martes, 14 de mayo de 2013

Efectos secundarios

Efectos secundarios (2013), Steven Soderbergh

Steven Soderbergh es, por encima de cualquier valoración sobre su trabajo, un privilegiado. Rodar más de un largometraje de media desde hace casi 30 años, a la edad de 50, es algo de lo que muy pocos pueden presumir. Pero uno de los retos de tan prolífica actividad es la de mantener el  prestigioso sello de autor. Y, sin duda, es merecido que él mantenga ese status cuando ha firmado el guión de 10 de esas obras, pero por los méritos de las últimas la cosa ya cambiaría. Más allá de la peli de culto que le lanzó a la fama, Sexo mentiras y cintas de video (1989), no se reconoce en el resto de sus guiones ningún éxito planetario, ni de público ni de crítica. El cambio de siglo le favoreció en el rol de realizador, con éxitos de crítica y público, como Erin Brockovich (2000) o Traffic (2000), y también con la comercial saga de Ocean's eleven (2001). Sin embargo, los últimos años confirman que se está especializando en vivir del pasado.
La peli de hoy es un buen ejemplo de su evolución. Por un lado, me llama mucho la atención la manera en que combina los ingredientes como realizador para cocinar un plato que lleva su sello. Sus películas acostumbran a caracterizarse por el ritmo. O, mejor aun, por el paso que llevan, dado que la palabra ritmo sugiere un tempo que llevaría a error.
Su estilo narrativo es especial. Amasa a los personajes. Bordea, precisamente, la falta de ritmo pero consigue salirse airoso siempre sobre la campana a medida que avanza el film. Para ello, en esta ocasión, abusa quizás un pelo de los acordes musicales como subrayadores de la acción (o la falta de la misma).
Se puede decir que es un buen constructor de atmósferas. En esta ocasión vuelve a manejar un tema controvertido como el de los fármacos y su modo de comercialización, como ya hizo antes con asuntos como las drogas, las pandemias o los abusos de las multinacionales.
Pero mencionaba lo de su evolución porque, más allá de la forma, sigue faltando algo más propio del fondo: el guión o el equilibrio de una historia. Soderbergh repite con el guionista con el que ya firmó Contagio (2011). Su primer y segundo acto mantienen (a su estilo) el crescendo que podamos pedirle a este tipo de thrillers.
En cuanto a las interpretaciones, destaca Rooney Mara en el papel de la atormentada Emily. Sin embargo, los más conocidos, Jude Law y Catherine Zeta-Jones, pasan más sin pena ni gloria. No tengo nada en contra del actor británico, pero creo sinceramente que le funcionan muchísimo mejor los papeles más enigmáticos y sutiles.
Donde el film pierde la oportunidad de ser notable es en su tercer acto. Esa atmósfera de la que hablaba, con el oscuro mundo de la introducción de determinados fármacos en el mercado, acaba sucumbiendo ante el tópico desenlace de buenos y malos que hemos visto en innumerables ocasiones. Una lástima. Esperemos que pronto recupere su senda. A ese ritmo al que incorpora títulos a su filmografía y con el talento que tiene no debería tardar.

PARA: espectadores acomodados a fórmulas de contrastada rentabilidad
ABSTENERSE: pacientes en la sala de espera del resurgimiento de este director

martes, 7 de mayo de 2013

Tesis sobre un homicidio

Tesis sobre un homicidio (2013), Hernán Goldfrid


Bueno, después de varias semanas liado con otros asuntos vuelvo a la actividad bloguera. Os prometo una peli semanal :-)

Tenía ganas de ver esta peli. Por mucha experiencia que tengamos en ver cine (que absolutamente nunca será suficiente) solemos caer a menudo en la trampa del titulín "De los productores de...". Y en esta ocasión caí con las dos patas. Comparar El secreto de sus ojos con esto es ofensivo.
La película tiene dos cosas, ni una más. Una factura muy digna y un actor que mantiene su atractivo con la pantalla y que es el gancho indiscutible del film. Todo lo demás suspende. Es decir, no hay nada más que pueda calificarse mínimamente de interesante.
Ignoro cuáles hayan podido ser los entresijos de la producción. Si los productores han metido más o menos baza, si la adaptación de la novela original es más o menos fiel, o si el director tiene mejor o peor prensa por lo hecho hasta ahora. Pero lo que no puedo evitar es hacer responsable a éste último de un resultado que no se aguanta por ningún lado.
El guión es débil, repetitivo, plagado de tópicos, inconsistente y falto de la más mínima personalidad. Está plagado de referencias al género cosidas con tal mala gracia que en algunos momentos provocan vergüenza ajena. El dibujo de los personajes está tan inexplicablemente descuidado que los productores de la aclamada y mencionada película de Campanella se han puesto en evidencia. Salta a la vista que debieron topar con aquel proyecto y se encontraron un éxito que demuestran no tener ni idea de replicar. Las interpretaciones de Alberto Ammann y del resto de secundarios no es que sean discretas (que lo son, más en los jóvenes que en el resto) sino que la peli no les da la más mínima oportunidad de explotarlas.
Por hacer alusión a la palabra "Tesis" del título, más les valdría echar un ojo a la maestría con la que un chaval de 23 años rodó hace casi 20 años una peli que le da sopas con honda en el arte de jugar con la inocencia o culpabilidad de un personaje.
Vivimos días tan complicados que uno e los objetivos que mucha gente se propone para poder despuntar es atreverse a ir más allá de la tan deseada originalidad. Algunos, como Risto Mejide, defienden que si tus opiniones no provocan y/o no agitan conciencias no estás transmitiendo nada, porque nada recordarán de los que hayas dicho. En el caso que nos ocupa, además, decidieron ser originales con un final, para el que me cuesta encontrarle adjetivo sin desmerecer al adjetivo mismo.

PARA: ingenuos que (como yo) caigan en la trampa "De los productores de..."
ABSTENERSE: cualquiera que no quiera manchar la imborrable huella de cualquier buen thriller

jueves, 7 de febrero de 2013

La noche más oscura

La noche más oscura (2012), Kathryn Bigelow

¿La gente piensa antes de ir al cine? Es una pregunta que pretende ser más profunda de lo que parece. Sin ir más lejos, ¿por qué es tan importante el fin de semana del estreno? Vale, es obvio, pero yo voy por otro lado. La promoción de una peli es la que calienta ese impulso bastante irreflexivo que todos tienen para decidirse por una peli. Eso, y elementos aislados que les interesen, como un actor o un tema. Pero el impulso funciona mucho. Luego hay otro "momento" de esos: cuando la peli es premiada. A lo que voy. Este film, de la oscarizada "ex" del oscarizado James Cameron, viene precedido de todo: super promoción, temazo, polémica y reconocimientos en nominaciones. Cocktail suficiente como para que muchos se atropellen hacia las salas... sin pensar.
Parece que quiera criticarla. Nada más lejos de la realidad. Me parece un pedazo peliculón. A quien critico es a los criticones... que piensan menos de lo que deberían. A lo que me refiero es al código de cine en el que la película se enmarca. No he oído pocos comentarios de espectadores desinflados tras verla, que la califican de "documental", "lenta" (mi adjetivo preferido), pesada, etc. Y yo sugiero: bastaría con haber pensado un poquito antes de ir. Entre manos, la historia de cómo se encontró y asesinó a Bin Laden. En otras palabras, todos los tejemanejes imaginables (y tb inimaginables) que el pais más poderoso del mundo utilizó durante 10 años para atrapar al enemigo público número 1 de occidente. ¿Qué se puede esperar? Reuniones, investigaciones, violencia, política, tecnología, diplomacia (por llamarla de alguna manera), operaciones militares, luchas internas, etc. Todo tratado con la aridad que le confiere al conjunto un olor muy realista. ¿Alguien esperaba un romance? ¿el terror de la noche de Halloween? ¿un thriller policiaco con Santos Trinidad? ¿Los vengadores? ¿Rambo?
Al acabar de verla pensé enseguida en otro megapeliculón que me juego el cuello qué más de uno de estos iluminados consideró lenta. Me refiero a Todos los hombres del presidente (1976), la cinta en la que Alan J.Pakula inmortalizó la caída de Nixon a manos de la sagaz pareja de periodistas del Washington Post. Las similitudes con esta peli son evidentes, puesto que conociendo el famoso desenlace hacia el que nos conduce, convierte en apasionantes los detalles sobre los que se fragua ese proceso, que obviamente no tienen chispa de cine comercial porque la chispa la pone su relevancia histórica. Cuánta verdad haya en la peli es harina de otro costal. Lo que estamos viendo es una película y como tal se la debe entender. No se le puede negar a esta señora la fina mano que tiene para la realización cuando entre manos hay un proyecto de esta envergadura. De directora de thrillers visuales como fue Le llaman Bodhi (1991) a experta en sacarle más que punta a conflictos bélicos más que delicados.
Mi último comment, como no, para super Jessica Chastain, que está realmente impresionante.

PARA: aficionados al cine político (con extensiones al terreno militar-bélico)
ABSTENERSE: cualquiera que espere género puro (thriller, terror, drama o el que prefiera)