Carlos (2010), Olivier Assayas
Me encantaría saber los entresijos del proyecto que dio lugar a esta película, convertida también en miniserie para la TV. Luego expongo el por qué. Presentada en Cannes 2010, expone una versión de su etapa como terrorista del venezolano Ilich Ramírez Sánchez, conocido mundialmente como Carlos, y desde 1994 cumpliendo cadena perpetua en Francia.
Si hay una cosa clara acerca de la vida de este mediático delincuente es, precisamente, que no está clara. Personaje de una complejísima identidad, ha dado lugar a ríos de tinta, teorías, hipótesis y leyendas urbanas que no han hecho otra cosa que incrementar el misterio sobre sus años de activista contra el "imperialismo occidental". El periódico británico The Guardian lo bautizó con el nombre de Chacal, al encontrarse entre sus pertenencias un ejemplar de la novela de Frederick Forsyth. Y me va que ni pintada la anécdota, porque mientras veía la peli en Filmin ya pensaba en la enorme distancia que separa a ésta y al peliculón basado en dicho libro que firmó Fred Zinemann en 1973. Ya le gustaría al incomprensible director de este film - de trayectoria discreta y con titulos como Paris, je t'aime (2006) - acercarse a la otra, aunque el personaje y los hechos no tengan nada que ver.
Centrándonos en ésta, remarco mi decepción ante el resultado obtenido partiendo de un reto como el de retratar a semejante personaje. El principal motivo es que en ningún momento, entre sus más de dos horas y media de duración, se profundiza verdaderamente en él. Parece mentira pero es así. Ningún tipo de estilo sugerente. Hechos y sólo hechos. No digo que no sean interesantes, dado el clima político de guerra fría durante las décadas de los 70 y los 80. Pero, resulta inverosímil que un guión cinematográfico que aborde esta figura no intente descifrar (aunque sea con ilimitada licencia para la ficción) cómo nacen, crecen, se desarrollan y evolucionan los motivos y la personalidad del citado protagonista.
Un dato sobre el guión refleja esa falta de savoir faire para provocar un mayor interés en el espectador sobre éste prófugo francés. Por un lado, apenas hay escenas en las que el susodicho aparezca sólo, en actitud reflexiva, o que revelen su pensamiento. Por otro, tampoco las hay casi en las que él no aparezca y se genere, mediante conversaciones de los relacionados con él, ese halo especial alrededor del hombre que tenía en vilo a varios países.
Por seguir con el guión, decide con una aburrida originalidad describir los hechos cronológicamente. No tengo nada en contra ante tan lícito recurso, ni mucho menos, pero a falta de profundidad en el dibujo del personaje podría al menos haber jugado más con la narrativa, cuando la historia, las numerosas localizaciones y los diversos personajes le daban ingredientes de sobra para ello.
Me han gustado detalles como la caracterización del protagonista durante los más de 20 años que cubre de su vida, punto que raras veces se aborda como merece en el cine. Y también la fidelidad a las numerosas lenguas habladas por el protagonista en la versión original.
Como decía en la primera frase, y observando el conjunto, el sabor final que me deja es de que haya gato encerrado: un director inapropiado, un guión burdo, muchos hechos omitidos y poca profundización en el protagonista. En un mundo tan hiperpolitizado como en el que vivimos, no me extrañaría nada que algo raro hubiese en su propósito.
Como anécdota final la breve carta que el verdadero Carlos escribió, ya desde la cárcel, al actor venezolano que lo encarna en la peli: contiene más chicha que el propio film.
PARA: interesados en repasar algunos de los conflictos oriente-occidente de finales del s.XX
ABSTENERSE: los que adoran el cine por lo que sugiere en lugar de por lo que muestra
La vida es un guión que unos leen y otros interpretan, pero que sólo tú escribes. Está en tu mano.
sábado, 25 de agosto de 2012
martes, 21 de agosto de 2012
El buen pastor
DVDteca:
El buen pastor (2006), Robert De Niro
El hecho de que un consumado (y casi consumido) actor como Robert De Niro se embarque en la dirección de un film no fue novedad. Ya lo hizo con Una historia del Bronx (1993) y con un muy digno resultado. Lo que me sorprendió fue que lo llevase a cabo con el registro escogido. Ignoro sus motivos. Lo que salta a la vista es que es una historia personal. Aquellas que se quieren contar porque a uno le apetece. El guión es del experimentado Eric Roth, que firma otros bastante parecidos a éste, unos mejores, como El dilema (1999), y otros no tan redondos, como Munich (2005), que guarda muchas similitudes con éste.
Pero insisto en que no acabo de entender el binomio que forman su director y la mencionada historia: la vida de uno de los edificadores de ese oscuro monstruo llamado C.I.A. Si a esto le añadimos una ambiciosa producción (basta con repasar el elenco de artistas que intervienen), y un metraje exagerado, el resultado huele a capricho.
Y lo de historia personal se hace evidente en el momento en que nos damos cuenta de que esta peli de espías, ambientada en su época de apogeo a mediados del siglo XX, no se abordará desde el ángulo habitual. En lugar de recurrir al imaginable género de thriller político, Robert se nos lanza a un drama intimista con el mencionado entorno como telón de fondo. Quizá le atraía indagar en las vidas de semejantes personajes, pero es evidente que el reto era mayúsculo si no pensaba aderezarlo convenientemente con un poquito más de tensión. La crisis de Cuba a principios de los 60 en la bahía de Cochinos es el enlace de una historia que nunca llega a atrapar.
Es inevitable compararla con la posterior El topo (2011). Y si tuviera que reducir a un sólo aspecto mi opinión sobre porqué creo que la cinta británica supera claramente a este intento de De Niro en la dirección, mencionaría el casting. Mientras en aquella todos están soberbiamente seleccionados y mejor interpretados (inolvidable Gary Oldman) en ésta no hay un sólo intérprete que empatice con este humilde espectador. Quizás sólo unos pocos, como John Turturro o Joe Pesci, aunque el de éste sea un papel de un minuto literalmente… y puede que también el propio personaje que se reserva el director, sólo un poco más extenso. El resto son todos caras bonitas del cine de hoy que no transmiten lo que deben. Empezando por un Matt Damon que hace lo que puede con este personaje sin alma por exigencias del guión y acabando con una Angelina Jolie que encaja en su papel como Miss Universo en un mercado de pescado. Claro que, todo sea dicho, el papel que le han escrito es tan inconsistente como vacío.
Con todo lo dicho, y siempre que dispongamos de más de dos horas y media de absoluta paz y tranquilidad, es un film que tampoco decepciona en su conjunto. Demasiados buenos ingredientes tenía en sus manos este reconocidísimo monaguillo, que no parece que pueda llegar a ser recordado como fraile (o pastor).
PARA: los siempre interesados en husmear en los entresijos del espionaje político
ABSTENERSE: los alérgicos a las películas que catalogan profesionalmente como "lentas"
El buen pastor (2006), Robert De Niro
El hecho de que un consumado (y casi consumido) actor como Robert De Niro se embarque en la dirección de un film no fue novedad. Ya lo hizo con Una historia del Bronx (1993) y con un muy digno resultado. Lo que me sorprendió fue que lo llevase a cabo con el registro escogido. Ignoro sus motivos. Lo que salta a la vista es que es una historia personal. Aquellas que se quieren contar porque a uno le apetece. El guión es del experimentado Eric Roth, que firma otros bastante parecidos a éste, unos mejores, como El dilema (1999), y otros no tan redondos, como Munich (2005), que guarda muchas similitudes con éste.
Pero insisto en que no acabo de entender el binomio que forman su director y la mencionada historia: la vida de uno de los edificadores de ese oscuro monstruo llamado C.I.A. Si a esto le añadimos una ambiciosa producción (basta con repasar el elenco de artistas que intervienen), y un metraje exagerado, el resultado huele a capricho.
Y lo de historia personal se hace evidente en el momento en que nos damos cuenta de que esta peli de espías, ambientada en su época de apogeo a mediados del siglo XX, no se abordará desde el ángulo habitual. En lugar de recurrir al imaginable género de thriller político, Robert se nos lanza a un drama intimista con el mencionado entorno como telón de fondo. Quizá le atraía indagar en las vidas de semejantes personajes, pero es evidente que el reto era mayúsculo si no pensaba aderezarlo convenientemente con un poquito más de tensión. La crisis de Cuba a principios de los 60 en la bahía de Cochinos es el enlace de una historia que nunca llega a atrapar.
Es inevitable compararla con la posterior El topo (2011). Y si tuviera que reducir a un sólo aspecto mi opinión sobre porqué creo que la cinta británica supera claramente a este intento de De Niro en la dirección, mencionaría el casting. Mientras en aquella todos están soberbiamente seleccionados y mejor interpretados (inolvidable Gary Oldman) en ésta no hay un sólo intérprete que empatice con este humilde espectador. Quizás sólo unos pocos, como John Turturro o Joe Pesci, aunque el de éste sea un papel de un minuto literalmente… y puede que también el propio personaje que se reserva el director, sólo un poco más extenso. El resto son todos caras bonitas del cine de hoy que no transmiten lo que deben. Empezando por un Matt Damon que hace lo que puede con este personaje sin alma por exigencias del guión y acabando con una Angelina Jolie que encaja en su papel como Miss Universo en un mercado de pescado. Claro que, todo sea dicho, el papel que le han escrito es tan inconsistente como vacío.
Con todo lo dicho, y siempre que dispongamos de más de dos horas y media de absoluta paz y tranquilidad, es un film que tampoco decepciona en su conjunto. Demasiados buenos ingredientes tenía en sus manos este reconocidísimo monaguillo, que no parece que pueda llegar a ser recordado como fraile (o pastor).
PARA: los siempre interesados en husmear en los entresijos del espionaje político
ABSTENERSE: los alérgicos a las películas que catalogan profesionalmente como "lentas"
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viernes, 17 de agosto de 2012
Prometheus
Cartelera:
Prometheus (2012), Ridley Scott
En el cine casi existen tantos gustos como peliculas hay. Pero hay algo que nunca cambia en un espectador cuando se dispone a ver una película. Lo admita o no, es indudable que, de una u otra manera, se parte de una expectativa. Y lo que constituye un reto mayor hoy en día es, precisamente, cumplir esas expectativas. En esta ocasión estamos ante un blockbuster sonado, anunciado y muy esperado por todos los fans de este especialista en sus orígenes en ciencia ficción de la buena, autor además del anuncio más famoso de la historia, sobre el Apple Macintosh.
Pues lo que me ha ofrecido es precisamente lo que me "promethía". Ni más, ni menos. Según se mire, esto puede significar una un reconocimiento o una crítica. Cada uno deberá juzgarlo en base a sus expectativas, pero está claro que ha cumplido en lo "fácil" y decepcionado en lo difícil: una buena historia. Eso sí, haciendo un repaso a la trayectoria de este director (amado y odiado) nadie podrá decir que se ha salido de su guión en lo que a su evolución se refiere: producto 100% scottiano, incluyendo en el término a su hermano Tony.
En mi caso, no salí ni impactado ni decepcionado, lo cual implica que disfruté con lo que iba a buscar, pero que tampoco me llevé conmigo ni una sola sorpresita estimulante. Buscaba y encontré, un despliegue impresionante de efectos especiales. Durante toda la peli asistimos a un carrusel de imágenes digitales en 3D, tecnología, bichos, artefactos, escenarios y demás que apabullan los sentidos. Puede no gustarte la ciencia ficción, pero debe reconocerse que el conjunto constituye verdaderamente un espectáculo visual. Me habría encantado ver lo que Stanley Kubrick hubiese podido hacer con todo ello.
Y como suele ocurrirle al señor Scott, ahí se aparcan las expectativas. Está claro que Alien (1979) sólo habrá uno. Da igual que hayan precuelas o secuelas. Lo que hacen falta son escuelas ... de guión. ¿Por qué rompernos el coco ideando nuevas historias si podemos casi fusilarlas añadiéndole efectos deslumbrantes por ordenador? 33 años después, el patrón de la mencionada cinta referencia de la ciencia ficción, que firmó el propio Ridley, se hace demasiado evidente durante el visionado, aunque parta de situaciones y planteamientos diferentes.
Nadie se preocupa de diseñar buenos personajes. Cada uno tiene su función en la historia como si fuesen peones de una fábrica. Noomi es imposible que pueda ser Sigourney. La percha de la Weaver imponía y se amoldaba bien a la fuerza del personaje. Sí es destacable el trabajo de un soberbio Fassbender como androide. Pero el papel de Charlize Theron sirve de analogía al de la peli: espectacular por fuera y vacía por dentro.
PARA: disfrutadores del nuevo cine espectáculo con aroma de revival de los 80
ABSTENERSE: los que no encuentran alicientes cuando la producción prima sobre el guión
Prometheus (2012), Ridley Scott
En el cine casi existen tantos gustos como peliculas hay. Pero hay algo que nunca cambia en un espectador cuando se dispone a ver una película. Lo admita o no, es indudable que, de una u otra manera, se parte de una expectativa. Y lo que constituye un reto mayor hoy en día es, precisamente, cumplir esas expectativas. En esta ocasión estamos ante un blockbuster sonado, anunciado y muy esperado por todos los fans de este especialista en sus orígenes en ciencia ficción de la buena, autor además del anuncio más famoso de la historia, sobre el Apple Macintosh.
Pues lo que me ha ofrecido es precisamente lo que me "promethía". Ni más, ni menos. Según se mire, esto puede significar una un reconocimiento o una crítica. Cada uno deberá juzgarlo en base a sus expectativas, pero está claro que ha cumplido en lo "fácil" y decepcionado en lo difícil: una buena historia. Eso sí, haciendo un repaso a la trayectoria de este director (amado y odiado) nadie podrá decir que se ha salido de su guión en lo que a su evolución se refiere: producto 100% scottiano, incluyendo en el término a su hermano Tony.
En mi caso, no salí ni impactado ni decepcionado, lo cual implica que disfruté con lo que iba a buscar, pero que tampoco me llevé conmigo ni una sola sorpresita estimulante. Buscaba y encontré, un despliegue impresionante de efectos especiales. Durante toda la peli asistimos a un carrusel de imágenes digitales en 3D, tecnología, bichos, artefactos, escenarios y demás que apabullan los sentidos. Puede no gustarte la ciencia ficción, pero debe reconocerse que el conjunto constituye verdaderamente un espectáculo visual. Me habría encantado ver lo que Stanley Kubrick hubiese podido hacer con todo ello.
Y como suele ocurrirle al señor Scott, ahí se aparcan las expectativas. Está claro que Alien (1979) sólo habrá uno. Da igual que hayan precuelas o secuelas. Lo que hacen falta son escuelas ... de guión. ¿Por qué rompernos el coco ideando nuevas historias si podemos casi fusilarlas añadiéndole efectos deslumbrantes por ordenador? 33 años después, el patrón de la mencionada cinta referencia de la ciencia ficción, que firmó el propio Ridley, se hace demasiado evidente durante el visionado, aunque parta de situaciones y planteamientos diferentes.
Nadie se preocupa de diseñar buenos personajes. Cada uno tiene su función en la historia como si fuesen peones de una fábrica. Noomi es imposible que pueda ser Sigourney. La percha de la Weaver imponía y se amoldaba bien a la fuerza del personaje. Sí es destacable el trabajo de un soberbio Fassbender como androide. Pero el papel de Charlize Theron sirve de analogía al de la peli: espectacular por fuera y vacía por dentro.
PARA: disfrutadores del nuevo cine espectáculo con aroma de revival de los 80
ABSTENERSE: los que no encuentran alicientes cuando la producción prima sobre el guión
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