La vida es un guión que unos leen y otros interpretan, pero que sólo tú escribes. Está en tu mano.
lunes, 19 de noviembre de 2012
jueves, 15 de noviembre de 2012
En la casa
En la casa (2012), François Ozon
Había ganas de ver la ganadora del último y glamuroso festival de San Sebastian. Y la verdad es que no me ha defraudado en absoluto. Es la típica clase de peli que funciona cuando te sorprende. Pero en lugar de ir al cine como vamos a veces, sin expectativa alguna, acudí con el listón subidito. Ahí empieza el mérito que creo que, indudablemente, tiene de por sí.
Y es que los ingredientes no pueden ser más austeros: Un matrimonio, un alumno de él, y una familia. Una casa, un colegio y otra casa. El director y guionista adapta muy hábilmente para el cine una obra teatral de Juan Mayorga.
Pues con estas enclenques fichas de partida, Ozon nos construye un juego casero al que saca un partido envidiable. El guión es una delícia por como combina tantos elementos: saltos en el tiempo, voz en off, localizaciones y, especialmente, el solapamiento entre la historia que nos cuentan y la que hay dentro de la misma.
De entrada, nos atrapa gracias a una de las verdades más propias de la condición humana: somos unos cotillas. Sólo por las ganas de saber más nos subimos al carro de la historia. Pero, a medida que ésta avanza, aunque podamos adelantar por dónde pueden ir los tiros, nos acabamos viendo envueltos en una dimensión desconocida, o al menos imprevista. Algo que, de hecho, nos ocurre en la vida real: ¿cuántas de las cosas en las que pensamos son fruto de los hechos reales o son producto de nuestra imaginación?
Bajo otro enfoque, hablamos de la capacidad del cine para teletransportarnos sin nuestro control y mediante el influjo de la narrativa. Llega un punto de la película en el que uno se pregunta si está entendiendo lo que el autor le está exponiendo o si, por el contrario, está poniendo más cosecha propia de la cuenta. Vale, más de uno dirá que es esto mismo exactamente lo que pretende el arte. Sin embargo, la capacidad para evocar suele ser más rica cuanto mayor sea la abstracción o la inconcreción de la obra. ¿Tiene esta obra una lectura lineal e inequívoca? Sí, pero algo por dentro nos perturba provocándonos preguntas acerca de nuestras interpretaciones.
Por lo demás, los actores están mejor unos qué otros. Llama la atención el espléndido francés de Scott Thomas, las tablas de la veterana Emmanuelle Seigner (wow! 20 años ya de Lunas de hiel) y la buena elección del chaval protagonista (21 años de edad en la vida real), pero si la cinta funciona tan bien en su conjunto es gracias al super trabajo de Fabrice Luchini.
Por resumirla en una frase, diría que es un homenaje a las personas que no pueden evitar sentirse mucho más atraidos por el mundo imaginario que por el que nos ha tocado vivir... aunque por momentos se confundan.
PARA: los que prefieran arriesgarse a encontrar cine inteligente
ABSTENERSE: los que equiparen ese riesgo al del salto de Baumgartner pero sin paracaíadas
Había ganas de ver la ganadora del último y glamuroso festival de San Sebastian. Y la verdad es que no me ha defraudado en absoluto. Es la típica clase de peli que funciona cuando te sorprende. Pero en lugar de ir al cine como vamos a veces, sin expectativa alguna, acudí con el listón subidito. Ahí empieza el mérito que creo que, indudablemente, tiene de por sí.
Y es que los ingredientes no pueden ser más austeros: Un matrimonio, un alumno de él, y una familia. Una casa, un colegio y otra casa. El director y guionista adapta muy hábilmente para el cine una obra teatral de Juan Mayorga.
Pues con estas enclenques fichas de partida, Ozon nos construye un juego casero al que saca un partido envidiable. El guión es una delícia por como combina tantos elementos: saltos en el tiempo, voz en off, localizaciones y, especialmente, el solapamiento entre la historia que nos cuentan y la que hay dentro de la misma.
De entrada, nos atrapa gracias a una de las verdades más propias de la condición humana: somos unos cotillas. Sólo por las ganas de saber más nos subimos al carro de la historia. Pero, a medida que ésta avanza, aunque podamos adelantar por dónde pueden ir los tiros, nos acabamos viendo envueltos en una dimensión desconocida, o al menos imprevista. Algo que, de hecho, nos ocurre en la vida real: ¿cuántas de las cosas en las que pensamos son fruto de los hechos reales o son producto de nuestra imaginación?
Bajo otro enfoque, hablamos de la capacidad del cine para teletransportarnos sin nuestro control y mediante el influjo de la narrativa. Llega un punto de la película en el que uno se pregunta si está entendiendo lo que el autor le está exponiendo o si, por el contrario, está poniendo más cosecha propia de la cuenta. Vale, más de uno dirá que es esto mismo exactamente lo que pretende el arte. Sin embargo, la capacidad para evocar suele ser más rica cuanto mayor sea la abstracción o la inconcreción de la obra. ¿Tiene esta obra una lectura lineal e inequívoca? Sí, pero algo por dentro nos perturba provocándonos preguntas acerca de nuestras interpretaciones.
Por lo demás, los actores están mejor unos qué otros. Llama la atención el espléndido francés de Scott Thomas, las tablas de la veterana Emmanuelle Seigner (wow! 20 años ya de Lunas de hiel) y la buena elección del chaval protagonista (21 años de edad en la vida real), pero si la cinta funciona tan bien en su conjunto es gracias al super trabajo de Fabrice Luchini.
Por resumirla en una frase, diría que es un homenaje a las personas que no pueden evitar sentirse mucho más atraidos por el mundo imaginario que por el que nos ha tocado vivir... aunque por momentos se confundan.
PARA: los que prefieran arriesgarse a encontrar cine inteligente
ABSTENERSE: los que equiparen ese riesgo al del salto de Baumgartner pero sin paracaíadas
sábado, 20 de octubre de 2012
Looper
Estrenos:
Looper (2012), Rian Johnson
Tan infinito como el espacio en sí mismo, el tema del viaje en el tiempo sigue (y seguirá) dando numerosas películas. Lo que es inevitable es que cada vez resulte más complicado ser, o parecer, original. No voy a entrar en la premisa de esta peli, aunque se desvela en su primer minuto, gracias al recurso de la voz en off. El buen cine debe evitar ser tan explicativo nada más abrir el telón, pero la singularidad de la ciencia ficción en ocasiones no deja alternativa por la complejidad del universo en el que se sitúa.
Todos aquellos elementos que cualquiera pueda imaginar en el cine de ciencia ficción futurista están en este film: escenarios vanguardistas, una sociedad con nuevas reglas, mutantes, tecnología punta, etc. Y lo están con un destacable acierto que revela una conciencuda intención de transmitir desde el principio que se pretende ir "en serio". Avanzado el film el director y guionista del mismo nos demuestra que efectivamente era así. Pero para ello ha debido recurrir al pilar de los pilares, que distingue a las buenas pelis de ciencia ficción de las pelis con mucho ruido y pocas nueces: un guión que da dimensión a sus personajes. En mi comentario sobre la deficiente In Time (2011) ya lo mencioné y me hice cruces de que la misma fuese, incomprensiblemente, obra del mismo creador que la imprescindible Gattaca (1997).
En esta ocasión, Johnson ha sabido moldear el trío de personajes principales, formado por Joseph Gordon-Levitt, Bruce Willis y Emily Blunt, alrededor de un factor que nunca se ha tratado lo suficientemente en profundidad en esta subcategoría del género que son los viajes en el tiempo. Me refiero a la gestión de las emociones provocadas por la opción de cambiar nuestro destino: ¿voy a ganar necesariamente retocando mi presente en función de mis nuevos datos sobre mi futuro? ¿debo entender mi vida actual como mi única vida posible? ¿somos prisioneros del pasado?
Aun hay otro elemento en el que el reto de la compleja trama sale victorioso: un sobresaliente niño. El chaval es el encargado de añadir al film unas agradecidas y bien medidas gotas de humor que adornan su conseguida interpretación, imprescindible para cerrar el loop de la peli.
Y como ocurre en tantas ocasiones ante este subgénero tan particular, la sensación que a uno le queda al final es que resulta necesario volver a verla.
PARA: aficionados a los puzzles rompecabezas en una pantalla en lugar de en una mesa
ABSTENERSE: los que se pierden en un pasillo
Looper (2012), Rian Johnson
Tan infinito como el espacio en sí mismo, el tema del viaje en el tiempo sigue (y seguirá) dando numerosas películas. Lo que es inevitable es que cada vez resulte más complicado ser, o parecer, original. No voy a entrar en la premisa de esta peli, aunque se desvela en su primer minuto, gracias al recurso de la voz en off. El buen cine debe evitar ser tan explicativo nada más abrir el telón, pero la singularidad de la ciencia ficción en ocasiones no deja alternativa por la complejidad del universo en el que se sitúa.
Todos aquellos elementos que cualquiera pueda imaginar en el cine de ciencia ficción futurista están en este film: escenarios vanguardistas, una sociedad con nuevas reglas, mutantes, tecnología punta, etc. Y lo están con un destacable acierto que revela una conciencuda intención de transmitir desde el principio que se pretende ir "en serio". Avanzado el film el director y guionista del mismo nos demuestra que efectivamente era así. Pero para ello ha debido recurrir al pilar de los pilares, que distingue a las buenas pelis de ciencia ficción de las pelis con mucho ruido y pocas nueces: un guión que da dimensión a sus personajes. En mi comentario sobre la deficiente In Time (2011) ya lo mencioné y me hice cruces de que la misma fuese, incomprensiblemente, obra del mismo creador que la imprescindible Gattaca (1997).
En esta ocasión, Johnson ha sabido moldear el trío de personajes principales, formado por Joseph Gordon-Levitt, Bruce Willis y Emily Blunt, alrededor de un factor que nunca se ha tratado lo suficientemente en profundidad en esta subcategoría del género que son los viajes en el tiempo. Me refiero a la gestión de las emociones provocadas por la opción de cambiar nuestro destino: ¿voy a ganar necesariamente retocando mi presente en función de mis nuevos datos sobre mi futuro? ¿debo entender mi vida actual como mi única vida posible? ¿somos prisioneros del pasado?
Aun hay otro elemento en el que el reto de la compleja trama sale victorioso: un sobresaliente niño. El chaval es el encargado de añadir al film unas agradecidas y bien medidas gotas de humor que adornan su conseguida interpretación, imprescindible para cerrar el loop de la peli.
Y como ocurre en tantas ocasiones ante este subgénero tan particular, la sensación que a uno le queda al final es que resulta necesario volver a verla.
PARA: aficionados a los puzzles rompecabezas en una pantalla en lugar de en una mesa
ABSTENERSE: los que se pierden en un pasillo
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