La noche más oscura (2012), Kathryn Bigelow
¿La gente piensa antes de ir al cine? Es una pregunta que pretende ser más profunda de lo que parece. Sin ir más lejos, ¿por qué es tan importante el fin de semana del estreno? Vale, es obvio, pero yo voy por otro lado. La promoción de una peli es la que calienta ese impulso bastante irreflexivo que todos tienen para decidirse por una peli. Eso, y elementos aislados que les interesen, como un actor o un tema. Pero el impulso funciona mucho. Luego hay otro "momento" de esos: cuando la peli es premiada. A lo que voy. Este film, de la oscarizada "ex" del oscarizado James Cameron, viene precedido de todo: super promoción, temazo, polémica y reconocimientos en nominaciones. Cocktail suficiente como para que muchos se atropellen hacia las salas... sin pensar.
Parece que quiera criticarla. Nada más lejos de la realidad. Me parece un pedazo peliculón. A quien critico es a los criticones... que piensan menos de lo que deberían. A lo que me refiero es al código de cine en el que la película se enmarca. No he oído pocos comentarios de espectadores desinflados tras verla, que la califican de "documental", "lenta" (mi adjetivo preferido), pesada, etc. Y yo sugiero: bastaría con haber pensado un poquito antes de ir. Entre manos, la historia de cómo se encontró y asesinó a Bin Laden. En otras palabras, todos los tejemanejes imaginables (y tb inimaginables) que el pais más poderoso del mundo utilizó durante 10 años para atrapar al enemigo público número 1 de occidente. ¿Qué se puede esperar? Reuniones, investigaciones, violencia, política, tecnología, diplomacia (por llamarla de alguna manera), operaciones militares, luchas internas, etc. Todo tratado con la aridad que le confiere al conjunto un olor muy realista. ¿Alguien esperaba un romance? ¿el terror de la noche de Halloween? ¿un thriller policiaco con Santos Trinidad? ¿Los vengadores? ¿Rambo?
Al acabar de verla pensé enseguida en otro megapeliculón que me juego el cuello qué más de uno de estos iluminados consideró lenta. Me refiero a Todos los hombres del presidente (1976), la cinta en la que Alan J.Pakula inmortalizó la caída de Nixon a manos de la sagaz pareja de periodistas del Washington Post. Las similitudes con esta peli son evidentes, puesto que conociendo el famoso desenlace hacia el que nos conduce, convierte en apasionantes los detalles sobre los que se fragua ese proceso, que obviamente no tienen chispa de cine comercial porque la chispa la pone su relevancia histórica. Cuánta verdad haya en la peli es harina de otro costal. Lo que estamos viendo es una película y como tal se la debe entender. No se le puede negar a esta señora la fina mano que tiene para la realización cuando entre manos hay un proyecto de esta envergadura. De directora de thrillers visuales como fue Le llaman Bodhi (1991) a experta en sacarle más que punta a conflictos bélicos más que delicados.
Mi último comment, como no, para super Jessica Chastain, que está realmente impresionante.
PARA: aficionados al cine político (con extensiones al terreno militar-bélico)
ABSTENERSE: cualquiera que espere género puro (thriller, terror, drama o el que prefiera)
La vida es un guión que unos leen y otros interpretan, pero que sólo tú escribes. Está en tu mano.
jueves, 7 de febrero de 2013
jueves, 24 de enero de 2013
Django desencadenado
Django desencadenado (2012), Quentin Tarantino
Cuando tus dos primeras peliculas son aclamadas mundialmente como obras maestras, es casi inevitable que tu carrera haya alcanzado ya su cúspide. Vistos sus posteriores trabajos, creo que Quentin ha escogido el camino cómodo, el de las historias sangrientas que tanto le divierten. Pero se ha olvidado del que le puso en el mapa para siempre: un ingenio envidiable, que no ha sabido igualar ... ni él mismo.
En mi modesta opinión, todo lo que ha venido después de Reservoir dogs (1992) y Pulp Fiction (1994) han sido bandazos con mayor o menor acierto. Casi 20 años en los que sólo se salvan Kill Bill (2003) y Malditos bastardos (2009). Por cierto, hay Kill Bill vol.3 a la vista.
Alguien que ha puesto el listón tan alto, se convierte en su propio enemigo. Django es un western que cumple con las máximas más puras del género y que incluye todos los ingredientes Tarantinescos: personajes llevados al límite, diálogos afilados, música que sólo él sabe encontrar, actores recuperados, humor macabro, acción y, como no, violencia desbordante bañada (literalmente) en charcos de sangre.
El problema es que la edad, la pereza o la combinación de factores que más os apetezca, le han hecho perder lo que le convirtió en único, no por pionero (porque nadie en el mundo ha sabido copiar como él) sino por su forma de combinarlo todo: estructuras imposibles en guiones de una originalidad apabullante.
Esa frescura brilla por su ausencia. Aun así, disfrutamos de selectos ingredientes que, como mínimo, compensan bastante el pago de la entrada. Sin la más mínima duda, tanto los 3 actores principales como su dirección a cargo de Tarantino, son una maravilla. Muy especialmente, un Christoph Waltz en estado de gracia. Aunque su acting recuerda demasiado al nazi de Malditos bastardos, está todavía tan suficientemente poco visto que es un espectáculo contemplarlo. Me atrevo a decir que él solo aguanta la mitad de la peli.
Una peli que se va, del todo injustificadamente, hasta más allá de las 2h30, y que incluye un lamentable cameo del propio Quentin, fatalmente caracterizado y metido con calzador. Caprichos de enfant terrible.
PARA: cualquiera que disfrute con el género, aun salpicado de los tics marca de la casa
ABSTENERSE: los que se sienten incómodos en la butaca con el chubasquero puesto
Cuando tus dos primeras peliculas son aclamadas mundialmente como obras maestras, es casi inevitable que tu carrera haya alcanzado ya su cúspide. Vistos sus posteriores trabajos, creo que Quentin ha escogido el camino cómodo, el de las historias sangrientas que tanto le divierten. Pero se ha olvidado del que le puso en el mapa para siempre: un ingenio envidiable, que no ha sabido igualar ... ni él mismo.
En mi modesta opinión, todo lo que ha venido después de Reservoir dogs (1992) y Pulp Fiction (1994) han sido bandazos con mayor o menor acierto. Casi 20 años en los que sólo se salvan Kill Bill (2003) y Malditos bastardos (2009). Por cierto, hay Kill Bill vol.3 a la vista.
Alguien que ha puesto el listón tan alto, se convierte en su propio enemigo. Django es un western que cumple con las máximas más puras del género y que incluye todos los ingredientes Tarantinescos: personajes llevados al límite, diálogos afilados, música que sólo él sabe encontrar, actores recuperados, humor macabro, acción y, como no, violencia desbordante bañada (literalmente) en charcos de sangre.
El problema es que la edad, la pereza o la combinación de factores que más os apetezca, le han hecho perder lo que le convirtió en único, no por pionero (porque nadie en el mundo ha sabido copiar como él) sino por su forma de combinarlo todo: estructuras imposibles en guiones de una originalidad apabullante.
Esa frescura brilla por su ausencia. Aun así, disfrutamos de selectos ingredientes que, como mínimo, compensan bastante el pago de la entrada. Sin la más mínima duda, tanto los 3 actores principales como su dirección a cargo de Tarantino, son una maravilla. Muy especialmente, un Christoph Waltz en estado de gracia. Aunque su acting recuerda demasiado al nazi de Malditos bastardos, está todavía tan suficientemente poco visto que es un espectáculo contemplarlo. Me atrevo a decir que él solo aguanta la mitad de la peli.
Una peli que se va, del todo injustificadamente, hasta más allá de las 2h30, y que incluye un lamentable cameo del propio Quentin, fatalmente caracterizado y metido con calzador. Caprichos de enfant terrible.
PARA: cualquiera que disfrute con el género, aun salpicado de los tics marca de la casa
ABSTENERSE: los que se sienten incómodos en la butaca con el chubasquero puesto
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jueves, 17 de enero de 2013
Amor
Amor (2012), Michael Haneke
Asistir a una peli de Haneke tiene un punto sadomasoquista, porque a estas alturas el señor ya se ha ganado a pulso la fama de narrador con un estilo que no hace la más mínima concesión al espectador. Si decidimos acudir voluntariamente es que nos apetece esa experiencia. Es decir, no podremos decir que no estábamos avisados, como les pasó a los espectadores de Un perro andaluz (1929), cuando Buñuel rasgó aquel famoso ojo (de vaca, por cierto).
Me faltan por ver varias de sus peliculas, pero me encantó la última, La cinta blanca (2009). Muy "suave" en lo visual comparándola con anteriores suyas, pero demoledora en lo que nos descubre. Pocos (no creo que haya nadie más) podrán presumir de haber ganado en Cannes con 2 películas consecutivas. Además, tb ha sido reconocida en los recientes Golden Globes y en las nominaciones a los Oscars.
La peli destaca por una finísima linea que separa lo desgarrador de lo conmovedor. Sin duda, sólo puede ser amor lo que mueve a una persona a permanecer incansablemente al pie del cañón, luchando contra la desintegración de la persona amada y, sobretodo, compañera durante toda una vida. Y en todo ello, el sobrecogedor climax, al final de la peli, juega un papel tan controvertido como la vida misma. Mejor no hablar mucho del mismo.
Pero Haneke no es esto. Una vez más, se nos plantea un eterno debate, como el que ya mencioné al comentar Elisa K (2010), entre el fondo y la forma. Este realizador elige un fondo que puede ser muchas cosas, pero desde luego no es nuevo en el cine. Un fondo cuya brutal carga dramática suele inflarse a bombo y platillo cuando se inmortaliza frente a una cámara. Y ahí es donde aparece Haneke para imprimir su sello personal. En una forma que, por encima de muchos otros calificativos, corta de raiz cualquier efectismo asociado con este arte en su versión más comercial. El film probablemente tenga como mayor virtud el hecho de que te olvides de que es eso, precisamente, lo que estás viendo. Y alrededor de este hecho, a mi me llamaron poderosamente la atención 2 aspectos.
El primero es la clase magistral de interpretación a la que asistimos y que explica de manera cristalina el porqué de su impresionante realismo. Ciertamente, es casi imposible actuar mejor. La pareja protagonista despliega un arte digno de constituir una referencia de esta profesión. Sin un gesto ni una mueca de más. Sin una sóla escena en la que la cruda realidad permita la explosión y el lucimiento del actor, pero sin dejarse en el camino ni una sola gota de sentimiento. Una fuerza serena que probablemente sólo son capaces de transmitir los actores entrados en edad. Mis mayores respetos para Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva, que por casualidad o no, ya protagonizó, hace ni más ni menos que 53 años, el clásico Hiroshima, mon amour (1959), áspero romance también con Amour en el título.
Y el segundo aspecto que me invadió al salir del cine fue preguntarme por las intenciones de Haneke. Como decía, es indudable su calidad para retratar una historia tan cruda como ésta durante dos horas entre las cuatro paredes de una casa, gracias al finísimo dominio que atesora del plano secuencia. Pero mi pregunta es ¿qué le motiva a que seamos espectadores de esta historia? De tan realista es paralizadora. Y no sé hasta qué punto necesitamos conocer los entresijos de un drama que, si no se ha vivido, es mejor no conocer y si se ha vivido es claramente mejor no recordar.
PARA: incondicionales del cine social hiperrealista
ABSTENERSE: alérgicos al cine dramón
Asistir a una peli de Haneke tiene un punto sadomasoquista, porque a estas alturas el señor ya se ha ganado a pulso la fama de narrador con un estilo que no hace la más mínima concesión al espectador. Si decidimos acudir voluntariamente es que nos apetece esa experiencia. Es decir, no podremos decir que no estábamos avisados, como les pasó a los espectadores de Un perro andaluz (1929), cuando Buñuel rasgó aquel famoso ojo (de vaca, por cierto).
Me faltan por ver varias de sus peliculas, pero me encantó la última, La cinta blanca (2009). Muy "suave" en lo visual comparándola con anteriores suyas, pero demoledora en lo que nos descubre. Pocos (no creo que haya nadie más) podrán presumir de haber ganado en Cannes con 2 películas consecutivas. Además, tb ha sido reconocida en los recientes Golden Globes y en las nominaciones a los Oscars.
La peli destaca por una finísima linea que separa lo desgarrador de lo conmovedor. Sin duda, sólo puede ser amor lo que mueve a una persona a permanecer incansablemente al pie del cañón, luchando contra la desintegración de la persona amada y, sobretodo, compañera durante toda una vida. Y en todo ello, el sobrecogedor climax, al final de la peli, juega un papel tan controvertido como la vida misma. Mejor no hablar mucho del mismo.
Pero Haneke no es esto. Una vez más, se nos plantea un eterno debate, como el que ya mencioné al comentar Elisa K (2010), entre el fondo y la forma. Este realizador elige un fondo que puede ser muchas cosas, pero desde luego no es nuevo en el cine. Un fondo cuya brutal carga dramática suele inflarse a bombo y platillo cuando se inmortaliza frente a una cámara. Y ahí es donde aparece Haneke para imprimir su sello personal. En una forma que, por encima de muchos otros calificativos, corta de raiz cualquier efectismo asociado con este arte en su versión más comercial. El film probablemente tenga como mayor virtud el hecho de que te olvides de que es eso, precisamente, lo que estás viendo. Y alrededor de este hecho, a mi me llamaron poderosamente la atención 2 aspectos.
El primero es la clase magistral de interpretación a la que asistimos y que explica de manera cristalina el porqué de su impresionante realismo. Ciertamente, es casi imposible actuar mejor. La pareja protagonista despliega un arte digno de constituir una referencia de esta profesión. Sin un gesto ni una mueca de más. Sin una sóla escena en la que la cruda realidad permita la explosión y el lucimiento del actor, pero sin dejarse en el camino ni una sola gota de sentimiento. Una fuerza serena que probablemente sólo son capaces de transmitir los actores entrados en edad. Mis mayores respetos para Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva, que por casualidad o no, ya protagonizó, hace ni más ni menos que 53 años, el clásico Hiroshima, mon amour (1959), áspero romance también con Amour en el título.
Y el segundo aspecto que me invadió al salir del cine fue preguntarme por las intenciones de Haneke. Como decía, es indudable su calidad para retratar una historia tan cruda como ésta durante dos horas entre las cuatro paredes de una casa, gracias al finísimo dominio que atesora del plano secuencia. Pero mi pregunta es ¿qué le motiva a que seamos espectadores de esta historia? De tan realista es paralizadora. Y no sé hasta qué punto necesitamos conocer los entresijos de un drama que, si no se ha vivido, es mejor no conocer y si se ha vivido es claramente mejor no recordar.
PARA: incondicionales del cine social hiperrealista
ABSTENERSE: alérgicos al cine dramón
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