentados. No confundamos con mezcla de géneros, recurso ya utilizado en los últimos años por películas con marcado acento de autor, que desenbocan en productos a menudo inclasificables. El caso que nos ocupa bebe de los viejos cánones de géneros puros como la comedia, el thriller o el drama, y su singularidad radica en que no los agita, sino que los utiliza en un orden bien calculado para gestionar nuestras emociones. Los giros que el guión provoca en la historia son también giros en la relación de la obra con el espectador.
Para poder acometer un reto como el mencionado son necesarios varios recursos que el director maneja con éxito. Además del mencionado buen uso de los elementos artísticos, cabe destacar una superficial pero equilibrada combinación de los tópicos en torno a los sentimientos de ciudadanos de dos países como España y Argentina durante la citada época.
Mención aparte merece el trabajo de dos consagrados actores argentinos que encarnan a dos de los principales personajes. Por un lado Guillermo Francella, inolvidable secundario en la mencionada El secreto de sus ojos, y muy conocido en su país como actor de comedia. Aquí nos ofrece una interpretación mucho más rica, incorporando matices de los tres géneros mencionados. Ante un papel que le reserva momentos muy diversos, sabe estar en todo momento a la altura, sin acentuar nunca de más donde otros lo habrían hecho. Por otra parte, pero con un papel en la historia mucho menos extenso y flexible, encontramos a un excelente Daniel Fanego. El suyo es uno de los casos donde se puede comprobar que la experiencia es un grado. En sus escenas es dueño y señor de la pantalla.
Un aspecto en el que el filme no acaba de ser plenamente redondo es la construcción de algunas relaciones. La pareja formada por los personajes de Amaia Salamanca y Nicolas Cabré en ningún momento funciona a la altura del conjunto. Podríamos decir incluso que la falta de una mejor construcción y desarrollo de la misma, tratada con una consabida pero exagerada superficialidad, restaincluso enteros en la película. Diferente es el caso de la pareja de policías, encarnada por Jordi Martinez (irreconocible Kubala de la serie de TV3) y Oscar Jaenada. La acertada estructura del guión les reserva un metraje tan escueto que nos deja con la sensación de haber podido ser otro punto destacado en caso de haberse podido expandirse.
PARA: cualquiera que disfrutase con El secreto de sus ojos
ABSTENERSE: los que hayan aparcado el cine con aire vintage y busquen sólo nuevas fórmulas
Atraco (2012), Eduard Cortés
para La Finestra Digital
Presentada fuera de concurso oficial en el reciente festival de San Sebastián y acompañada de un gran éxito en Argentina, nos llega una película que recuerda en varias cosas a la oscarizada y genial cinta de Juan José Campanella El secreto de sus ojos (2009). No es una casualidad que los mismos productores intenten aprovechar el filón de aquella. No llega a su altura pero no la desmerece ni muchísimo menos.
La historia está exquisitamente ambientada en el Madrid de los 50, pero también puntualmente en Panamá. Parte de hechos reales en torno al atraco en una conocida joyería de la capital, que pretendía contrarrestar uno de los "asaltos" que durante la época realizaba a su manera Doña Carmen Polo de Franco. La acción se desarrolla alrededor de un rocambolesco plan para conseguir retener unas joyas históricas. Los hechos no fueron aclarados y en este caso son reinterpretados muy libremente.
Lo primero que llama muy positivamente la atención nada más iniciarse su visionado es el extremo cuidado que se ha avocado en su producción. Un envidiable detalle en todas sus facetas artísticas, desde el vestuario, la música, una impecable dirección de arte y, especialmente, un gran casting, nos invitan a relajarnos y disfrutar de lo que está por llegar.
Lo que se nos ofrece es una elegante combinación de géneros hábilmente presentados. No confundamos con mezcla de géneros, recurso ya utilizado en los últimos años por películas con marcado acento de autor, que desenbocan en productos a menudo inclasificables. El caso que nos ocupa bebe de los viejos cánones de géneros puros como la comedia, el thriller o el drama, y su singularidad radica en que no los agita, sino que los utiliza en un orden bien calculado para gestionar nuestras emociones. Los giros que el guión provoca en la historia son también giros en la relación de la obra con el espectador.
Para poder acometer un reto como el mencionado son necesarios varios recursos que el director maneja con éxito. Además del mencionado buen uso de los elementos artísticos, cabe destacar una superficial pero equilibrada combinación de los tópicos en torno a los sentimientos de ciudadanos de dos países como España y Argentina durante la citada época.
Mención aparte merece el trabajo de dos consagrados actores argentinos que encarnan a dos de los principales personajes. Por un lado Guillermo Francella, inolvidable secundario en la mencionada El secreto de sus ojos, y muy conocido en su país como actor de comedia. Aquí nos ofrece una interpretación mucho más rica, incorporando matices de los tres géneros mencionados. Ante un papel que le reserva momentos muy diversos, sabe estar en todo momento a la altura, sin acentuar nunca de más donde otros lo habrían hecho. Por otra parte, pero con un papel en la historia mucho menos extenso y flexible, encontramos a un excelente Daniel Fanego. El suyo es uno de los casos donde se puede comprobar que la experiencia es un grado. En sus escenas es dueño y señor de la pantalla.
Un aspecto en el que el filme no acaba de ser plenamente redondo es la construcción de algunas relaciones. La pareja formada por los personajes de Amaia Salamanca y Nicolas Cabré en ningún momento funciona a la altura del conjunto. Podríamos decir incluso que la falta de una mejor construcción y desarrollo de la misma, tratada con una consabida pero exagerada superficialidad, restaincluso enteros en la película. Diferente es el caso de la pareja de policías, encarnada por Jordi Martinez (irreconocible Kubala de la serie de TV3) y Oscar Jaenada. La acertada estructura del guión les reserva un metraje tan escueto que nos deja con la sensación de haber podido ser otro punto destacado en caso de haberse podido expandirse.
PARA: cualquiera que disfrutase con El secreto de sus ojos
ABSTENERSE: los que hayan aparcado el cine con aire vintage y busquen sólo nuevas fórmulas
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domingo, 14 de octubre de 2012
Lo imposible
Estrenos:
Lo imposible (2012), J.A. Bayona
Comentar una peli que reproduce espeluznantes hechos reales siempre me provoca la misma sensación: hay que separar al máximo su logro evocador de la experiencia de su logro como pieza cinematográfica. Y me parece necesario aclarar que su logro como conjunto no se alcanza tanto por la suma de ambos sino, probablemente, si el segundo supera al primero: si lo que se cuenta se ve superado por cómo se cuenta. Salvando todas las distancias, es algo que ya mencioné al comentar La voz dormida.
Yendo por pasos, la recreación del terrible tsunami que arrasó Tailandia es, en una palabra, sobrecogedora. Las escenas que muestran los territorios arrasados por la marea son más que impactantes. Pero, sin duda, las que pasarán a la historia del cine de catástrofes serán las que reproducen los instantes del momento de la devastación. Gracias a la filmación en un inmenso tanque con millones de litros de agua real, el film se recrea en transmitirnos todo el horror que pudimos haber imaginado y el que nos es imposible imaginar a los que no lo vivimos en primera persona. Cada rama, cada piedra, cada cristal hechos añicos eran armas que rajaron bajo el agua a cientos de miles de inocentes vidas que en ese preciso instante ni siquiera eran conscientes de ello. La mente no piensa. Sólo quieres respirar y sobrevivir. Todo el magistral detallismo de la primera parte radica en hacernos vivir con un realismo al borde de la crueldad lo que tuvo que ser pasar por ese trance. Y eso es algo que la mayoría de las pelis de catástrofes evita, obvia o descuida.
Claro, cuando las aguas vuelven a su cauce y conseguimos recuperarnos del impacto, resulta, precisamente, imposible que la peli mantenga ese pulso. Nuestra atención, absolutamente secuestrada, es liberada para asistir al deambuleo de los supervivientes en un escenario y en unas situaciones que ya son más imaginables, predecibles y conocidas. Y aunque no dejan de estar retratadas con una envidiable dirección artística, el abuso del recurso lacrimógeno desmerece lo conseguido hasta ese instante.
El cómo se nos cuenta, referido a la gestación de su desenlace, lastra de manera injusta el mérito de la primera parte. Aun así, sería igualmente injusto no reconocer las meritorias interpretaciones del hijo mayor y, sobretodo, de una espléndida Naomi Watts.
Pues en línea con lo mencionado al principio, el cómo cinematográfico no supera al cómo evocador de la tragedia. Pero, sea como sea, llevar a cabo una obra de semejante envergadura con esta pericia es algo que debe reconocerse con mayúsculas por encima de cualquier otra cosa.
PARA: amantes de las grandes producciones sin efectos especiales.
ABSTENERSE: aprensivos ante el drama humano y alérgicos al dramón.
Lo imposible (2012), J.A. Bayona
Comentar una peli que reproduce espeluznantes hechos reales siempre me provoca la misma sensación: hay que separar al máximo su logro evocador de la experiencia de su logro como pieza cinematográfica. Y me parece necesario aclarar que su logro como conjunto no se alcanza tanto por la suma de ambos sino, probablemente, si el segundo supera al primero: si lo que se cuenta se ve superado por cómo se cuenta. Salvando todas las distancias, es algo que ya mencioné al comentar La voz dormida.
Yendo por pasos, la recreación del terrible tsunami que arrasó Tailandia es, en una palabra, sobrecogedora. Las escenas que muestran los territorios arrasados por la marea son más que impactantes. Pero, sin duda, las que pasarán a la historia del cine de catástrofes serán las que reproducen los instantes del momento de la devastación. Gracias a la filmación en un inmenso tanque con millones de litros de agua real, el film se recrea en transmitirnos todo el horror que pudimos haber imaginado y el que nos es imposible imaginar a los que no lo vivimos en primera persona. Cada rama, cada piedra, cada cristal hechos añicos eran armas que rajaron bajo el agua a cientos de miles de inocentes vidas que en ese preciso instante ni siquiera eran conscientes de ello. La mente no piensa. Sólo quieres respirar y sobrevivir. Todo el magistral detallismo de la primera parte radica en hacernos vivir con un realismo al borde de la crueldad lo que tuvo que ser pasar por ese trance. Y eso es algo que la mayoría de las pelis de catástrofes evita, obvia o descuida.
Claro, cuando las aguas vuelven a su cauce y conseguimos recuperarnos del impacto, resulta, precisamente, imposible que la peli mantenga ese pulso. Nuestra atención, absolutamente secuestrada, es liberada para asistir al deambuleo de los supervivientes en un escenario y en unas situaciones que ya son más imaginables, predecibles y conocidas. Y aunque no dejan de estar retratadas con una envidiable dirección artística, el abuso del recurso lacrimógeno desmerece lo conseguido hasta ese instante.
El cómo se nos cuenta, referido a la gestación de su desenlace, lastra de manera injusta el mérito de la primera parte. Aun así, sería igualmente injusto no reconocer las meritorias interpretaciones del hijo mayor y, sobretodo, de una espléndida Naomi Watts.
Pues en línea con lo mencionado al principio, el cómo cinematográfico no supera al cómo evocador de la tragedia. Pero, sea como sea, llevar a cabo una obra de semejante envergadura con esta pericia es algo que debe reconocerse con mayúsculas por encima de cualquier otra cosa.
PARA: amantes de las grandes producciones sin efectos especiales.
ABSTENERSE: aprensivos ante el drama humano y alérgicos al dramón.
viernes, 15 de junio de 2012
Le Havre
Le Havre (2011), Aki Kaurismäki
Cine de aquellos que mejor representan la etiqueta de cine de "autor". Kaurismäki es uno de sus más conocidos exponentes europeos, y el director finlandés más famoso.
Su estilo es tan personal (como mandan los cánones) que es imposible que genere opiniones homogéneas. Posee una especie de código visual con el que podemos identificarnos según el día, la peli, el momento de la peli o lo que sea. Pero es muy singular.
Planos fijos, la cámara apenas se mueve. Interpretaciones secas, austeras, pero que no por ello carecen de emoción. Una narración que, de tan lineal y sólida, se acerca a la de un cuento. Una fotografía que, como he leído en alguna crítica, recuerda a los cuadros de Edward Hopper, cuya exposición ha sido recientemente inaugurada en Madrid (para variar). No sólo por la luz, sino también por retratar a unos personajes cuya mirada al infinito te transmite, por un lado, una sensación de vacío, pero por otro, están llenas de sentimiento contenido.
Este cuento está repleto de sinceridad y bondad humana, y rebosa esperanza por todos lados. El tema es que todo él rezuma un aroma tan naif que la mella que pueda hacer en cada uno dependerá a buen seguro de mil imponderables de nuestra alocada vida. Donde uno vea ternura, el otro verá compasión. Donde uno vea altruismo, el otro verá ingenuidad. Y donde uno vea amistad, el otro verá interés.
Sea como sea, mi visión particular es que la mezcla entre cuento, drama social y estilo escandinavo es demasiado áspera como para llegar a gozar en el cine. No pongo en duda su mérito, porque entiendo que a mucha gente le pueda fascinar esta combinación, pero mi idea de experiencia en cuanto a saborear un cuento de cine está (por poner un extremo) más cercana a la de Big fish, o Eduardo Manostijeras, ambas de Tim Burton. Sin que sirva de precedente.
PARA: fieles seguidores del cine personal made in Europe
ABSTENERSE: fieles seguidores del pasional cine personal made in Spain
Cine de aquellos que mejor representan la etiqueta de cine de "autor". Kaurismäki es uno de sus más conocidos exponentes europeos, y el director finlandés más famoso.
Su estilo es tan personal (como mandan los cánones) que es imposible que genere opiniones homogéneas. Posee una especie de código visual con el que podemos identificarnos según el día, la peli, el momento de la peli o lo que sea. Pero es muy singular.
Planos fijos, la cámara apenas se mueve. Interpretaciones secas, austeras, pero que no por ello carecen de emoción. Una narración que, de tan lineal y sólida, se acerca a la de un cuento. Una fotografía que, como he leído en alguna crítica, recuerda a los cuadros de Edward Hopper, cuya exposición ha sido recientemente inaugurada en Madrid (para variar). No sólo por la luz, sino también por retratar a unos personajes cuya mirada al infinito te transmite, por un lado, una sensación de vacío, pero por otro, están llenas de sentimiento contenido.
Este cuento está repleto de sinceridad y bondad humana, y rebosa esperanza por todos lados. El tema es que todo él rezuma un aroma tan naif que la mella que pueda hacer en cada uno dependerá a buen seguro de mil imponderables de nuestra alocada vida. Donde uno vea ternura, el otro verá compasión. Donde uno vea altruismo, el otro verá ingenuidad. Y donde uno vea amistad, el otro verá interés.
Sea como sea, mi visión particular es que la mezcla entre cuento, drama social y estilo escandinavo es demasiado áspera como para llegar a gozar en el cine. No pongo en duda su mérito, porque entiendo que a mucha gente le pueda fascinar esta combinación, pero mi idea de experiencia en cuanto a saborear un cuento de cine está (por poner un extremo) más cercana a la de Big fish, o Eduardo Manostijeras, ambas de Tim Burton. Sin que sirva de precedente.
PARA: fieles seguidores del cine personal made in Europe
ABSTENERSE: fieles seguidores del pasional cine personal made in Spain
miércoles, 22 de febrero de 2012
Elisa K
DVDteca:
Elisa K (2010), Judith Colell y Jordi Cadena
Una de las dicotomías que nunca ha dejado ni dejará de ocuparnos es la que se da entre fondo y forma. Para nada quiero dar a entender que exista un debate entre una y otra, entre una u otra. Evidentemente, lo ideal es que convivan lo máximo posible. Sin duda, las obras maestras siempre lo son por cómo combinan ambos aspectos. Para nuestra desgracia, vivimos una época en la que la forma lo es todo. Mientras que el fondo debe estar muy al fondo de nuestras preocupaciones, porque muchas veces brilla por su ausencia.
Ésta es una película arriesgada. Bastante arriesgada. Guión adaptado de su codirector y dirección de la actual vicepresidenta de la Academia de cine, se atreve a tocar un tema complejísimo, como la violación, siempre que se quiera tratar honestamente y sin efectismos. Y se arriesga doblemente al abordarlo de una forma poco convencional, cinematográficamente hablando. En mi opinión, sale airosa a medias.
Está secamente partida en dos, como la vida de su protagonista. Y utiliza un formato muy particular para su parte inicial: blanco y negro, cámara fija guardando las distancias y una interminable voz en off masculina, de alguien no perteneciente a la historia. Esa voz es sin duda un elemento que marca a fuego la forma de la peli. Le imprime una frialdad y un sello tan característico como, a mi entender, innecesario. No sé qué es lo que pretendía conseguir, pero es ciertamente erosionante para el espectador.
La segunda parte hace que la frialdad contenida de la primera explote a modo de paralelismo con la vida y el trauma de su protagonista. Más que notable trabajo de Aina Clotet, una actriz joven pero con visible experiencia. Lo que no acabo de entender es por qué la peli acaba donde acaba. ¿Hubo algun problema? Lo que su protagonista afronta opino que daba perfectamente para 10 min más en los que pudiesemos afrontar con igual verosimilitud la superación de ese proceso.
Así que notable en el fondo y muy interpretable en la forma. No por casualidad debió ganar el premio del jurado en San Sebastián 2010. Aunque ya hemos hablado de lo controvertidos que suelen ser los premios.
Lo que es una pena es que la estupidez y estrechez de miras de muchos seres humanos no les permita abrirse más a incluir ejercicios como éste para hacer algo tan recomendable como reflexionar y debatir con los tuyos. Y lo digo por energúmenos innombrables que escriben sandeces (que no son ni comentarios) que a buen seguro los retratan en su fondo, y espero que no en su forma.
PARA: abiertos a descubrir nuevos formatos
ABSTENERSE: consumidores exclusivos del formato fílmico convencional
Elisa K (2010), Judith Colell y Jordi Cadena
Una de las dicotomías que nunca ha dejado ni dejará de ocuparnos es la que se da entre fondo y forma. Para nada quiero dar a entender que exista un debate entre una y otra, entre una u otra. Evidentemente, lo ideal es que convivan lo máximo posible. Sin duda, las obras maestras siempre lo son por cómo combinan ambos aspectos. Para nuestra desgracia, vivimos una época en la que la forma lo es todo. Mientras que el fondo debe estar muy al fondo de nuestras preocupaciones, porque muchas veces brilla por su ausencia.
Ésta es una película arriesgada. Bastante arriesgada. Guión adaptado de su codirector y dirección de la actual vicepresidenta de la Academia de cine, se atreve a tocar un tema complejísimo, como la violación, siempre que se quiera tratar honestamente y sin efectismos. Y se arriesga doblemente al abordarlo de una forma poco convencional, cinematográficamente hablando. En mi opinión, sale airosa a medias.
Está secamente partida en dos, como la vida de su protagonista. Y utiliza un formato muy particular para su parte inicial: blanco y negro, cámara fija guardando las distancias y una interminable voz en off masculina, de alguien no perteneciente a la historia. Esa voz es sin duda un elemento que marca a fuego la forma de la peli. Le imprime una frialdad y un sello tan característico como, a mi entender, innecesario. No sé qué es lo que pretendía conseguir, pero es ciertamente erosionante para el espectador.
La segunda parte hace que la frialdad contenida de la primera explote a modo de paralelismo con la vida y el trauma de su protagonista. Más que notable trabajo de Aina Clotet, una actriz joven pero con visible experiencia. Lo que no acabo de entender es por qué la peli acaba donde acaba. ¿Hubo algun problema? Lo que su protagonista afronta opino que daba perfectamente para 10 min más en los que pudiesemos afrontar con igual verosimilitud la superación de ese proceso.
Así que notable en el fondo y muy interpretable en la forma. No por casualidad debió ganar el premio del jurado en San Sebastián 2010. Aunque ya hemos hablado de lo controvertidos que suelen ser los premios.
Lo que es una pena es que la estupidez y estrechez de miras de muchos seres humanos no les permita abrirse más a incluir ejercicios como éste para hacer algo tan recomendable como reflexionar y debatir con los tuyos. Y lo digo por energúmenos innombrables que escriben sandeces (que no son ni comentarios) que a buen seguro los retratan en su fondo, y espero que no en su forma.
PARA: abiertos a descubrir nuevos formatos
ABSTENERSE: consumidores exclusivos del formato fílmico convencional
miércoles, 28 de diciembre de 2011
Drive
Pre-estreno:
Drive (2011), Nicolas Winding Refn
Venir precedida de un premio tan importante como el del mejor director en el pasado festival de Cannes es una señora carta de presentación. Lo sospechoso era que el trailer desprendía un claro olor a cine comercial americano, aunque Cannes nunca le ha dado realmente la espalda que digamos. Lo que está claro (desde ahora y desde siempre) es que una cosa es el trailer y otra la peli. Y en esto los americanos son los indiscutibles reyes. Pero vamos de una vez a lo que cuenta.
El inicio es brillante. En 10 min, y sin que haya abierto casi la boca, sabemos perfectamente cómo es la vida de este protagonista sin nombre. Todo envuelto en buena música y un aire que enseguida asociamos más al buen cine indie que al de acción puro y duro. El guión contiene alguna de esas pequeñas perlas que, bien plantadas, nos anuncian lo que va a ocurrir sin que los diálogos lo indiquen específicamente.
Cine negro bien cosido. Pero tampoco especialmente original. Formado por piezas de un puzle que tenemos la impresión de haber completado ya anteriormente, pero eso no evita lo más mínimo que disfrutemos montándolo. Sobretodo en su segunda mitad. A partir del desencadenante y acelerador de la historia la cosa cambia, pues la primera mitad no está ni mucho menos a la altura de ese inicio prometedor. Asistimos a un buen thriller, cargado de todos los ingredientes que se le piden al género. O casi todos. No deja de sorprender que lo que más se eche en falta, precisamente en este caso, sea alguna escena más sobre ruedas. En eso nos deja algo frustrados, porque las que hay estan muy bien integradas en la historia, y te mantienen pegado a la butaca.
En fín, que se reconocen claramente huellas de Tarantino o de los Coen, pero el aroma es de Scorsese. Violencia, personajes oscuros, melancolía, descenso a los infiernos. Todos ellos elementos que nos traen recuerdos de algun clásico al volante del cine independiente americano. Y no precisamente de un glamuroso conductor de carreras, o de doblajes, sino (como ya habréis adivinado) de un inolvidable taxista.
PARA: incondicionales del cine negro
ABSTENERSE: meros perseguidores de cine de acción en la carretera
Drive (2011), Nicolas Winding Refn
Venir precedida de un premio tan importante como el del mejor director en el pasado festival de Cannes es una señora carta de presentación. Lo sospechoso era que el trailer desprendía un claro olor a cine comercial americano, aunque Cannes nunca le ha dado realmente la espalda que digamos. Lo que está claro (desde ahora y desde siempre) es que una cosa es el trailer y otra la peli. Y en esto los americanos son los indiscutibles reyes. Pero vamos de una vez a lo que cuenta.
El inicio es brillante. En 10 min, y sin que haya abierto casi la boca, sabemos perfectamente cómo es la vida de este protagonista sin nombre. Todo envuelto en buena música y un aire que enseguida asociamos más al buen cine indie que al de acción puro y duro. El guión contiene alguna de esas pequeñas perlas que, bien plantadas, nos anuncian lo que va a ocurrir sin que los diálogos lo indiquen específicamente.
Cine negro bien cosido. Pero tampoco especialmente original. Formado por piezas de un puzle que tenemos la impresión de haber completado ya anteriormente, pero eso no evita lo más mínimo que disfrutemos montándolo. Sobretodo en su segunda mitad. A partir del desencadenante y acelerador de la historia la cosa cambia, pues la primera mitad no está ni mucho menos a la altura de ese inicio prometedor. Asistimos a un buen thriller, cargado de todos los ingredientes que se le piden al género. O casi todos. No deja de sorprender que lo que más se eche en falta, precisamente en este caso, sea alguna escena más sobre ruedas. En eso nos deja algo frustrados, porque las que hay estan muy bien integradas en la historia, y te mantienen pegado a la butaca.
En fín, que se reconocen claramente huellas de Tarantino o de los Coen, pero el aroma es de Scorsese. Violencia, personajes oscuros, melancolía, descenso a los infiernos. Todos ellos elementos que nos traen recuerdos de algun clásico al volante del cine independiente americano. Y no precisamente de un glamuroso conductor de carreras, o de doblajes, sino (como ya habréis adivinado) de un inolvidable taxista.
PARA: incondicionales del cine negro
ABSTENERSE: meros perseguidores de cine de acción en la carretera
sábado, 5 de noviembre de 2011
La voz dormida
La voz dormida (2011), Benito Zambrano

Cuando nos reabren una ventana a episodios tan crudos de nuestro pasado siempre consiguen generar una sensación de infinito respeto hacia los miles y miles de personas que han tenido que sufrir para que hoy nosotros estemos aquí. Sea cual sea el drama humano, y se situe donde se situe, tanto temporal como geográficamente.
Y si, además, está bien producido e interpretado (en algunos casos) todavía es mayor el efecto. Muy interesante María león.
Pero dejando aparte ese punto, de lo que se trata aquí no es de hablar sobre nuestra historia sino sobre la película.
Benito Zambrano tenía sobrado crédito como para generar una expectativa, ganada sobradamente con Solas (1999), y menos (pero a mi me encantó) con Habana Blues (2005).
Sin embargo, cinematográficamente, he salido del cine algo decepcionado. Y digo "algo", porque la cuestión histórica por sí sola permite mantener un mínimo interés durante toda la película. El problema es que en clave de cine no aporta nada.
De entrada, carece de interrogantes que nos puedan generar interés en su avance. Podemos prever toda la peli desde el min 15.
La condensación de excesivos diálogos provocada por la esclavitud de querer reproducir el máximo contenido de la novela no deja respirar lo suficiente, ni a los personajes ni a la propia película. Con toda la carga dramática que la inunda, los personajes no llegan a tener la profundidad que deberían, y eso es un error. No puedo entender como alguien capaz de jugar con los silencios y las miradas de Solas, lo haya perdido 12 años después.
Aun así, no es lo más flojo de la peli. Sí lo es el tratamiento que se hace de todos los papeles que representan al bando "contrario". El público de hoy en día tiene la suficiente madurez como para digerirlos fílmicamente en su rol sin necesidad de entrar en estereotipos tan caricaturizados que, independientemente de nuestras creencias políticas, debemos admitir como rebajadores de la calidad de la pelicula. Y no digo que no existiesen en realidad. Estoy absolutamente convencido de que así fue, y en todas las guerras del mundo. Es la condición humana, desgraciadamente. Pero para verlos por enésima vez en una película... Aunque quizás eso se le pueda achacar a Dulce Chacón y no a Benito.

Cuando nos reabren una ventana a episodios tan crudos de nuestro pasado siempre consiguen generar una sensación de infinito respeto hacia los miles y miles de personas que han tenido que sufrir para que hoy nosotros estemos aquí. Sea cual sea el drama humano, y se situe donde se situe, tanto temporal como geográficamente.
Y si, además, está bien producido e interpretado (en algunos casos) todavía es mayor el efecto. Muy interesante María león.
Pero dejando aparte ese punto, de lo que se trata aquí no es de hablar sobre nuestra historia sino sobre la película.
Benito Zambrano tenía sobrado crédito como para generar una expectativa, ganada sobradamente con Solas (1999), y menos (pero a mi me encantó) con Habana Blues (2005).
Sin embargo, cinematográficamente, he salido del cine algo decepcionado. Y digo "algo", porque la cuestión histórica por sí sola permite mantener un mínimo interés durante toda la película. El problema es que en clave de cine no aporta nada.
De entrada, carece de interrogantes que nos puedan generar interés en su avance. Podemos prever toda la peli desde el min 15.
La condensación de excesivos diálogos provocada por la esclavitud de querer reproducir el máximo contenido de la novela no deja respirar lo suficiente, ni a los personajes ni a la propia película. Con toda la carga dramática que la inunda, los personajes no llegan a tener la profundidad que deberían, y eso es un error. No puedo entender como alguien capaz de jugar con los silencios y las miradas de Solas, lo haya perdido 12 años después.
Aun así, no es lo más flojo de la peli. Sí lo es el tratamiento que se hace de todos los papeles que representan al bando "contrario". El público de hoy en día tiene la suficiente madurez como para digerirlos fílmicamente en su rol sin necesidad de entrar en estereotipos tan caricaturizados que, independientemente de nuestras creencias políticas, debemos admitir como rebajadores de la calidad de la pelicula. Y no digo que no existiesen en realidad. Estoy absolutamente convencido de que así fue, y en todas las guerras del mundo. Es la condición humana, desgraciadamente. Pero para verlos por enésima vez en una película... Aunque quizás eso se le pueda achacar a Dulce Chacón y no a Benito.
viernes, 21 de octubre de 2011
No habrá paz para los malvados
No habrá paz para los malvados (2011), Enrique Urbizu
A lo mejor es que es mi género favorito, pero qué satisfacción el poder encontrar buen cine negro made in spain. Una auténtica vergüenza que se fuese de San Sebastian a dos velas. No puedo estar más de acuerdo con Carlos Pumares.
Hay varios aspectos dignos de destacar. Es obvio. No por ello vamos a dejar de ensalzar el papelón del señor Coronado. Es de esos papeles que elevan a los actores varios escalones por encima y los catapultan hacia el selecto grupo de memorables. Ya estaba bien en La caja 507 del mismo Urbizu. Pero es que en esta ocasión su rocambolesca caracterización y su madurez combinan a la perfección.
Quizás como contrapeso, su protagonismo es tal que deja algo cojos al resto de interpretes, lo que "desequilibra" algo la peli en ese aspecto. Aunque a mi me gusta Helena Miquel como juez.
En su conjunto la pelicula es más que sobria. Hay que celebrar que nuestro cine esté a esta altura.
Pero me quiero detener especialmente en lo mío: el guión.
Considero un infrecuente pero mayúsculo acierto el juego que nos presenta Urbizu. Sin querer desvelar nada, la acción entra a las primeras de cambio y nos sumerge velozmente en una trama que nos atrapa sin pestañear. Pero lo curioso, y ahí viene lo reseñable, es que manteniendo el mismo grupo de protagonistas la trama mute, casi sin darnos cuenta. Muta pero crece, y nuestro protagonista adquiere una nueva dimensión que, aun así, no cambia su inevitable destino.
Lástima que la precoz promesa de acción se diluya en el desarrollo el film. Demasiada paz quizás para los malvados. Se echa de menos más pólvora, más confrontación, aunque no esté teñida de rojo.
A lo mejor es que es mi género favorito, pero qué satisfacción el poder encontrar buen cine negro made in spain. Una auténtica vergüenza que se fuese de San Sebastian a dos velas. No puedo estar más de acuerdo con Carlos Pumares.
Hay varios aspectos dignos de destacar. Es obvio. No por ello vamos a dejar de ensalzar el papelón del señor Coronado. Es de esos papeles que elevan a los actores varios escalones por encima y los catapultan hacia el selecto grupo de memorables. Ya estaba bien en La caja 507 del mismo Urbizu. Pero es que en esta ocasión su rocambolesca caracterización y su madurez combinan a la perfección.
Quizás como contrapeso, su protagonismo es tal que deja algo cojos al resto de interpretes, lo que "desequilibra" algo la peli en ese aspecto. Aunque a mi me gusta Helena Miquel como juez.
En su conjunto la pelicula es más que sobria. Hay que celebrar que nuestro cine esté a esta altura.
Pero me quiero detener especialmente en lo mío: el guión.
Considero un infrecuente pero mayúsculo acierto el juego que nos presenta Urbizu. Sin querer desvelar nada, la acción entra a las primeras de cambio y nos sumerge velozmente en una trama que nos atrapa sin pestañear. Pero lo curioso, y ahí viene lo reseñable, es que manteniendo el mismo grupo de protagonistas la trama mute, casi sin darnos cuenta. Muta pero crece, y nuestro protagonista adquiere una nueva dimensión que, aun así, no cambia su inevitable destino.
Lástima que la precoz promesa de acción se diluya en el desarrollo el film. Demasiada paz quizás para los malvados. Se echa de menos más pólvora, más confrontación, aunque no esté teñida de rojo.
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